jueves, 31 de mayo de 2012

¿CUÁNTO CUESTA MATAR A UN BANQUERO?


Como no quiero que algunos piensen que esta reflexión esta politizada, voy a omitir hacer referencias a Dívar y esa cosa llamada CGPJ. Tampoco hablaré sobre el Juez Garzón. Al hablar de justicia justiciera no quiero hacer alusión al imprescindible post de El Teleoperador, llamado "Señoría" (http://elteleoperador.blogspot.com.es/2012/04/senoria.html) que explicaba cómo, a veces, determinadas conductas de Jueces y Fiscales vienen a ser recurrentes frente a determinados colectivos. Si no lo habéis leído, no dejéis de hacerlo.


Quiero presentar unos datos, para que cada cual, desde el prisma ideológico que tenga, valore en qué clase de sociedad vivimos, en qué se está convirtiendo, y qué clase de justicia y bajo qué criterios opera al respecto. Valgan estos ejemplos: 





  • En Murcia, un tipo violó y asesinó a una niña de trece años en el año 2001. Fue condenado a 7 años. Tras salir, en 2008 asesinó a una prostituta, y fue condenado a 20 años. Además, le añadieron recientemente otros 12 años por una nueva violación. Total, dos asesinatos y tres violaciones = 39 años. 

  • Viajamos a Oslo y a la matanza de Utoya. Breivik, el tarado neonazi, asesina a 77 personas en julio de 2011. El Fiscal le solicita 21 años de prisión, revisables en periodos de cinco años.

¿Por qué cuento esto? Ahora se me entenderá mejor. El pasado 29 de marzo se hizo en España una Huelga General. Durante las protestas en diferentes lugares, se realiza un acto simbólico de protesta frente a la Bolsa de Barcelona. Algunos de los participantes acuden encapuchados. Otros no. Uno de estos actos lo lleva a cabo Laura Gómez, que pertenece al Sindicato CGT. Consiste en quemar una caja de cartón con dinero de mentira dentro. 

Llibertat Laura GómezEl Director de la Bolsa de Barcelona interpone una denuncia. Usando las grabaciones de las cámaras de seguridad, se identifica a Laura. Pasados unos días, se la detiene e ingresa en Prisión Preventiva, algo que se justifica por la posibilidad de reincidencia o fuga. Laura tiene 46 años, un domicilio estable y un empleo estable. 

Pasados 23 días, el Juzgado decreta su puesta en libertad bajo fianza de 6.000 Euros.

En estos días, el Fiscal ha realizado su escrito de acusación. Por los hechos descritos, se le acusa de Desórdenes Públicos, Incendio, Coacciones, Daños y Delito contra los Derechos de los Trabajadores, y se piden 36 AÑOS de cárcel, según ha informado CGT Catalunya (podéis leer la noticia aquí: http://www.llibertat.cat/2012/05/laura-gomez-em-van-detenir-perque-soc-afiliada-a-la-cgt-18053).

Ya sé que algunos de los casos descritos más arriba se refieren a sentencias judiciales y no a escritos de acusación. Tal vez el Juez los rebaje, pero lo único que está garantizado es que no podrán ser más de 36. 

¿Por qué se hace esto? Yo lo tengo claro. Lo que me gustaría es que todas esas respuestas las facilitaran quienes confían en el Gobierno de Catalunya, en su Justicia, en  Felip Puig (un individuo con nombre de cerdito rosa de CLAN TV que parece haber regresado de los años de la Rosa de Foc). Que ellos expliquen por qué quemar un cartón en una jornada de protestas puede ocasionarle a uno 36 años de cárcel en España, mientras que matar a dos personas y violar a tres cuesta 39 años, o matar a tu propia madre cuesta 19 años. 

Por descontado, desde este Blog se transmite todo el apoyo y solidaridad a Laura, y se exige la condena quede en lo que dice el sentido común: NADA.

Con estas medidas algunos consiguen que otros echen cuentas. Por ejemplo, ¿Cuánto cuesta matar a un banquero? La cosa puede ponerse fea.   




lunes, 28 de mayo de 2012

¿HABLAMOS DE VIOLENCIA?









Vivimos rodeados de tabúes estéticos, prefabricados, que contribuyen de una manera eficiente al control social. Esto sucede, por ejemplo, con la violencia. 


España es un país muy tolerante con determinado tipo de violencia. Yo diría que asquerosa e inexplicablemente tolerante con, por ejemplo, la violencia de uno contra sí mismo (el suicido se cobra más de 3.000 muertos al año); la violencia contra los animales (una de sus vertientes, la de los toros, se exhibe, protege y financia con dinero público, de ese que no queda); o la violencia que ejercen instituciones supranacionales en las que participamos democráticamente como la OTAN (que asesina día sí y día también a inocentes en sus zonas de conflicto, siendo nuestra bandera una de las marcas que presumen de ello). Somos tolerantes con Gobiernos que se enriquecen vendiendo minas antipersona, somos tolerantes con la violencia entre jugadores de un partido de fútbol; somos tolerantes con la violencia verbal en determinados programas de televisión; etc.


