lunes, 30 de abril de 2012

BANDAS LATINAS: CÓMO SE ENTRA Y CÓMO SE SALE

Hace un tiempo un chico, miembro de los Trininarios, me contó cómo comenzó a forma parte de ellos. El relato viene a ser así: "Me mudé con mi madre a un piso compartido de un barrio del Sur de Madrid. Vivía cerca de una plaza donde se juntaban grupos de chicos a los que no conocía. Al volver de clase, un día se acercaron a mí y me preguntaron que a qué banda pertenecía. Yo les dije que a ninguna. Entonces, me empujaron y me amenazaron. Yo creo que creyeron que era de otra. Pero ese día me dejaron en paz. Una semana después, volvieron a preguntarme y cuando les respondí lo mismo, comenzaron a pegarme. Me dieron una paliza. Eran Dominican Don´t Play. No se si querían que formara parte del grupo o simplemente explicarme que por allí no circularía ningún Trinitario. Y yo, que no era nada, me hice Trinitario. Otro día, por fin, los que corrieron fueron ellos. Se salieron con la suya y yo, de aquí, no me muevo. Ahora me respetan". 


Las Bandas Latinas vuelven a la palestra, y lo hacen justo en el momento oportuno. Un asesinato reciente en Barcelona, otro en Madrid y, días después, una puñalada en el municipio madrileño de Móstoles. Parecen venir al rescate de un Ministro de Justicia que se ha obsesionado, junto con otros muchos políticos del ramo, en rebajar la edad penal hasta los doce años y promover su supuestamente necesaria reforma de la Ley de Responsabilidad Penal del Menor, por sexta vez en doce años. 





Son muchos los cuentos que nos han soltado acerca de las bandas latinas. Ha imperado el relato macrodelincuencial, que es el que habla del origen de las bandas en cárceles de Estados Unidos y países centroamericanos. Todo eso me interesa poco. Quienes defienden esas tesis para explicar la peligrosidad de un menor de Villaverde, Vallecas o San Sebastián de los Reyes, lo hace siendo completamente ajeno a cuáles son las razones que les llevan a integrarse en uno de estos grupos. Cuando en 2003 o 2004 se comenzó a hablar de bandas, y se cometieron los primeros asesinatos entorno a las mismas, la policía y la guardia civil estaban tan despistadas que comenzaron a confundir los rasgos distintivos de pertenencia a unas u otras con las ropas anchas de moda en el momento. Estas imágenes dan cuenta de ello. La prensa, en su labor de confusión habitual, contribuyó negativamente al incremento de la sensación de peligro y miedo social. Solo un dato. Toda la trayectoria de asesinatos entre bandas en España reúne la misma cantidad de cadáveres que el número de suicidios que se producen en este país al día sin que nadie diga ni mú. Espero que sirva este ejemplo.


Esta explicación fue criminógena, invitó a muchos adolescentes a sentirse fuertes y malos en el seno de una banda. Pero, más allá de eso, fue un razonamiento puramente xenófobo. Salieron a la palestra ministros de la ciencia (de su ciencia) a explicar, en plena eclosión migratoria, que aquellos menores reagrupados que habían vivido su primera adolescencia en países "violentos" (República Dominicana, Ecuador, Colombia, etc.) imitaban los patrones de conducta aprendidos, aplicándolos en una sociedad en la que no acababan de integrarse. 


La presión mediática surtió efecto y los malos políticos obraron en consecuencia. Reformaron la Ley del Menor en el año 2006, incorporando el delito de Asociación Ilícita que ha sido aplicable a muy pocos casos porque resulta harto difícil de demostrar. Por su parte, la policía se puso las pilas, y en numerosas ocasiones, apoyados por mandatos judiciales de disolución de esas bandas (Latin King, Ñetas y Dominican Don´t Play principalmente) desmantelaron buena parte de las estructuras de estos grupos. Con el paso del tiempo, se ha logrado un adecuado nivel de especialización. En concreto, en Madrid, el trabajo del Grupo encargado de ello ha sido muy eficiente, demostrando un amplísimo conocimiento de los grupos y sus reuniones. En ocasiones, a costa de mantener posturas contrapuestas con otros "expertos" en el tema que anunciaban el "fin del mundo", es decir, la inminente llegada de bandas centroamericanas que pretendían actuar en España como en sus lugares de origen. Me refiero a la "Mara Salvatrucha" y otras.


