domingo, 25 de diciembre de 2011

Las nuevas agendas de la lucha contra el terrorismo


El 24 de noviembre de 1989, Abdulláh Azzam acudía en su coche a una mezquita de Peshawar, junto a sus dos hijos. Veinte kilos de TNT acabaron con la vida de los tres. Cuenta Lawrence Wright que horas antes Al-Zawahiri había estado propagando por la ciudad que Azzam estaba a sueldo de los norteamericanos. Azzam, fundador de La Base (Al Qaeda), era un clérigo palestino que se había instalado en Afganistán para organizar una suerte de resistencia ante la invasión soviética. Contó con multimillonarias donaciones, una en particular, la de Bin Laden, que se convirtió en una especie de hijo pródigo, y también con apoyo norteamericano.

Pero había otros, algunos de ellos egipcios, como el propio Al-Zawahiri, que venían con una larga trayectoria de violencia bajo el brazo, que habían financiado y organizado atentados contra los gobiernos de sus países, y que también habían sido represaliados y torturados en algunas cárceles. Al-Zawahiri era dirigente de Al Yihad, organización que estuvo detrás del asesinato de Sadat en 1981, estaba vinculado a Hermanos Musulmanes y mantuvo, desde un primer momento, propósitos más violentos, de Yihad Ofensiva (combatir a los infieles en sus propios territorios) frente a los de Azzam, que eran de Yihad Defensiva (buscaba la expulsión de los infieles de territorios musulmanes. Así, el terrorismo solo estaba justificado con estos objetivos). Esta disputa y la posterior evolución del discurso de Al Qaeda, están perfectamente explicadas en "La torre elevada", un libro tan bien documentado como claro, de fácil lectura, con el que Wright ganó el Premio Pulitzer.

Algo más de veinte años después, muerto Azzam y muerto Bin Laden, Al-Zawahiri ocupa la cabecera de una Al Qaeda dañada. Los Drones de Estados Unidos siguen buscándole, adentrándose en territorio pakistaní. Pero los tiempos han cambiado y las prioridades también.

Dice un informe de la policía española que Al Qaeda en el Magreb Islámico está coordinándose con otros grupos terroristas que actúan en África, al margen del influjo de las Primaveras Árabes, y de la creciente espiral de confrontación con el gobierno de Irán. Comentan que es preocupante en la medida que pueden estar articulando una agenda para atentar en Europa. Entre estos grupos (o subcontratas de Al Qaeda como escuché el otro día en Cadena Ser) está Al-Shabaad, que hace de su capa un sayo en Somalia, o la secta radical Boko Haram, además del MSF que atentó recientemente en Marruecos.

Estados Unidos, mientras se complica la existencia en Pakistán a pesar de su propósito claro de eliminar a los líderes restantes de la cúpula central de Al Qaeda, está deseando salir de Afganistán aun a riesgo de que los talibanes recuperen el país a medio plazo (se está aceptando el diálogo abierto con ellos). También quiere escabullirse de Iraq, su mayor fracaso y, mientras, trata de apuntalar Yemen, jugando a proteger a Saléh para debilitar a Al Qaeda en la Península Arábiga con el asesinato de su líder Al Awlaki, o al menos de garantizar una salida digna (sin responsabilidad sobre las matanzas) para que las revueltas sigan su curso mientras su Drones se mueven con libertad y controlan sus intereses en Arabia Saudí. El problema está en Irán y en Siria. Esa parece ser la nueva agenda, aunque siempre tienen varias. Y, entretanto, los Hermanos Musulmanes, con los que últimamente han mantenido conversaciones "cordiales", ganan las elecciones en Egipto seguidos de un partido Salafista, nada menos. Pero ahora ese parece ser, a pesar del sinsentido, un problema menor.

Y Francia, más agresiva que nunca, quiere tocar ahora todos los palos que no tocó en Iraq por intereses comerciales. Desbocado en Libia, ha decidido facilitar, con colaboración de todos, españoles incluidos, este país a Rebeldes que no ocultan de vez en cuando banderolas de Al Qaeda en la Tierra de los Dos Ríos (Iraq) en sus edificios públicos. Desde hace meses, se sabe que una parte del arsenal de Gadafi lo reparten los rebeldes a AQMI por el Sur del País. El rearme de esta organización en Niger y Malí, que a menudo vive de secuestros rentables, parece estar financiado por Occidente.

Y esto es lo curioso. Estados Unidos ahora está dispuesto a hablar con los talibanes, incluso parece encantado de la vida con el triunfo de los Hermanos Musulmanes en Egipto. Europa, por defender intereses económicos, permite que AQMI se vaya rearmando, y ahora se alarma de las conexiones que puedan tener en Somalia o Nigeria. Temen nuevas bombas en suelo europeo. Eso sí, miran con indiferencia las banderas de Al Qaeda que ellos mismos han contribuido a poner en algunos lugares de la Libia "liberada" donde se aplica la Sharia.

En definitiva, la geopolítica mundial ha variado sustancialmente. Al Qaeda es un problema pero no tanto, hay otras prioridades. Sin embargo, cada uno sigue a lo suyo, acumula razones para hacer su guerra y, mientras todos juegan sus partidas de ajedrez, el riesgo de las bombas, secuestros o ataques se mantiene. Cuando la policía se preocupa, yo también.

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