domingo, 1 de enero de 2012

MUJERES ASESINADAS Y EL TRATAMIENTO AL MALTRATADOR


Imaginad por un segundo un conductor temerario al que, ante las primeras denuncias, un Juez impone una orden de alejamiento hacia su vehículo. Le prohíbe acercarse a él, volver a conducirlo. ¿Pensáis que eso elimina la posibilidad de que este conductor vuelve a poner en riesgo a alguien en otra carretera?

Ahora, disculpad el ejemplo.

La lacra de la violencia de género resulta vergonzante. Las cifras de muertos son escalofriantes. Todo lo que se haga, todo lo que se denuncie, todo lo que se fomente para combatirlo es necesario. No valen ambigüedades, tampoco en el lenguaje (Señora Ministra). Esto es muy serio, demasiado como para que sea un tema importante para la mayor parte de los políticos de este país. Y cuando digo la mayor parte, lo digo sabiendo que hay otros a los que sí les importa y mucho. 

A veces usamos dos varas para medir cosas parecidas y no nos damos cuenta. Por ejemplo, bajo mi punto de vista, usamos erróneamente el concepto "terrorismo machista" para referirnos a hechos aislados aunque con componentes parecidos. Lo decimos así para añadir dureza a una palabra que ya, de por sí, es muy dura (Violencia), pero también para exigir una respuesta institucional, punitiva, acorde a la gravedad del término terrorismo. Sin embargo, por otra parte, mucha gente que usa este concepto está dispuesta a otorgar medidas de gracia a otro tipo de "terroristas" que sí lo son por definición. Además, exigimos respuestas duras, política del miedo, represión en cierto modo, y sabemos de sobra que así no conseguiremos nada

Se dice "terrorismo machista" porque se da prioridad a una parcela de desigualdad social que origina la violencia hacia la mujer para evitar que alcance la igualdad. Que hay algo de eso, por supuesto. Pero ojalá resultara todo tan sencillo. 
¿Cómo es el maltratador? Sería más sencillo elaborar programas de tratamiento para evitar su reincidencia si partiéramos de la base de que son gente que actúa motivada unicamente por una "ideología" machista. Con independencia de que eso pueda estar presente, hay tres factores que bajo mi criterio tienen un peso específico:

1. Historial de violencia familiar (como víctima o testigo de malos tratos). Por tanto, aprendizaje de un modelo a lo largo de los años.

 2. Miedo al abandono, dependencia (inseguridad, etc.)

3. La justificación o la negación de los hechos cometidos por parte del entorno familiar o social. A veces es muy difícil explicar que un hijo, que un hermano, se comporta de una determinada manera y, en la dinámica familiar del agresor, de cara a la esfera social, se busca justificar o negar los hechos en base a una incoherente narración de acoso o mal comportamiento por parte de la víctima. Eso alimenta el proceso de victimización del agresor esta vez sí, tal y como sucede con los terroristas que alegan causas políticas o represión policial para dormir tranquilos y no pensar en lo inútil de sus crímenes.

Después, están los componentes psicológicos, el abuso de tóxicos, el agravamiento de determinadas situaciones, los acontecimientos estresantes en la pareja y, por supuesto, también la idea de una superioridad cultural, de un dominio del hombre sobre la mujer, que afecta también en todo el proceso. 

Los datos dicen que los programas de tratamiento son bastante efectivos, al menos los que se desarrollan en prisiones y que se presentaron hace unas semanas en la Universidad Autónoma de Madrid. Pero ese es el problema. La mayor parte de los programas de tratamiento se aplican sobre hechos consumados, por no decir todos. En España tienen posibilidades de participar en estos programas quienes han cometido hechos lo suficientemente graves como para haber ingresado en prisión. Tal vez lo hechos ya sean irreparables. Pero entonces, ¿Cuál es la prevención? ¿Únicamente policial? ¿Se va a basar en extender la idea de igualdad por todas las escuelas y capas sociales como base para reducir esta violencia? ¿Y mientras, cuántas nuevas víctimas vamos a contabilizar?