El problema de bandas es, en todo caso, un problema social, que tiene sus orígenes en las desigualdades, como tantos otros. Esto que no se nos olvide. 


En 2009, un Trinitario mató a un Dominican Don´t Play en Madrid. Desde entonces, nada de nada hasta hace unos días, primero en Barcelona y después en Vallecas. ¿Qué ha ocurrido ahora? Los pocos expertos sobre el tema hablan del repliegue necesario de estos grupos, del descenso de los migrantes a nuestro país, de que la violencia ejercida se había reducido mucho, había pasado a ser de baja intensidad. Más amenazas y menos agresiones, un gran número de detenidos, el endurecimiento de las penas, de bla, bla, bla. 


Un inciso. En Francia o Reino Unido saben, desde hace mucho tiempo, que los riesgos con su población inmigrante no residían fundamentalmente en los primeros, sino en los segundos (inmigrantes de segunda generación), en aquellos que, habiendo incluso nacido en París o Londres, se sentían discriminados por el color de su piel o por la religión que profesaban, residían en suburbios y no tenían las mismas oportunidades que el resto. Los argelinos que, siendo franceses, no se sentían como tales y, para construir su identidad, reafirmaban la de su procedencia, exaltando de ella desafortunadamente todo lo negativo, todo lo que les permitiera mantener una postura defensiva, de fuerza. Protagonizaron, por ejemplo, grandes disturbios en 2007 cuya represión dio fama y gloria a un Ministro de nombre Sarkozy. Quienes saben de terrorismo islamista entenderán a qué me refiero. Los autores de los atentados de Londres, el francés Mohammed Merah, todos inmigrantes de segunda generación envueltos en sociedades a las que no podían acceder, fanatizando sus planteamientos entorno a sus orígenes culturales o religiosos.


¿Lo que ocurre en Francia o Reino Unido nos queda muy lejos? Había una diferencia grande, sí. Que nuestra inmigración era más joven, más reciente. En los próximos años nos iremos encontrando con las segundas generaciones en un contexto socioeconómico gravísimo para perjudicar una adecuada integración. Tras leer los primeros datos de la víctima del asesinato de Vallecas, me quedé con ese: español, nacido en Zaragoza, de procedencia dominicana. 


No. No estamos ante unos españolitos de distintos orígenes que son terroristas o asesinos en potencia. Estamos ante el riesgo de no integración de una generación entera, que incluye a adolescentes y jóvenes, sea cual sea su origen o el de sus padres, que adopta patrones de identidad comunes tal y como lo hacían en los años 80 o 90 las tribus urbanas. Esos patrones, ahora con menor carga ideológica, están más asociados a los del entorno de las bandas latinas, porque sus códigos y orígenes se complementan mejor con la situación de los chicos. Y así emprendemos el camino de retorno. Los datos de las detenciones del asesinato de Vallecas hablaba de un grupo compuesto por varios dominicanos, un español, un rumano y un peruano. Las bandas latinas es el actual sobrenombre de los grupos violentos. Y los grupos violentos son heterogéneos, cada vez más. 


¿Qué necesita un adolescente?