¿Qué violencia no toleramos? Exactamente esa a la que determinados gobiernos o poderes se empeñan en dar una relevancia que no se corresponde con la realidad, que supera con creces su dimensión real, pero que les sirve para mantener a los ciudadanos en un permanente debate social que les desconecta de lo importante. Así, somos, por ejemplo, capaces de hablar de los grandes problemas que genera la delincuencia juvenil entre bandas latinas, que han generado una decena de muertes en toda su historia (algo irrisorio a nivel policial puesto en la balanza de otros tipos de violencia) porque así se mantiene un debate permanente sobre inmigración y crimen, que interesa a los sectores más conservadores. 


¿Y la violencia política? El poder, para ella, escogió una figura mayor, con el objeto de que no se produjeran fisuras en el discurso. El terrorismo es, dicen, lo más grave que puede ocurrirle a una sociedad. Y de ese discurso se han impregnado todos, los de derechas y los de izquierdas, de tal modo que cuando se quiere agravar un hecho, se acude directamente a este término. Por ejemplo, denominamos terrorismo machista en vez de violencia machista para atribuir un mayor componente de peligrosidad.Y eso produce errores a menudo graves en la concepción del problema.    


España, tras la Dictadura, ha tenido al GRAPO, el Terrorismo de Estado en distintas formas y fases, y a ETA que, en su afán asesino, ha ido reduciendo tozudamente el umbral de de la tolerancia hacia la expresión violencia de ideas con una finalidad política. Sí, por supuesto que hay quien ha rentabilizado enormemente esa violencia, pero sobre que ha sido violencia, que ha sido indiscriminada en ocasiones, y que se llama terrorismo no debería de quedar duda posible. En 2004, un atentado de células vinculadas a Al Qaeda mató, literalmente, ese umbral de tolerancia al terrorismo, dejando desde entonces a ETA sin argumentos para proseguir con la infame metodología que venía practicando. 


En España, hoy, solo se ejerce un tipo determinado de violencia colectiva: la económica. Con ella, el poder ha escogido atacar con todas sus armas, porque a la vez que priva de derechos sociales, criminaliza al que protesta contra los mismos. Y el poder, en este país, está deseando que haya cierto nivel de violencia controlada para seguir supervisando los temas de conversación y manejando los tiempos de esas protestas. En este sentido, la ingenuidad del 15M es flagrante. Basta con ponerles horarios para que los incumplan. Basta con que los incumplan, para que haya que desalojarles, haya enfrentamientos, y se entre en una dinámica de acción-reacción tan débil, tan intrascendente, que no pone en problemas no solo al Estado, sino tampoco a los policías que se extralimitan. Esta es y ha sido la tónica de este movimiento desde el 15 de Mayo de 2011. Un juego en el que, públicamente, el poder sale beneficiado.


Vivimos en tiempos en los que un policía empuña y amenaza con un arma, efectuando disparos al aire, para "enfrentarse" a un individuo "armado" (como dice la prensa) con una zapatilla, y menos de veinticuatro horas después tiene a la alcaldesa de Madrid mostrando explícitamente todo su respaldo a la actuación, sin ni siquiera haber efectuado una investigación interna. Vivimos en tiempos en los que son legales las "Amnistías Fiscales" para defraudadores, mientras que se desplazan decenas de policías y un helicóptero para garantizar el desahucio de una madre y su niño de 4 años. Los grupos ciudadanos que protestan contra esto lo hacen pacíficamente, y cualquier enfrentamiento solo sirve para jugar al despiste y favorecer nuevas medidas de violencia económica. Basta un dato. Con lo que ha llovido desde el inicio de la crisis, el único coche de la policía que ha ardido en Madrid fue en la previa de un partido de fútbol del Rayo Vallecano contra el Betis, cuando ambos equipos jugaban en Segunda División.

Hace un decenio, los denominados Black Bocs (Bloque Negro) pusieron en tremendas dificultades a la Policía en numerosas ciudades europeas. Los poderosos, sin que sirva de precedentes, tuvieron que anular sus agendas para garantizar su seguridad. Allá donde había una reunión del FMI o del Banco Mundial, miles de jóvenes, con este Bloque Negro dentro de ellos, protestaban y trataban de romper el cerco de protección de quienes desprotegían los derechos de los ciudadanos del mundo para salvaguardar sus intereses. Pero eso pasó, la policía aprendió esa lección, se especializó, añadió el concepto anti-sistema en sus Instrucciones de Seguridad y, cuando un movimiento cuasi espontáneo llenó las calles de España en mayo de 2011, todo quedó en nada. Para que haya un mínimo de violencia dentro de las concentraciones vinculadas al 15M, tienen que aparecer infiltrados que las provoquen. 



