domingo, 25 de diciembre de 2011

Afinidades electivas entre literatura, sociología y el autocorrector del Word


Tengo un especial cariño por la novela "El árbol de la ciencia" de Pío Baroja. Lo escribió a primeros del siglo XX (1911) un periodo al que dediqué tiempo años atrás, durante el Doctorado. El protagonista, Andrés Hurtado, agrupa en su quehacer, en su pensamiento, buena parte de las preocupaciones sociales del momento, incluyendo el incipiente interés científico-social característico de la época.

Hace unos días leí un artículo titulado "Afinidades electivas" entre literatura y sociología: el suicidio de Andrés Hurtado en el árbol de la ciencia como ejemplo de suicidio anómico" del profesor Francisco Fuster GarcíaMe recordó un par de cosas. Por un lado, el creciente interés por estudiar el fenómeno del suicidio en aquella época, que había popularizado el sociólogo Durkheim y sobre el que, curiosamente un año antes de la publicación de "El árbol de la ciencia", había ahondado Constancio Bernaldo de Quirós en "El doble suicidio por amor".

Por otro, el propio concepto de "afinidades electivas", extraido de una novela de Goethe escrita en 1809, y muy usada por los sociólogos. Con este concepto tuve un pequeño conflicto años atrás cuando el profesor Manuel José Rodríguez Caamaño me evaluó positivamente un trabajo de 5º de Sociología. No recuerdo la asignatura, tampoco sobre qué trataba el texto. Lo que sí recuerdo es que al escribir el concepto, al hilo de algo, debí de poner "afinidades olectivas" y el word en vez de subrayármelo en rojo como Dios manda, me lo transformó en "afinidades colectivas". Aquel profesor me debió de mirar mal, pero puedo prometer que no fui el responsable.

Claro, un par de años después me pasó algo peor. Un insensato me hizo Subdirector y responsable de personal en un centro de trabajo. Me tocaba sacar los cuadrantes mensuales. Yo debía escribir "Cristina" pero escribí "Critina". El simpático corrector del word me modificó por su propia cuenta y riesgo la palabra, y en vez de añadirme la "s", me cambió la "i" por una "e". En definitiva, colgué unos cuadrantes con una trabajadora llamada "Cretina". Otro compañero, que no me quería mal, me avisó a tiempo.

El artículo del profesor Francisco Fuster García lo podéis leer en el siguiente link:
http://e-spacio.uned.es/fez/eserv.php?pid=bibliuned:Epos-2009-25-5040&dsID=Documento.pdf



No hay comentarios:

Publicar un comentario