viernes, 20 de abril de 2012

LAS OPORTUNIDADES PERDIDAS

A lomos de una crisis mundial, de un déficit histórico, resultado de un derroche de las Administraciones y reconocido por sus culpables (aunque no se declaren responsables ni asuman las consecuencias) y de una agenda marcada por los terroristas del Neoliberalismo mundial, los ciudadanos de este país decidieron otorgar su confianza a un partido gregario del capitalismo, para contrarrestar una política ingenua y derechista del Partido turnista que había gobernado ocho años en España, jugando al infame juego de "Que no vea tu mano izquierda lo que hace la Derecha".


Ningún ciudadano puede, vistos los resultados, justificar su voto en que no sabían que este Gobierno llegaría tan lejos con el desmantelamiento del Estado de Bienestar. Que no lo hagan, que no mientan. Porque si no lo sabían, era porque estaban más pendientes de las travesías por el desierto neuronal que les ofrece la televisión, que las señales inequívocas que mandaban las Comunidades Autónomas en las que gobernaban. Aeropuertos sin aviones, miles de facturas sin pagar, casos de corrupción directamente asombrosos y recortes en educación, por poner algunos ejemplos.  


Y ahí empezó todo esto. Madrid ataca la educación y se articula un fuerte movimiento de oposición denominado "Marea Verde", al que añadir numerosas huelgas el otoño pasado. Pero el resto del país, salvo iniciativas minoritarias, se queda parado. No existe un movimiento solidario que piense que, si se empieza por ahí, se acabará dando un hachazo a toda la educación pública de este país, como el que hemos vivido. 


Meses más tarde, se produce algo parecido en Valencia, cuando la policía decide arremeter violentamente contra alumnos de Secundaria. La respuesta en las calles de la ciudad son manifiestas, pero quienes pedimos entonces una paralización de todas las aulas de Secundaria y Universitaria de toda España solo pudimos conformarnos con parones simbólicos. Las calles de Valencia ardiendo y las ciudades universitarias del resto de España comentándolo en las cafeterías de las facultades


En Cataluña, por poner otro ejemplo, hemos asistido a una sistemática provocación de los Mossos, aupados por un dirigente deplorable de CIU como Felip Puig. Fuegos artificiales en el resto de España. 


Pero tanto en Cataluña como en el País Vasco se ha añadido una vertiente nacionalista que a mí, personalmente, me interesa muy poco. El discurso venía a ser que si España se hundía era porque España era peor que Cataluña o Euskadi. Eran "problemas españoles". Y, amigos nacionalistas, quienes han antepuesto su patria a la solidaridad social con el resto del Estado, pensando que esos no eran sus problemas; quienes incluso prefirieron confiar en un partido radicalmente Neoliberal como CIU con tal de poner el sello de esa patria, pueden comprobar in situ como en su Comunidad el desmantelamiento del Estado de Bienestar ha llegado, sobre todo en Sanidad, a cotas mayores que las de este Gobierno (hasta la fecha). La ideología, sí existe, siempre debe de estar por encima del sentimiento de pertenencia a una tierra. La izquierda no conoce, o no debiera de conocer, frontera alguna.


No es momento para subirme a carros que no son los míos. Y los míos son los de todos. No me interesan en este momento liberaciones políticas de presos juzgados por terrorismo. No me interesan las patrias de los demás. Me interesa la justicia social, el desmantelamiento de derechos, el acoso y derribo de las esperanzas de mucha gente, no solo traducidas en paro o desahucios, sino en cosas mucho más pequeñas (Por ejemplo, estos días cierra un Laboratorio para el estudio de los Tejidos Neuronales en Castilla-León, que no es sino esperanza para enfermos de Alzheimer, y que ya no tiene presupuesto). 


Dije Desahucios. Sí. Esa lucha no da a basto pero sí es efectiva, sí deja lugar al optimismo. Esa plataforma está consiguiendo cosas verdaderamente dignas, aupada por los retales del 15M (Algo que, por cierto, digo sin ningún tono peyorativo). 


En este contexto, la convocatoria de Huelga General llegó tarde. Pocos creen en los Sindicatos mayoritarios, pero dieron la oportunidad de que juntar a casi todo el mundo entorno a un rechazo concreto: la fascistoide reforma laboral. Ahora, lamentablemente, esperamos a que estos señores vuelvan a decidir, según sus propias agendas, convocarnos a todos para mostrar una imagen de unidad frente a estas políticas. 


El Gobierno está feliz. Incluso cuando creo que toma medidas que considera excesivas (algunas solo) pero que adopta por puro servilismo a sus intereses económicos, que confunden con los de la ciudadanía, sabe bien que restar crédito a los grandes Sindicatos es sencillo. Basta con explicar unas cuantas cosas sobre subvenciones y tratos de favor, empresa por empresa. 


Y, por otra parte, sabe bien que son los únicos capaces de convocarnos a todos, de reunirnos, porque ante conatos de ataques al bienestar social, hemos actuado de forma caótica y previsible. Sin unidad alguna. Y eso le ha dado fuerzas a este Gobierno, que ha decidido ir más allá, proponiendo medidas criminógenas, provocaciones sociales, endureciendo código y criminalizando las protestas. Veremos las consecuencias pronto. 


Economía, Presidencia y Hacienda ejecutan una operación de dura cirugía sobre los derechos de los ciudadanos de este país. Interior y Justicia se preparan a despachar las quejas de los pacientes y, ya de paso, a incriminar a los más protestones. El objetivo es claro: que las protestas pierdan apoyo social, que la gente se desmarque asustada por la violencia que ejercen algunos (incluidos sus propios infiltrados). Los grandes Sindicatos miran sus relojes y ajustan su agenda con ánimo de obtener una rentabilidad. Solo unos pocos Diputados Autonómicos y Generales de este país están dando muestras de dignidad y coherencia ante tamaño descalabro


Hace un decenio, con la bandera del terrorismo, Bush inició un proceso de control de comunicaciones y viajeros sin precedentes en la historia. Algunos ya no recuerdan montar en un avión sin los tortuosos e indecentes controles de algunos aeropuertos. Eso quedó. Y eso no va a cambiar. Esta crisis, estas medidas, aunque en 2020 a este país le vaya mejor porque el ciclo así lo muestre, nos está haciendo perder unos derechos hoy que no vamos a recuperar en mucho, mucho tiempo. Es un cambio sin marcha atrás, ante nuestros ojos, a la cara, y sin que reciban por nuestra parte una respuesta unitaria, firme, seria, que les dé, al menos, un quebradero de cabeza. Un frente común. 

2 comentarios:

  1. Hay un libro de Marie Cardinale, "Las palabras para decirlo", pues eso, menos mal que las palabras son amigas tuyas y te dejan jugar con ellas, para que las coloques y sitúes en el sitio adecuado, y expresan lo que, imagino muchos pensamos, pero con nosotros las palabras no se dejan, o no sabemos jugar con ellas, o no nos quieren...pero ver lo que uno piensa escrito, reconforta..ojalá, seamos capaces de parar esto. estupendo blog.

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  2. Siempre eres muy generosa con tus comentarios. Muchas gracias. Me apunto el libro.

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