España tiene miedo a hablar de violencia. Por eso, quienes defienden esta estafa manifiesta, aluden a los violentos en cualquier concentración que se produzca, recordando a la aletargada y desencantada opinión pública, que detrás de los chicos del 15M hay grupos anti sistema peligrosos que preparan acciones violentas que, de producirse, finalmente son materializadas por la propia policía. Así, fácilmente, se consigue que gente que comparte inquietudes con este movimiento, se desligue de él. Se divide, como toda la vida, para ganar la batalla. Aunque en el fondo no hay nada más triste que ganar a alguien que no se defiende siquiera.


¿Qué ocurriría si en la España de hoy surgiera un grupo, o varios, que desarrollaran violencia contra las instituciones? ¿Cómo reaccionaríamos nosotros, vosotros, ellos, da igual, ante un acto de violencia con consecuencias graves? Rápidamente, los partidos políticos afines a esas ideas se desmarcarían, hablaríamos de terrorismo, y las protestas perderían apoyo popular. El poder posee toda la prensa. Como recordaba un amigo en Twitter hoy, La Razón y La Sexta tienen el mismo propietario que a unos les vende camisetas estampadas del Che Guevara y a otros de un cocodrilo o una banderola de España. Es pura mercancía, temas de conversación, para prefabricar la indignación o la adhesión al sistema, para conmover sentimiento patriótico entorno a Gibraltar, o entorno a que la iglesia pague el IBI. Da igual. El plato de cena, carne o pescado, es siempre el mismo y lo rentabilizan siempre los mismos. Es terreno vetado.      


No somos Grecia, dicen los poderosos. Allí, la violencia, que siempre es algo negativo, ha tenido un efecto positivo. Ha despertado a parte de la población, les ha llevado a darse cuenta de que no es tan fácil hablar de un desahucio o del suicido de un anciano, como de Gran Hermano o de Eurovisión. Allí, parte de la población comprendió que si la gente se echaba a la calle y asumía ese riesgo, es porque realmente estaba sucediendo algo grave. Y hubo elecciones y el bipartidismo sufrió tanto, que habrá nuevas elecciones. Y el vuelco será mayor. Y con esto no quiero inferir que la violencia sea el único factor que ha llevado a ese vuelco electoral, pero que los enfrentamientos han tenido un efecto sobre la población es evidente. España, estando en una situación similar a Grecia, no es Grecia. Y ese es el discurso que nos repetirán a la saciedad. Las razones son claras. Esa creciente concienciación ciudadana, en la que parte de ella se expresa de forma violenta, pone en verdaderos aprietos a los poderosos, que ven que pueden perder sus privilegios. 


Siempre es incómodo hablar de violencia. A uno pueden acusarle de no ser demócrata. Pero llamen democracia a lo que no lo es y llamen violento a quien no lo es. Los ciudadanos ya son receptores de violencia. Tal vez un día, ya en frío, les empiezan a doler los golpes recibidos. Y tal vez les tumbe el dolor. Y tal vez no. 


    

viernes, 11 de mayo de 2012

SOY UN MALEDUCADO

Soy un maleducado. Eso decís. 


Soy un maleducado porque estudié tres carreras y no terminé ninguna, o las tres, o tal vez no fui a la Universidad. Igual no quise, igual no pude. Y vuestras matrículas de honor me sirvieron para lo mismo que los suspensos, para irme al paro. 


Soy un maleducado porque aquí no solo hablamos de recortes. Hablamos de vuestras guerras, de vuestros intereses ocultos, de cómo dais por un lado para quitar por el otro, de cómo distribuis la agenda de la dignidad de vuestro país para colocarla en manos de intereses privados, siempre violentos, siempre destrozando las vidas de los más débiles.


Soy un maleducado porque pienso, porque hablo. 


Soy un maleducado porque no creo en vosotros, ni en vuestros juegos ni en vuestro sistema. Vivo en él, pero no me representa. Voto a quien no queréis que obtenga representación; leo a quien no queréis que lea; y pienso como no queréis que piense.


Soy un maleducado porque tuve la educación que tuve, en mi colegio público o privado, con mis padres o sin ellos, en la calle, en el barrio, en el pueblo, cada cual como tuviera que hacerlo. La suerte nada tiene que ver con el talento.


Soy un maleducado porque no me creo esta estafa, esta forma de engañarnos, esta absoluta ridiculez con la que justificáis, uno a uno, la pérdida de nuestros derechos. 


Soy un maleducado porque sueño, y eso escapa de vuestro control.


¿Y sabéis por qué?


Porque no me importan vuestros insultos, ni creo en vuestros "crecimientos negativos" ni en vuestros sistemas de adoctrinamiento a los que llamáis "educación". Somos mala gente, gentuza, indignados, maleducados, violentos, terroristas, lo que queráis decir, lo que vuestros vasallos deseen vender. 


Solo tenéis razón en una cosa: Nos tenéis enfrente y nos vais a seguir teniendo enfrente.


A TODA ESA GENTUZA CRÍTICA, QUE SE FORMA, QUE ACTÚA, QUE ES SENSIBLE AL DOLOR AJENO, Y QUE LUCHA CONTRA ÉL. GRACIAS.


Nos vemos en las calles.