  • Sentimiento identitario: Somos sociales. Nos "agrupamos" con gente afín y compartimos códigos que nos identifican, normalmente asociados al  ocio (deporte, equipos de fútbol, estilos de música, prendas de vestir, etc.).
  • Referentes normativos: Los más claros son los que se encuentran, o deberían encontrarse, en el hogar. La madre, el padre, los dos, como sea que está organizada una familia. Dan unos horarios, facilitan una estructuración del tiempo y dotan de sentido a unas normas de respeto comunes, unos límites que hacen distinguir con facilidad qué es lo correcto y lo incorrecto. Enseñan a empatizar con el dolor ajeno, a anticipar los sentimientos de los demás ante sus propias circunstancias y ante nuestras acciones. Permiten predecir las consecuencias de los actos, dotándolas de un carácter reflexivo.
  • Entorno afectivo: La otra necesidad vital de cualquier persona, que se acentúa en la adolescencia. Debe partir, de nuevo, del hogar, de ese núcleo estructurado donde sea sencillo predecir las consecuencias de los actos.   
En estos tres aspectos se encuentran las grandes carencias de los adolescentes más desfavorecidos. Y, cuidado, que estos chicos desfavorecidos son cada vez más numerosos. Ese es el riesgo porque, si bien el entorno identitario viene solo, a través de otros amigos o de los gustos familiares, en demasiadas ocasiones los referentes normativos o afectivos están ausentes, no porque se traten de modelos familiares diferentes, peores o mejores, modernos o clásicos, sino simplemente porque no pueden, porque no se encuentran en el hogar. Quienes trabajan en la calle con este tipo de chicos saben bien que es más que habitual que estos muchachos se encuentran solos al llegar a casa porque sus padres (madre sola a menudo) se encuentran trabajando de un modo u otro durante extensas jornadas laborales, a veces trabajando incluso como internas, lo que lleva a un "descuido" obligatorio sobre los quehaceres diarios del menor (Escuela, necesidades afectivas, límites). Y como la realidad es tozuda y estos tres elementos resultan necesarios, impresdincibles para el desarrollo humano, se buscan fuera del núcleo familiar. Tal vez entonces se encuentran donde no se debe, pero tal vez, a pesar de ello, ayudan a cubrir las necesidades emocionales del adolescente. 



Durante toda la vida pero, con mayor énfasis, durante la adolescencia, son principalmente tres pilares sobre los que se asienta la construcción de nuestra identidad: la familia, la pareja y la escuela. Hace unas semanas cayó en mis manos un estudio editado por la Fundación Diagrama y desarrollado por profesionales de la Universidad Autónoma de Madrid, titulado "Origen, evolución e involución de los jóvenes pertenecientes a grupos violentos". En sus páginas se pueden encontrar datos muy significativos sobre qué es lo que viene ocurriendo con la conformación de estos tres pilares en los jóvenes que se han incorporado a este tipo de grupos.


  • La Familia: En todos los casos, los investigadores se encontraron tres tipos de familias: La familia anómica (en la que se relativiza el comportamiento del hijo y en la que no se adoptan patrones normativos consecuentes); la familia autoritaria (donde el afán de control y supervisión resulta asfixiante para el adolescente); y la familia Bipolar o Inconsistente (en el que se mezcla primero un ciclo anómico para, tras verificar un mal resultado o mala acción de su hijo, pasan al modelo autoritario, sosteniéndolo un tiempo determinado para abocarse, de nuevo, al modelo anómico, dando "por perdido" al hijo).
  • La Escuela: Los adolescentes vinculados a bandas violentas no perciben su paso por el ciclo formativo como algo positivo. Además, se da una asociación entre los primeros problemas de violencia y de vinculación a grupos, con las relaciones establecidas en ella. La Escuela es un escenario, un medio donde se establecen determinados vínculos, se quiera o no, permaneciendo la motivación hacia el estudio como algo al margen. Cuando, además, algunos de ellos han tenido la oportunidad de acceder al mercado laboral, lo han hecho en trabajos no cualificados y en condiciones precarias. 
  • La Pareja: El estudio señala tres tipos de parejas: la identitaria (Que se conforma dentro del grupo violento y, por tanto, retroalimenta la actitud de participación y mantenimiento dentro del mismo); la peri-identitaria (que conoce las actividades del individuo pero en principio no las censura) y la extra-identitaria (que puede tener una gran influencia en que el joven abandone el grupo si la relación no se estabiliza mínimamente y si esta pareja plantea explícitamente su oposición a la participación de su pareja en actividades violentas). 

