sábado, 24 de diciembre de 2011

Amor en un parque para mayores


Se llama Miguel y nació en un pueblo de Segovia. Tiene 78 años y una ilusión rebosante, que compensa la amargura de hombre viudo y los distintos dolores que se reparten de manera caprichosa por su anatomía. Calza un 39 de pie. Es bajito, pero es un hombre grande.

La joven dependienta de la tienda de ropa deportiva tiene más piercings que años, y está impresionada con la petición del primer cliente de la mañana. Miguel decidió, la tarde anterior, que necesitaba unas deportivas. Se fijó en un grupo de chicos que salían de un instituto cercano y cuando entró a la tienda buscó el mismo modelo que el más llamativo de ellos. Nike air Max, con muelles. 150 euros, casi un cuarto de pensión, pero le merece la pena.

Camina a varios centímetros del suelo, nunca se sintió tan alto, despacio pero alegre. La camisa de rayas blancas y azules y los pantalones de lino grises contrastan exageradamente con el brillo de sus pies. Ha buscado una antigua gorra que disimule su calva y se siente guapo, moderno, atractivo.

En la calle Parque Eugenia de Montijo, en el distrito de Carabanchel, han puesto un parque para mayores, junto a otro de niños y varias pistas polideportivas. En el pórtico de entrada reza: “Zona de ejercicios. Siga las instrucciones de uso de los aparatos. Fabricante: Ortotecsa S.L. Teléfonos de interés: Emergencias 112 y Policía Municipal 092”. Tiene dos bancos de exterior, con pedales; en una marquesina, un panel de ejercicios con una escalera de dedos y una rueda de hombros; y en otro lado, un Step con resortes para que los ancianos puedan desarrollar sus ejercicios sin riesgo alguno.

Para Miguel, ese recinto no es solo su gimnasio al aire libre. Allí calienta en todos los ejercicios durante unos minutos. Se deja ver, digamos. Finalmente, escoge el segundo banco que, a las 11, ocupa fielmente Luisa, una anciana viuda de la zona, de pelo blanco, recogido, con una sonrisa encantadora y unos ojos azules que a Miguel le hacen temblar. Se ha vuelto a enamorar, cuando creía, desde años atrás,  que aquella etapa de su vida había culminado para siempre. Y quiere impresionarla. Con sus nuevas playeras, no resulta difícil. Pedaleando, no solo mantiene su estado físico, sino que entabla una amena conversación con ella. Se siente bien, con fuerzas, pero además, encuentra un espacio de relación en el que, de manera inintencionada, la encontró a ella.

Unos meses después, compartirán su vida, porque les queda mucho tiempo aún, porque en ese tiempo caben muchas ilusiones, y porque las ilusiones son sonrisas, palabras, nuevos sueños.

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