domingo, 25 de diciembre de 2011

Hoy el 15m es menos 15m



Puede haber infiltrados entre los Mossos de las concentraciones de Barcelona, porque siempre los ha habido en todas las concentraciones, y porque eso no justifica que cuando algo malo ocurre en una, los únicos culpables sean ellos.

Puede estallar un petardo en una papelera en Palma, y casi todos pensar que lo han puesto otros y no los indignados, para crear un clima de violencia, para mostrar una mala cara en el movimiento. Pero ha estallado y una mujer ha sufrido un ataque de pánico.

Puede ser muy loable impedir un deshaucio, de los más de doscientos diarios, y elegirlo incluso al azar. Pero que los trabajadores de la oficina bancaria tengan que pasar miedo y cerrar sus puestas no es de recibo.

Se puede criticar duramente al alcalde de Madrid, y concentrarse donde va a tomar posesión, por considerar que representa un juego cuyas reglas están alteradas. Pero no se le puede perseguir a su casa, atosigar a los suyos en su espacio personal.

Hay ya, lamentablemente, más ejemplos.

Y da igual si son unos pocos los malos de entre una mayoría de buenos. En los políticos pasa al contrario, una mayoría de malos frente a una minoría de buenos. En cualquier caso, los riesgos de cabezas huecas entre el resto de cabezas pensantes, las improvisaciones en las concentraciones, y además la prensa que desea dar carpetazo a estas movilizaciones, han incrementado sus activos. Porque en estos días, además de todo lo bueno, no ha salido perjudicado únicamente el gran comerciante de Sol, sino gente que paseaba por la calle, que iba a su casa o a su lugar de trabajo.

Es el principio del fin de la legitimidad del movimiento si no se consigue parar a tiempo.


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