Existen otros factores, que podemos llamar físicos. Pondré ejemplos sencillos: El chico corpulento que encuentra en su fuerza su mejor elemento de "socialización"; el chico débil, o aparentemente débil, que para paliar su carencia es capaz de mostrar un nivel de agresividad mucho mayor, que compense de cara al grupo sus aparentes déficits.


Por supuesto, tienen gran importancia los rasgos psicólogicos, propios o aprendidos, o las experiencias personales entorno a la emisión de conductas violentas. Cualquier educador de calle sabe que, tras estos chicos, hay a menudo un recorrido de violencia dentro del hogar, en el que los adolescentes han "participado" como testigos o víctimas, cuando no como ambas cosas. 


En la Banda, el adolescente encuentra un núcleo emocional y normativo, dado que tienen estructuras jerárquicas bien definidas, que le proporciona un rasgo identitario (ropa, música, símbología), una territorialidad (el barrio), y un núcleo de iguales que se "respetan" y que se "protegen" frente a otros que son diferentes o que poseen otro tipo de códigos. Tapa, esconde las carencias reales de muchos adolescentes de nuestro país, construyendo una sociedad paralela que rinde cuentas nada más que consigo misma. En la medida que se pasa más tiempo en la banda, mayores posibilidades hay de que, por ejemplo, la pareja, eso que después de una, de dos, de diez o de cien, acabe invitando al adolescente a salir de la banda cuando pasen los años, sea parte integrante de la misma, reduciendo las oportunidades de escapar de ella. 


Este es el camino de entrada, la vía de acceso. Pero esta carretera llena de peajes es solo el resultado de un fracaso social absoluto, que ha afectado sí, principalmente, a jóvenes inmigrantes hace unos años, pero que es cada vez más extrapolable a jóvenes desfavorecidos, con independencia de su origen. Falta de medios de prevención que se acentúan con la crisis, fracaso escolar por falta de medios en los centros educativos y una visión permanentemente punitiva de la sociedad y sus medios sobre estos grupos que ayuda a fortalecer el sentido identitario de la banda. No olviden algo: es harto difícil explicar a cualquier persona que aquello que dota de sentido, de pautas y de emociones a su vida, es antisocial. La sociedad, buena parte de las necesidades de un adolescente, se cubren en el seno de una banda. Y ese es el síntoma de claro de la desigualdad. Se les deja de lado e, inmediatamente después, se les criminaliza. ¿No les suena? ¿No ocurre en otros con perfiles ideológicos? Corren malos tiempos, desde luego. 


¿Cuál es el camino de salida?


Vuelvo al punto de partida. A los medios y a la policía les ha interesado principalmente la violencia entre bandas, que ha dejado tras de sí hechos muy graves, es cierto, pero que no deberían haber provocado una alarma social si se evalúa en proporción a los resultados, como en el ejemplo que expuse. Al legislador también le atormenta esa violencia entre bandas. Pero ese planteamiento solo visualiza el caparazón del problema. El más hondo, el real, es el social, las raíces del problema, a lo que nadie quiere atender en tiempos de crisis. Se necesita una perspectiva social, que debe de venir acompañada de inversión, de interés en reducir las desigualdades. Y esto, en política, tienen nombres y apellidos. Esa sensibilidad solo la posee la izquierda, la verdadera izquierda social. 


Pero mientras se rema contra corriente, los educadores, los trabajadores sociales, los profesionales que intervienen con estos perfiles de adolescentes, deben de dejar a un lado provisionalmente este interés desmedido por la violencia entre bandas, para atender al problema más grave, más doloroso, más invisible. La violencia intra-bandas es mucho mayor y sus efectos son mucho más perjudiciales.


