domingo, 25 de diciembre de 2011

Un indigno con nombres y apellidos


"Su Dragoniana Majestad" ha decidido dar su opinión, porque tiene todo el derecho para hacerlo, porque ha leído tanto que puede estar seguro que saldrá del paso ante cualquier aprieto, y con ello enmascarará una patología indisimulable. Este orate de corona del Burguer King, que si fuera bueno tal vez podría tener cierto aire romántico, como el loco enamorado de la Cibeles de "A la sombra de un león" de Joaquín Sabina, sigue cobrando por hablar, por decir sus verdades, por soltar su mierda, incluso aunque esta sea reconocer su gusto por las niñas.

Vaya héroe. Está por encima de la vida y de la muerte, y su imbecilidad divierte, sobre todo a los de su palo.

Y se ríe, se ríe mucho de los tontos útiles, de los llorones malcriados que reivindican sus ideas, sus derechos, por las plazas de toda España. Y los compara, sibilinamente, con los camisas rojas, negras, pardas, grises y azules de los grandes dictadores de la historia. Y se cree gracioso. Y le pagan encima.

Hoy publica su última hazaña, le dan cuerda en un periódico de tirada nacional. A alguien que le atren las niñas de trece años, tal vez también le atraigan los insultos. Las orgias en ese palo de la sociedad española, con los antecedentes conocidos, deben de ser sencillamente asquerosas.

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