Porque recordar a las víctimas es una obligación, pero la exigencia es prevenir que existan nuevas. Y en eso falta aún mucho trabajo, incluso para quienes sí muestran interés real por estos temas. Se reclaman órdenes de alejamiento y medios para cumplirlas, y resulta que no son especialmente eficaces. Pero, es más, no ayudan a prevenir en absoluto nuevos hechos. Porque supongamos que ese maltratador desiste de agredir a su víctima por miedo a incumplir la orden. Da igual, porque el problema no es ese, el problema lo lleva en su mochila y se reproducirá con una próxima pareja. Evitamos una víctima concreta, pero dejamos a su suerte a las próximas

Tenemos que demandar que estos programas de tratamiento que sí están resultado efectivos no se desarrollen sobre hechos consumados, que se impongan desde el minuto 1, desde la primera denuncia, que suele ir parejo a la aplicación de una orden de alejamiento sin mayor exigencia sobre el agresor. Los jueces pueden hacerlo, pueden exigir el sometimiento a tratamientos de mayor o menos duración, donde los profesionales puedan evaluar realmente los riesgos e intentar (porque se trata de intentarlo por todos los medios) trabajar las carencias personales detectadas en los agresores para que aprendan formas alternativas de expresar o normalizar sus conductas. Y los políticos deben facilitar esos recursos, es una exigencia moral para ellos, tan grande como mantener los pisos para mujeres maltratadas que alguno quería cerrar hace poco. 


Afortunadamente, las mujeres no son coches, ni las relaciones de pareja carreteras por las que circular. Pero hay conductores a los que les da exactamente lo mismo a qué coche subirse, con tal de hacer lo que probablemente mejor hacen: conducir de forma temeraria poniendo en peligro al resto. Y si le retiran el carnet, le obligarán a dar clases de educación vial.  ¿No sería razonable hacer algo parecido con los maltratadores, antes de que esos patrones de conducta desemboquen en una desgracia más?

Por último. ¿Queréis ver cómo se ha introducido la cultura de la agresión machista como una gracieta popular? Pinchad aquí

4 comentarios:

  1. Son muchos los puntos controvertidos que tocas en su post. Voy a comentar algunos de ellos, veamos:
    • “Los datos dicen que los programas de tratamiento son bastante efectivos”. Pues realmente desconozco si existen esos datos. En todo caso serán de algún proyecto concreto en alguna prisión particular, pero nada concluyente y que abarque el conjunto de los programas que se están (o deberían estar) desarrollando en la prisiones españolas.
    • “La mayor parte de los programas de tratamiento se aplican sobre hechos consumados, por no decir todos”. En esto totalmente de acuerdo, pero no con que “En España tienen posibilidades de participar en estos programas quienes han cometido hechos lo suficientemente graves como para haber ingresado en prisión”. También existen (o deberán existir al menos) programas obligatorios para todos aquellos condenados por un delitos de los conocidos como de violencia de género a los que se le suspende la entrada en prisión, precisamente porque el delito no es o suficientemente grave como para merecer una pena superior a dos años (entre otros requisitos). Añado además que tampoco existen datos sobre cómo están funcionando estos programas extrapenitenciarios.

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  2. • “¿Cuál es la prevención?” Pues eso me gustaría a mi saber también.
    • ”Se reclaman órdenes de alejamiento y medios para cumplirlas, y resulta que no son especialmente eficaces” Bueno, aquí hay que matizar también ¿por qué dices que no son especialmente eficaces? ¿porque alguna de las mujeres muertas disponía de una medida o pena de alejamiento? Sí, esto es verdad pero no sabemos cuántas no han vuelto a ser molestadas por sus maltratadores gracias al alejamiento impuesto por un juez, así que no me atrevería a decir si son o no eficaces. Lo que está claro es que si en un maltratador ha nacido la idea de asesinar, un simple papel parece insuficiente para evitar tan trágico resultado. Aquí es donde entra en juego de nuevo la prevención que no debe provenir solo de la policía mediante un control más o menos exhaustivo de las situaciones relativas de víctima y victimario, si no también de la propia víctima y su entorno, adoptando las pautas de seguridad que su situación particular aconsejen. Pero claro, la policía tiene más o menos claro (y protocolarizado en función del nivel de riesgo de la víctima) qué tiene que hacer pero ¿quién enseña a la víctima cómo debe comportarse en su nueva realizada para minimizar los riesgos? Pues entre otros, los profesionales criminólogos que la atendemos en las Oficinas de Asistencia a Víctimas -al menos así lo hacemos en el Servicio de Asistencia a Víctimas en Andalucía (SAVA)-
    • En cuanto a tus reflexiones finales sobre que el maltratador lleva el problema “en su mochila y se reproducirá con una próxima pareja” tienes toda la razón. Por eso algunos pensamos que el tratamiento de los maltratadores es importante y no solo para los condenados, ingresen o no en prisión, si no para aquellos que de motu proprio o movido por presiones familiares o sociales se aperciben de problema de la violencia e intentan solicitar ayuda. Y digo intentan porque al menos aquí en Andalucía no podrían acudir a ningún servicio, recursos o programa especializado ya que no existen. Quedan pues totalmente desamparados junto con sus víctimas actuales y futuras que seguirán sufriendo su violencia sin control (de los impulsos, que es de lo que se trata).
    o En relación al tratamiento de los maltratadores hay toda una serie de prejuicios sobre su inutilidad, el peligro de dar a entender a la víctima que debe dar otra oportunidad al maltratador por si cambia o simplemente que la escasez de recursos existentes deben destinarse íntegramente a la asistencia a las víctimas y no a sus maltratadores (pasando por alto tus reflexiones finales sobre la utilidad del tratamiento para evitar futuras victimizaciones)
    • Finalmente una aclaración: “Los jueces pueden hacerlo, pueden exigir el sometimiento a tratamientos de mayor o menos duración, donde los profesionales puedan evaluar realmente los riesgos e intentar”. Esta afirmación no es cierta. Los jueces no pueden imponer el sometimiento a tratamiento salvo como alternativa a la entrada en prisión como ya comenté y para maltratadores ya condenados. En ningún caso como medida cautelar previa a la condena. Y no por nada, si no porque los jueces solo pueden adoptar aquellas medidas o incluso penas que están previamente establecidas en las leyes y no existe hasta donde yo sé tal previsión legal de recurso obligatorio a un tratamiento.

