sábado, 24 de diciembre de 2011

Mi estómago


Tengo un estómago egocéntrico y caprichoso. Cada uno tiene una parte de su cuerpo especialmente maniática y porculera. Los pies, las almorranas, el sudor, lo que sea. La mía es mi estómago.

Cuando me pongo nerviosa, me duele el estómago. Cuando como algo fuerte, me duele el estómago. Incluso cuando como algo normal, a veces me duele el estómago. Todo mi mundo pasa por mi estómago. Es, sin lugar a dudas, el centro neurálgico de mi biología.

Mi estómago es como tener un coche malo, muy malo, y además asumir que me tocará conducirlo todos los días. Si salta el sensor de aparcamiento, se cala; si pierde aceite, se cala; si la presión de los neumáticos está baja, se cala; si me quedo sin líquido limpia-parabrisas, también se cala. Así que esté donde esté, vaya donde vaya, sea urgente o importante lo que tenga que hacer, en todo momento me puedo quedar en la cuneta de cualquier carretera.

Mi estómago es parte de mi personalidad. Me reclama tiempo y se lo tengo que prestar. Ya sea mi cumpleaños, la noche de Reyes o un día de examen en la Universidad, si mi estómago se empeña, tendré que dedicarle mi tiempo y compartir su dolor.

Para algunos, soy una chica rubia, relativamente delgada, con dos ojos, nariz, una boca bonita, simpática, amiga de sus amigos, cariñosa,… ¡Tonterías! Yo me veo como un estómago con patas, manos y cara. Pero no voy a dramatizar. Mi estómago y yo nos llevamos bien, nos soportamos. Y, por si acaso, me he echado un novio mecánico.
Para Carol.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada