viernes, 13 de abril de 2012

DEFRAUDADORES DEL MUNDO, UNÍOS EN ESPAÑA









Este Gobierno insiste en sorprender a medio mundo con su particular forma de expresar su patriotismo, sus deseos de que la marca "España" vuelva a ser algo de lo que sentirse orgulloso en el mundo. Si el antiguo Presidente del Gobierno, Aznar, contribuyó principalmente a lograr esa imagen a costa de fomentar la especulación, de malvender las empresas públicas rentables para después cobran suculentos sueldos cuando se retiren como asesores, y de alistarse innecesariamente a una Guerra que ha costado un millón de muertos, con tal de sentirse cerca de las grandes potencias, para mofa de los poderosos que veían en él al trepa tonto y torpe que todo el mundo ha conocido en las empresas, lo de Rajoy, en muy poco tiempo, lleva camino de alcanzar cotas inigualables.


Con tal de salvar un Costa Concordia a la deriva, están absolviendo a los Capitanes que se lucraron en la abundancia e hicieron maniobras temerarias, mientras exigen y aprietan más y más a todos los clientes,que ya no ciudadanos, y que pagaron el pasaje para no encontrar ahora botes salvavidas para todos. Unos nadan al borde de la hipotermia hacia la costa, sin casa, sin trabajo. Otros quedan atrapados dentro, sin posibilidad de salvación. Pero no pasa nada. Si se les ocurre protestar, entonces les agravaremos las penas para que ingresen en la cárcel y así canalizar las protestas sociales a su estilo. 


El vocal del Consejo General del Poder Judicial, José Manuel Gómez-Benítez lo ha explicado esta mañana en un artículo valiente y claro en el periódico "El País", que reproduciré a continuación. Ha dicho algo importante, en una entrevista posterior en radio. A día de hoy, entiende que cualquier denuncia de un ciudadano contra el Gobierno por su "Amnistía Fiscal" tendría base jurídica suficiente como para abrir un proceso por colaboración con el Blanqueo de Capitales


Porque si se pide que aflore el dinero negro para financiar las carencias del modelo económico y de la estafa continuada en la que nos han metido, todos los narcotraficantes del mundo tienen una oportunidad para su reinserción, para usar el Estado español como lavadora de ese dinero, a cambio de darle un tanto por ciento a las míseras arcas del país que este Gobierno dice patrióticamente defender. No olviden a las mafias de trata de blancas, a todo aquel que mueva dinero negro. No es solo para evasores de impuestos o para especuladores urbanísticos.  


Es, sencillamente, indigno. Tal vez, el acto más antipatriótico que se recuerda, sin que ello, por cierto, vaya a causarme a mí especial trauma. Pero su discurso no se sostiene. 


El Catedrático lo explica mucho mejor:

"EL PAÍS.

Blanqueo de capitales contra la crisis

La mal llamada amnistía fiscal no es solo una oferta de impunidad a bajo coste por la defraudación cometida, sino también una forma de blanquear el dinero del crimen, en general



Ayudar a introducir dinero negro en el circuito legal es un delito de blanqueo de capitales que puede ser penado con seis años de prisión. Las formas más graves son el blanqueo de bienes procedentes del narcotráfico, la corrupción y los delitos urbanísticos, pero es delictivo el de bienes procedentes de cualquier delito, incluso de la defraudación fiscal, aunque en este caso el dinero no proceda de ninguna actividad delictiva previa, según una interpretación discutible, pero consolidada en los tribunales. Así pues, la mal llamada amnistía fiscal no es solo una oferta de impunidad a bajo coste por la defraudación cometida, sino también una forma de blanquear el dinero del crimen, en general. El Gobierno ha pensado que es preferible esto, en vez de adoptar otras medidas para salir de la crisis especulativa que nos acosa, y, en consecuencia, se ha ofrecido a través del BOE y de la promesa pública de confidencialidad para blanquear el dinero de toda clase de delincuentes, no solo de los defraudadores fiscales —lo que indigna a quienes no lo son o no pueden, siquiera, serlo por ser tan solo trabajadores—, sino también de los narcotraficantes, políticos corruptos, traficantes de personas, de todos, porque la mal denominada amnistía fiscal no deja fuera a nadie, ya que tan solo exige que los que se acojan a ella identifiquen los bienes que afloran, y, a ser posible, añaden los ministros, traigan a España esos capitales desde los paraísos fiscales en los que se encuentran, muy probablemente en cualquiera de las filiales de los grandes bancos abiertas en todos los paraísos fiscales del mundo. Así que lo que el Gobierno ha aprobado y los ministros están prometiendo es que la Agencia Tributaria no va a indagar sobre el origen de los bienes que salgan a la superficie, es decir, que será una lavadora modélica del dinero sucio.
Sin trascender del mundo de lo que se ve de cerca y se toca y, por tanto, desde el lado de quienes soslayan la ética de lo que es justo como principio de organización social, se podría argumentar en contra que a los narcotraficantes, a los corruptos, a los que viven de la trata de personas no les interesa esta amnistía, aunque se les haya ofrecido, porque solo les garantiza impunidad frente a sus defraudaciones fiscales, algo que nunca les ha preocupado. Según esto, la amnistía fiscal es atractiva tan solo para quienes han ganado limpiamente el dinero, pero han tenido la “debilidad” de no cumplir con Hacienda. Los otros delincuentes no se arriesgarán a aflorar bienes que pueden poner sobre la pista de su origen y acabar con ellos en la cárcel. Frente a este discurso hay que decir que el desinterés hacia la amnistía fiscal de los delincuentes que no solo son defraudadores requeriría que la Agencia Tributaria estuviera dispuesta a indagar sobre el posible origen delictivo de los capitales aflorados. A la dificultad de estas hipotéticas investigaciones con el único dato de la identificación de los bienes aflorados, se une la que provoca la propia opacidad del color negro de este dinero, que, cuando se trata de cantidades importantes, suele estar a buen recaudo en cuentas no menos opacas en paraísos fiscales, cuya titularidad corresponde a personas o sociedades interpuestas sobre cuyos auténticos titulares nada se va a saber nunca jamás, porque nunca jamás van a querer los Gobiernos, ni los especuladores que desaparezcan estos paraísos, que prestan un buen servicio de alcantarillado. Así que cualquiera podría aflorar en España el dinero de no se sabe quién y de no se sabe qué lugar del mundo. Quienes han ofrecido la amnistía fiscal saben que sumergirse en el mundo del delito mancha, pero también que para que sea útil y no manche demasiado es imprescindible, una vez dentro, mirar hacia otro lado. Esto es lo que significa la promesa de confidencialidad que acompaña a la mal llamada amnistía fiscal.
José Manuel Gómez-Benítez es catedrático de Derecho Penal y vocal del Consejo General del Poder Judicial.

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