domingo, 25 de diciembre de 2011

¿Para qué matar a Bin Laden?


Un tipo delgado, de 54 años, con problemas renales, desarmado, parece un blanco fácil para los Seals. Se le reduce, se le ponen unas bridas, se le encapucha y al helicóptero, ¿No?. Al final, reducirles con bridas parece que es lo que hicieron con el resto de familiares y con los dueños de la mansión, incluyendo a varios niños entre 2 y 12 años. ¿Qué sentido, pues, podría tener matarlo?

Pensemos en las ventajas e inconvenientes de haberle cogido con vida, aunque nos falte mucho por saber aún.

Como ventajas, sin duda la principal hubiera sido tener información de primera mano, que cantara, exponerlo al mundo como un acto de justicia, desarrollar un complejísimo proceso judicial para, después, con garantías o sin ellas, sentenciarle muy probablemente a la Pena de Muerte. Es decir, el proceso hubiera terminado en el mismo punto del camino. Y ese King Kong enjaulado y sacado a pasear no iba a escalar al Empire State.

Pensando en los inconvenientes, pues se me acaban ocurriendo tantos que, seguramente, en las mismas circunstancias o en el núcleo del poder de decisión sobre la operación, casi con toda seguridad hubiese tomado la misma.

- Primero, ¿Dónde le llevan? En una cárcel secreta es un peligro. La repercusión mundial del asunto, desde luego, llevaría a un rastreo mediático del lugar donde se encontrara que pondría en dificultades ese complejo sistema paralegal de los Estados Unidos. La solución más fiable, Guantánamo, con lo que Obama perdería el poco crédito que le quedara a ese respecto.

- Segundo, con casi toda probabilidad, se encendería una mecha peligrosa, en el radicalismo islamista, porque de ese modo el líder aislado, previsiblemente maltratado, cogería una aureola mucho mayor de mártir. Cuanto más Bin Laden, más riesgos. Si un medio de cualquier parte especula sobre posibles torturas, atentados en diez sitios distintos.  A medio plazo, cuando no a corto, el subidón preelectoral de Obama podría caer en picado. No interesa de cuerpo presente, está claro. Electoralmente, tampoco.

- Tercero, resulta difícil creer que Bin Laden cantara, salvo en un estado de semiinconsciencia tras haber pasado por decenas de ahogamientos simulados o "baños", que son los que han hecho cantar a otros. De ese modo, se obtendría tal vez información, más o menos precisa, pero seguramente los riesgos volverían a ser mayores. Si se queda en el baño, como le ha debido de pasar a muchos, entonces sí que el asunto se le escaparía de las manos al gobierno Obama. Por otra parte, la decena de ordenadores, memorias usb y demás que vajaron también en el helicóptero, pueden aportar mil veces más datos que la declaración de un torturado. Cuentas bancarias, enlaces, contactos, números, cosas que uno no se aprende de memoria, vaya.

En definitiva, que desde la lógica de la operación antiterrorista, me alisto al bando de los que piensan que el asesinato, sí, el asesinato de Bin Laden, era la opción menos mala. Pero cuidado, que si bien la calidad del personaje no da pie a que uno se apiade demasiado, tampoco hace falta ir sacando pecho por todas partes, como han hecho tontamente entusiasmados la mayor parte de nuestros dirigentes políticos.

Claro, si nos alejamos de la situación real y buscamos otras lógicas, más razonables, tal vez todo parezca una aberración. La sola imagen de niños de 2 a 12 años, maniatados, atados con bridas,  hasta que llegaron los militares pakistaníes me estremece, sean hijos de Bin Laden o del vecino de enfrente.  



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