La pertenencia a bandas latinas, como a otros grupos violentos, tiene una duración, una fecha de caducidad vital. Va remitiendo por sí misma con el paso de los años. Luego, la vida se va configurando. Hay pocos miembros de bandas más allá de los treinta años, salvo los que, en el ejercicio de esa violencia, se han judicializado entrando en prisión a cumplir una condena. Explíquele a ese agresor, entonces, que la banda deja de tener sentido, que cada uno hace su vida, que llegó la paz. Solo le queda la huida hacia adelante para dotar de sentido a sus acciones. Porque cumple condena por ellas. 


Pero hasta que ese abandono se produce, las bandas tienen normas férreas, jerárquicas, que  envuelven al integrante. Debe mostrar su capacidad para pertenecer a la misma, ganarse su respeto. Una de las pruebas más habituales tiene que ver con la comisión de algún hecho delictivo para probar la valentía. Y, mientras la legislación se empeña en probar (amargamente porque lo consigue en muy pocas ocasiones) el delito de Asociación Ilícita, se cometen numerosos robos con violencia, con intimidación o delitos de lesiones cuya raíz tiene que ver exclusivamente con fases probatorias que no son Juzgadas como tales


¿Cómo convencer a un chico que todo eso que le ofrece la banda es falso, que se trata de una artificial forma de seguridad o afecto? Las Fundaciones o Asociaciones que trabajan con miembros pertenecientes a bandas están utilizando a menudo una perspectiva individualista, a la americana (norteamericana). Comienzan a llevar a dar charlas a ex-miembros de bandas para que expliquen su experiencia, que sí se puede salir, siguiendo el mismo método que los ex-drogadictos. No sirve. No es suficiente. Y no lo es porque no aporta en ningún caso esas necesidades del adolescente. No es tan fácil. 


El que dice que No a la banda lo paga caro. Existen castigos para quienes no acuden a las reuniones y están bien documentados. Solo hay un enemigo peor que el miembro de una banda rival, y es el traidor. Pero esto no le preocupa a nadie, se difumina, no se observa, no es la prioridad policial, ni la de las Fiscalías. Y, entre otras cosas, porque el miedo hace estragos, y ese acoso, esas lesiones, se denuncian muy poco


El estudio sobre "Grupos Violentos" al que aludí anteriormente explica perfectamente una situación de tensión que puede provocar los deseos de abandonar la banda de un adolescente. Explica que un miembro, chico o chica da igual, se enamora, inicia una relación de pareja con alguien completamente ajeno a la banda y que reprueba la violencia que se ejerce dentro de ella. Llegado un momento, si la pareja se estabiliza, continúa, se produce ese elemento de tensión: "No quiero que continúes con ellos" o "Con ellos o conmigo porque no me gusta lo que haces". Y el adolescente afronta el dilema. Pero lo hace solo, sabedor de que abandonar el grupo significará ponerse en claro riesgo, convertirse en enemigo de la banda rival (como ya era) y de la propia banda. Y ¿Para qué asumir ese coste que le puede costar la vida? Un fracaso social, de nuevo. 








3 comentarios:

  1. Sigo pensando que la fuerza y la fortaleza para decir que no, a una banda, a una raya, a un exceso de alcohol o porros, se debe dar en casa, hay que enseñares, a que no se avergüencen de decir NO.
    No creo demasiado en los psicológos, pero en una charla de esas de las AMPAS, la mayoría infumables, un psicólogo joven dijo, que cuando nuestros hijxs saliesen al mundo no podríamos protegerlos, la única forma de hacerlo, es enseñarles, antes de que dejen de hacernos caso, valores, valentía y principios.

    ResponderEliminar
  2. menos tonterias y mas mano dura con esta gentuza que pudre nuestras calles. toda esta mierda se la debemos a aznar que los dejo entrar y a zp que les regalo papeles. los que venian a pagarnos la jubilacion, me da la risa. toda esta chusma que sean devueltos a sus respectivos paisea, ya esta bien de tanta tonteria y tanta mierda. esta gentuza no se integrara nunca.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Amigo, solo un comentario sobre el tuyo: por el bien de España, los patriotas deberían evitar las faltas de ortografía.
      Un saludo.

      Eliminar