Un niño juega en la habitación que comparte con sus tres hermanos. Dos son más pequeños y, el otro, más mayor. En el colegio le han regalado pinturas y un cuaderno. Dibuja lo que se le ocurre.
Entra el hermano mayor:
- ¿Qué haces? -Dice.
-Estoy pintando- Responde.
El hermano mayor permanece de pie, observándole. Ejerce provisionalmente de padre. El suyo, el de verdad, hace días que no viene por casa. Pelea junto a los rebeldes para vencer al Régimen de Gadafi.
-¿Puedo hacerte una pregunta, hermano? -Dice el pequeño.
-Claro, dime.
-¿De quién son los aviones que algunos ratos vuelan por el cielo?
-De los aliados, hermano.
-¿Y quiénes son los aliados? -pregunta curioso.
-Nuestros amigos. Los que están ayudando a papá a luchar contra el Régimen. Inglaterra, Francia, los Estados Unidos, Catar, España y otros. ¿Quieres que dibujemos sus banderas? Yo me las sé...
El hermano mayor se sienta a su lado y le explica qué colores utilizar para pintar la bandera francesa. Una vez terminada, le explica que la de Estados Unidos e Inglaterra son más difíciles, así que mejor pintar la de España. Es fácil y bonita. Pasa la hoja del cuaderno y dedica toda una preciada página a los colores rojo, amarillo y rojo. Terminada la tarea, recorta las dos y las cuelga de la pared de su habitación. El pequeño, cuando se va a dormir, las fotografía con su mirada. Le dan seguridad. Ellos son, al fin y al cabo, los que están ayudando a papá.
Amanece y suenas las sirenas antes de que el niño salga de casa, en dirección a la Escuela. De repente, se escuchan fuertes estruendos, aterradoras explosiones cerca de su casa, en su propio barrio. Los hermanos y la madre se encierran en la habitación varias horas. Ella reza, para que ninguna de aquellas bombas alcance a cualquiera de sus hijos. Los abraza, como si eso, realmente, pudiera protegerles de las bombas de racimo que caen sobre Misrata. Pero el pequeño no tiene miedo. Mira las banderas que ha pintado y sabe que ellas serán las que les liberen de esa pesadilla, para ver regresar pronto a papá.
Al mediodía, las explosiones han cesado. Los niños salen por el barrio. Algún edificio arde, de otros sale humo. A lo lejos, alguien llora porque una bomba ha caído sobre su casa. El pequeño, con otros amigos, cotillea hasta llegar a la Escuela. Uno de los dos edificios de planta baja que componen las aulas ha quedado convertido en ruinas. En el patio hay gran socavón y, dentro, los restos de una bomba que destrozó aquel lugar de recreo.
Los chicos bajan y suben por el socavón. Resulta divertido. Junto a ellos quedan trozos de metales de las bombas de racimo arrojadas. El niño mira fijamente uno de ellos. Se queda paralizado. En uno de los metales hay una inscripción, como si fuera un mensaje que, por un momento, solo significa algo para él. dice: "Made in Spain", junto con una pequeña bandera como la que pintó ayer para sentirse protegido. No comprende nada.
Va corriendo a buscar a su hermano mayor para que lo vea. Este, sin palabras, inventa una excusa:
-Tal vez -Dice- cuando papá vuelva nos pueda explicar por qué quiénes nos protegen, venden armas al Régimen para que las arroje sobre nuestra Escuela. Seguro que tiene una explicación muy sencilla. No hay nada que temer.
El pequeño se queda tranquilo y, los dos, se abrazan. Sin embargo, piensan cosas distintas.
Ver, por ejemplo:
http://www.elmundo.es/elmundo/2011/04/15/internacional/1302891726.html
http://www.elpais.com/articulo/internacional/Gadafi/ataca/Misrata/bombas/racimo/fabricadas/Espana/2007/elpepuint/20110415elpepuint_11/Tes
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