domingo, 25 de diciembre de 2011

El homicidio por compasión


Centro de acogida en Boecillo (Valladolid)

La noticia del centro de acogida de Boecillo en Valladolid resulta vomitiva. Hay pocas cosas más repulsivas que uno pueda encontrar en un periódico que la muerte de tres niños, de tres, nueve y catorce años, discapacitados y residiendo en un centro de acogida al cuidado de quienes precisamente deben de salvaguardar por su salud y ofrecerles aquello de lo que la vida les ha privado, y que su propia cuidadora opte por decidir por ellos, acabando con sus vidas. El valor o la habilidad que tuvo para los niños, desafortunadamente, no la ha tenido para sí misma.

Un centro de acogida concertado, gestionado por Mensajeros por la Paz, ONG que dirige el Padre Ángel, que hoy ha tenido que salir a dar una rueda de prensa para explicar lo inexplicable, dando cuenta de argumentos imposibles, que si cabe, enfurecen más a quienes nos duele la indefensión de esos niños que ya no existen. "La muerte de cualquier persona supone una gran pena y lloro, pero ante la de tres niños te quedas sin palabras y totalmente consternado"; "No ha habido negligencia alguna, sino un caso de locura, de mala suerte".  Ha acabado encomendándose a Dios.

No pongo en duda la trayectoria de la citada ONG, pero ante determinados sucesos, argumentos como los que han presentado no hacen sino incrementar la intensidad de arcadas que produce la noticia. La locura no va reñida con la mala suerte como dice este sacerdote. La locura uno piensa que es imprevisible, que surge de la nada, que acontece en cualquier instante y que puede pasarle a cualquiera. Falso. Absolutamente falso. Hay indicadores, hay raices, hay capacidad de observar cómo se puede llegar a una determinada conducta. Lo hace la ciencia, lo hace la psiquiatría, disciplina que no se lleva bien con encomendarse a Dios. No todos los locos son peligrosos, hay otros que creen no serlo y lo son mucho más.

Esto no es, además, un acto de mala suerte. La mala suerte es no encontrar plaza de aparcamiento, la mala suerte es pisar una mierda, la mala suerte es otra cosa. Igual que los niños no mueren en Somalia por mala suerte, estos niños del centro de acogida no han tenido mala suerte. El cupo lo tenían completo mucho antes que una cuidadora decidía matarles. 

El problema, ante un acto semejante, es encomendarse a Dios. Porque encomendándose a Dios, todo está permitido. Los islamistas radicales matan a otros y a sí mismos porque están convencidos de que les espera un destino mejor. Algunos católicos radicales parece que piensan igual, a pesar de atentar contra lo más sagrado que es la vida.   

El homicidio por compasión, que no sé bien por qué es homicidio y no asesinato porque suele haber premeditación, es la hipótesis de los investigadores. De siempre, esta tipología criminal se ha asociado a la eutanasia, a la eliminación del dolor de una persona adulta que sufre una dolencia irecuperable, y sobre la que la ciencia poco tiene ya que hacer. Es, en adultos, un atenuante moral porque en numerosas ocasiones solo viene a responder a la voluntad del paciente. La eutanasia está ahí, hay que debatirla, hay que ser valiente para legislar sobre ella. Y, precisamente, la oposición a su legalización se asienta en pilares religiosos.

Así que me preocupa enormemente que solo este caso de "locura" o "mala suerte" se quiera aplicar ese atenuante moral de "homicidio por compasión". Las circunstancias son distintas, las personas dañadas también. Si lo que se quiere explicar es que la asesina les ha matado porque pensaba que su vida sería dificilísima, y que muertos encontrarían otro lugar, entonces algún sector de la iglesia debería hacérselo mirar porque bien que no entienden cuando eso sucede en un suicida palestino o afgano y, por locura o mala suerte, a mi me da por pensar que determinados postulados religiosos acaban encontrándose de un modo despiadado, atroz, pero amigable.



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