    Enhorabuena por la entrada, pero quizás deberías repasar qué es una orden de alejamiento (que no existe) frente a una orden de protección (que es lo que sí existe y es conveniente en violencia de género y doméstica). Seguro que de los que hablas es de una simple medida cautelar de alejamiento y algunas veces de una pena de alejamiento. Ninguna son los mismo, ni tiene las mismas funciones, alcance o contenido.

    Por último no comento nada de los pitbull y los cobras porque me da cosita.

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  3. Yo también quería hacer unos comentarios acerca de este post, puesto que trabajo con personas condenadas por delito de violencia de género a los que se les ha suspendido la pena de prisión (inferior a dos años) con la obligación de acudir a un Programa de Tratamiento.
    Primeramente decir que estoy totalmente de acuerdo con Fernando, no creo que exista la prevención es más, si les preguntamos a los adolescentes seguramente nos sorprendamos de los matices machistas que encontramos en sus relaciones de pareja. Esto me preocupa, ya que la violencia de género no solamente es agresión física, la violencia psicológica es mucho más potente: el aislamiento social, la desvalorización, humillación, etc. Todo esto viene potenciado por la idea de posesión del hombre hacia la mujer, que a día de hoy, lo creamos o no, aún existe y entre los adolescentes está muy arraigada.
    Es ahí donde en mi opinión se debe iniciar la prevención, en la educación. Sin dejar de lado la prevención en todos los ámbitos, por supuesto. Sin embargo, Fernando tiene razón, un Juez no puede imponer un tratamiento sólamente con la denuncia, sin ir más lejos por la presunción de inocencia. No se puede tratar a alguien sobre algo a lo que no está condenado por sentencia firme. Por lo que habría que buscar otras vías para la prevención, y sería tarea del criminólogo/a. ¿Por qué no se hace? Porque como digo siempre "para los malos no hay dinero" Con esto quiero decir que no está bien visto invertir dinero en personas que hacen actos de "maldad".
    Por último señalar a Fernando que en el Seminario de Violencia de Género realizado en la UAM sobre intervención judicial, policial y terapéutica con agresores sí dieron cifras sobre la eficacia de estos programas, ahora mismo no lo tengo delante pero si no recuerdo mal comentaban un 80% de no reincidencia. Sin embargo a esto añadían que la eficacia de estos programas era a corto plazo, es decir que no se sabía aún si a largo plazo los efectos continuarían, además de que tampoco era un dato real puesto que no se sabía si la no reincidencia era debido al tratamiento o a las consecuencias penales que habían padecido.
    Creo que no me queda nada más por comentar, gracias por tu post.
    Soraya

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  4. Muchas gracias por vuestras aportaciones y correcciones, que son muy necesarias. Como os comenté no soy experto en nada. Al referirme a datos, sí lo hacía aludiendo al estudio que la UAM presentó hace poco en Madrid en un seminario, a pesar de que, efectivamente, la No Reincidencia es algo a valorar a medio y largo plazo. Además, los datos de reincidencia o no siempre tienen un marcado cariz político para justificar la inversión hecha y hacerse la foto correspondiente.

    No dispongo de mucha información en adultos, pero sí en adolescentes, donde, en el marco de la Ley 5/2000, se andan aplicando algún que otro programa específico en alguna Comunidad. No se aplican órdenes de alejamiento sino Prohibición de acercamiento a la Víctima, cosa que, además, suele no concordar nada bien con la realidad del adolescente y su entorno familiar.

    En cualquiera de los casos, creo que hay algo coincidente en lo que comentáis: que la falta de recursos es evidente, y que la aplicación de programas a agresores es necesaria.

    Gracias a los dos.

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