jueves, 9 de agosto de 2012

LAS DOS GUERRAS POLÍTICAS EN ESPAÑA

Días raros y calurosos que sirven para ubicar a cada uno en el lugar que le corresponde. 

En el esperpéntico panorama mediático de España, los dos grandes partidos libran una dura batalla que consiste, básicamente, en cómo frenar su caída en términos electorales. El PSOE, desde su atalaya complaciente, como si no se sintiera responsable en absoluto de nada de lo ocurrido, trata de arañar votos pero sin desarrollar una oposición feroz, como la del PP en la legislatura anterior. Sentido de la responsabilidad, dicen. Mienten, como siempre. Se llama falta de argumentos.

El PP, por su parte, se atribuye el mensaje divino de la extrema derecha de toda la vida. Lo que hacen, lo hacen por el bien de España. Y con ese abstruso discurso se justifica un ataque ideológico que mana de las vertientes más radicales del neoliberalismo. No es un fascismo al uso, porque apuesta claramente por el capitalismo. Es una combinación de ambos, lo que viene a ser una suerte de nueva dictadura disfrazada de Laissez Faire fascistoide. 

Pero esta batalla no engaña a nadie. El bipartidismo solo quiere mantener sus privilegios. Claro que les preocupa la crisis, claro que quieren salir de ella. Eso no lo pongo en duda. Pero necesitan hacerlo guardando la ropa y sin justificar los gastos de sus desmanes económicos que han hundido en la mierda a este país. Se trata de frenar a las terceras fuerzas, de aguantar el tirón y de enseñar los dientes cuando sea necesario (con el Ministro de Justicia y el de Interior dispuestos a emular al Fraga de los "mejores" tiempos) para dar una imagen de seguridad y de control. Se trata de mantener privilegios. Nada más.

En las redes sociales se libra la segunda guerra. Es la de las terceras y cuartas fuerzas políticas, sobre todo IU y UPyD, que tratan de pescar el voto desencantado y movilizar a los que tradicionalmente se han abstenido. La izquierda, por su habitual sentido autodestructivo, a menudo muestra sus diferencias internas de tal modo que pierde credibilidad a pesar de mantener un discurso coherente. Acciones como las de Sánchez Gordillo son, más allá de su carácter meramente simbólico, un problema para la izquierda porque representan la carnaza que le echan los pescadores al tiburón, que puede pasarse mordiendo el anzuelo todo el tiempo que desee, porque cuenta con los medios de comunicación de su parte. Pero esta vez, la batalla la gana el tiburón porque desvía la atención de los verdaderos problemas. Así, IU retrocede porque permite a ese porcentaje de votantes moderados que están hartos del bipartidismo y de las mentiras, construir la teoría de que IU vive de ocurrencias, de acciones instintivas, perdiendo la capacidad de presentarse como una alternativa real de gobierno en la que apoyarse. Justo al contrario de lo sucedido en Grecia. Es una lectura injusta pero es un discurso eficaz. La trampa de IU es, como siempre, una autotrampa. Y a pesar de su crecimiento en las encuestas, dada la situación social de este país, el crecimiento es irrisorio para lo que se podría esperar.

Lo de UPyD es otra cosa bien distinta. Ganan terreno a pesar de no mostrar un discurso coherente. En cada pueblo, en cada Gobierno local, actúan de un modo distinto. Pactan con unos y con otros según les viene. Mantienen un discurso neonacionalista que busca alejarse de convencionalismos. Hablan de renovación con políticos que, o son completamente inexpertos, o llevan más de 30 años en el poder y quieren atribuirse la renovación. Sus propuestas en política internacional son, sencillamente, inexistentes. Y se lanzan a las redes sociales a rebatir a cualquier votante de izquierdas, con un discurso cercano al 15M, para parecer más simpáticos y modernos, permitiéndose no esconder un lazo ideológico que recuerda a la vieja Falange, en su deseo de dejar a un lado las ideologías para centrarse en jóvenes políticas de democracia entorno a la unidad de España. 

Amigos historiadores, ¿Les suena? 

Y, sin embargo, siendo los que menos siembran, son los que más recogen. Porque explicitar sus ramalazos anticomunistas les sale gratis ya que su bolsa de incremento de votantes viaja sola, tiene vida propia a lomos del desencanto con PP y PSOE. Esa es su verdadera cantera de votos, como dicen las encuestas. Y pueden permitirse hacer lo que quieran, no tener proyecto político propio y decir cuantas sandeces deseen. Seguirán subiendo.

En un lugar extraño, en medio de IU y UPyD, está el 15M. Comparte con la izquierda las preocupaciones sociales tradicionales y las ideas de un cambio democrático de la política. Comparten con UPyD, además de lo segundo, la estrechez de miras, la voluntad de actuar únicamente de puertas para adentro, asomándose al exterior solo para jalear cuantos levantamientos se produzcan en países árabes, con independencia de quién los patrocine y a qué precio. Para ello, no dudan en sumarse a lemas vacíos que solo fomentan la perpetuidad del sistema, la verborrea que en nada contribuye al cambio. Me refiero al famoso "Somos el 99%" o al clásico "No nos representan". Caldera de abstencionismo y voto para UPyD, a la par que fuente de dispersión para la unidad de la izquierda. 

No. No somos el 99%. Nos queda mucho por convencer. En las conversaciones con familiares descreídos, en cualquier entorno en que merezca la pena explicar que existen alternativas creíbles, en esas redes sociales en las que a veces estamos más pendientes de insultar a los Trolls y bloquear a los provocadores, que de tratar de argumentar nuestra postura. En donde se pueda y como se pueda. Dejar de anunciar grandes revoluciones para, luego, cometer torpezas que permiten a los poderosos tirar de sus medios para mostrarnos como ilusos trasnochados. Reaccionar de una vez (aunque deteste esa palabra). Darnos cuenta de que no hay nada hecho, que el desencanto con el sistema político no atrae votos ni agrupa pensamientos si no vienen acompañados de acciones y ejemplos que los sustenten. Hacer todo lo posible, en definitiva, para demostrar que la solidaridad social no es esto, y que están desmontando uno a uno todos los pilares que la sustentaban.   

En mi círculo de asesinos literarios, los curiosos con el 15M comienzan a hacer terribles juegos de palabras con el 15M. Unos los llaman 15yM, otros UPyM, otros 15yD. Ojalá se equivoquen. Y ojalá nos demos cuenta rápido que no estamos aquí para despertar a nadie, que no somos ninguna élite consciente que debe de explicar a las ovejas que son ovejas, que no somos fanáticos religiosos. Que está la palabra y que están los valores. El Catorceabrilismo antes del QuinceMayismo. La justicia social, la solidaridad con los que sufren, la denuncia de las desigualdades, la defensa a ultranza de los colectivos desfavorecidos, aquí en España, y en cualquier otra parte del mundo.