miércoles, 25 de enero de 2012

CADENA PERPETUA MAL DISIMULADA


 La historia tiene estas cosas. La España del 2012 parece haber llegado a parecidas conclusiones que buena parte de los pensadores y juristas de primeros del siglo XX. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Gallardón pasa a la historia este año, pero por otras razones que las que hubiera deseado su ambicioso sueño olímpico.


Por partes. Muchos conocerán a Luis Jiménez de Asúa. Jurista nacido en 1889, formó parte del PSOE con la 2ª República. Con la Guerra marchó a Argentina, llegando a ser Presidente de la República en el exilio entre 1962 y 1970, año en el que murió. 



Luis Jiménez de Asúa se doctoró en la Universidad Central de Madrid con un trabajo titulado "La Sentencia Indeterminada" y publicado en 1914. La Sentencia Indeterminada es una propuesta progresista, que solicitaba una transformación del Código Penal para que sobre determinados criminales se aplicara una medida sin limitación de tiempo, con el único objetivo de lograr la resocialización del delincuente. Si se tardaban diez años, bien. Si eran treinta, bueno. Si no se rehabilitaba nunca, allí se quedaría hasta su muerte. 

Las ciencias sociales de finales del siglo XIX y principios del XX creyeron firmemente en que la aplicación de tratamientos sobre determinados criminales traerían consigo su total recuperación para la sociedad. Hermanados con la Psiquiatría de su tiempo, criminólogos y sociólogos se lanzaron a formular teorías que diesen explicación a los rápidos cambios que se sucedían en la sociedad. Alcoholismo, anarquismo, movimientos obreros, nacionalismo, industrialización, éxodo rural, etc. La Sentencia Indeterminada era una propuesta más, heredera de la tradición krausista, y modelada por un penólogo llamado Pedro Dorado Montero, muy vinculado a Unamuno. 

Pero estas teorías progresistas escondían un germen muy peligroso. Eran buenistas, ingenuas, aquellos hombres creían con firmeza en que así mejorarían la sociedad. Pero nuestra naturaleza Hobbesiana se encargó de dar la vuelta a la tortilla. Enseguida, algunos de ellos, como Lombroso o Garófalo, no tuvieron problema alguno en utilizar las herramientas de la ciencia para malvenderlas a los gobiernos y, así, poder decir, sin que les temblara el pulso, que las ideas anarquistas eran fruto de un tipo de enajenación. Todos al manicomio porque, por un lado, así se le quitaba romanticismo a aquellos postulados y, por otro, ya de paso los ingresaban en psiquiátricos privados que ellos o sus colegas gestionaban. Como curiosidad, uno de los que peor se vendió a este respecto en España fue Jaime Vera, cofundador del PSOE (quien quiera más información sobre esto solo tiene que pedírmela). Por no hablar de sociedades de Eugenesia, promovidas por "pensadores de izquierda", que querían, por ejemplo, esterilizar a determinadas clases populares para evitar que nacieran fetos con malas cargas hereditarias.

Este positivismo, este optimismo científico, junto con el sentimiento nacionalista resultado de la derrota en la Primera Guerra Mundial y la visión organicista del Estado, fueron dando los componentes idóneos al surgimiento del fascismo en Italia y del Nazismo en Alemania. 

Todo esto pasó. Hasta hoy, que encontramos una propuesta en el Parlamento del Ministro Gallardón, y anunciada en el Programa Electoral del PP, que quiere poner en marcha la Prisión Permanente Revisable para determinados supuestos y que recuerda muchísimo a la filosofía que andaba detrás de la Sentencia Indeterminada. ¿Qué significa eso exactamente? Hasta tener ocasión de verlo incluido en el Código Penal, nos quedamos con la descripción que ha hecho el Ministro: 
  • Se aplicará a casos restringidos que hayan causado alarma social, vinculados al terrorismo.
  • Trata de evitar que delincuentes no rehabilitados salgan de prisión y vuelvan a delinquir.
  • Se une a medidas similares que funcionan en otros países europeos.
  • Es incompatible con la Cadena Perpetua, porque es revisable.
Bien. Pensemos en un terrorista. ¿Quién determina si está rehabilitado? ¿Existen criterios objetivos para decidirlo? ¿Qué hace que un psicólogo, psiquiatra o sociólogo puedan valorar que un delincuente está reinsertado si no ha salido aún a la calle? ¿Cómo podrán asegurar que no volverá a hacerlo? ¿Habrán cambiado sus condiciones sociales si vuelven a retomar su vida en la calle?

Entonces vamos a la parte social. Un asesino de ETA escribe a su víctima, sale de banda, se arrepiente, estudia Teología y se alista a Nuevas Generaciones. ¿Significa eso que está rehabilitado? En absoluto. 

Aquí es donde esta medida entronca con la Sentencia Indeterminada. No podemos, hoy por hoy, dejar al arbitrio de las ciencias sociales, inexactas y subjetivas por definición, decisiones de tal calado. No significa esto que la opinión de los profesionales no deba de ser tomada en cuenta. En absoluto. Pero tampoco puede ser el eje vertebrador para interpretar una realidad que no existe en la medida que el preso no está en la calle, en su vecindario, con sus posibilidades económicas, con su entorno social. Y Gallardón no es tonto, pero se lo hace muy bien. El asunto es otro, a no ser que la parte revisable solo cobre sentido a partir, aproximadamente, de que el criminal vaya con tacataca, supere los noventa años y haya que cambiarle los pañales. Entonces, el informe que aconseje su libertad lo firmo hasta yo sin conocerle. ¿O es que queremos tener cárceles geriátricas?

Afortunadamente, a Gallardón no le ha quedado otro remedio que desistir de la inclusión de la denominada "Custodia de Seguridad", un despropósito jurídico que iba a convertir nuestras ya dañadas leyes en algo directamente arbitrario y vengativo. Y resulta que ni siquiera es eso lo que reza el Santo Grial de los conservadores (La Constitución). Pretendía poder retener durante diez años a gente que, habiendo cumplido su condena, no diera muestras de esa cosa llamada "rehabilitación". 

Sin embargo, la infamia del ciberactivismo, del desorden público, de meter miedo a quien escribe, critica, promueve movilizaciones o defiende acciones de desobediencia legítimas dadas las circunstancias, sí lo ha logrado. Una pena más para la democracia en este país y, al fin y al cabo, un motivo más para desear que cambie.  

Esta reforma, con su medida estrella, me parece propia de quien la ha planteado. Es efectista, es un brindis al sol, es populista, está alentada por determinada prensa. Además, deja la adopción de decisiones difíciles a generaciones que solo sabrán de Gallardón por una nefasta historia contemporánea. 

Porque, eso sí, Gallardón se ha ganado a pulso pasar a la historia como el Ministro que propuso la PP (Prisión Permanente) revisable o, lo que es lo mismo, llevar al Parlamento la idea de que la CPMD (Cadena Perpetua Mal Disimulada) volviera a nuestro país.

Gracias, Señor Ministro. 

2 comentarios:

  1. Además, te olvidas de una cosa; suponiendo que los psicólogos, trabajadores sociales, sociólogos y educadores de los centros penitenciarios fueran tan buenos que pudieran pronosticar la rehabilitación de un preso. ¿Lo podrán hacer cuando hay un psicólogo por cada 300 o 400 presos? No se puede legislar a golpe de dramatismo, y sobre todo si no hay un puto duro para dar soporte.

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  2. Muy Buen Blog !
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    Gracias !

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