jueves, 27 de septiembre de 2012

LO QUE NOS UNE






Como otros, fui muy crítico con la convocatoria inicial del 25S. No entendí ciertas cosas y, aunque aún sigo sin compartir parte de la propuesta, y a pesar de que eso me llevó a mantener más de una amarga discusión con gente a la que respeto, un par de semanas antes de la fecha decidí omitir mis comentarios y planteamientos para no contribuir inútilmente a abrir fisuras en un momento en el que todos debíamos remar en la misma dirección.

No sé si, de haber podido asistir, hubiera acudido el martes 25 a Neptuno. No tuve opción ni de dudar siquiera. Hay mucha gente a la que le ocurre igual. Unos estaban trabajando, otros cuidando de sus pequeños o mayores y, otros, también, cuidándose ellos mismos. La participación en determinadas convocatorias, como la asistencia a las asambleas, no es fácil para mucha gente que, sin embargo, apoya o comparte los fines que se pretenden. No son peores que los demás. Y mientras que miles luchaban en la calle, otros, compartieran o no los términos de la convocatoria, estuvieron dándoles voz y cobertura, así como denunciando la brutalidad policial. 

No he escondido mis críticas en numerosas ocasiones a varias asambleas del 15M. Mi cultura política nunca fue sindical, no milito en ningún partido y además tengo la extraña costumbre de mirar más hacia fuera que hacia dentro. El 15M, con todas sus derivas, aprende de sus propios errores. En ocasiones llegó a parecer un movimiento "nacional", que atendía poco, bien por desconocimiento, bien por desinterés, a lo que sucedía en, por ejemplo, Siria o Libia. Peor aún, en muchas ocasiones se sumaron innecesariamente al entusiasmo ingenuo de las Primaveras Árabes, mientras a muchos nos dolía la boca de avisar que tras ello estaba la sanguinaria OTAN y su hermana gemela Al Qaeda. Reconozco que eso me alejó, pero reconozco también que con el trabajo concienzudo de algunos, el 15M ha ido ideologizándose, haciéndole más CatorceAbrilista que QuinceMayista (como reclamaba en un post de este mismo Blog) o, al menos, buscando necesarios puntos de encuentro entre ambos.

El martes 25 de Septiembre este Gobierno tenía un plan bien diseñado sobre lo que iba a hacer. Mentir sobre sus participantes, denunciar disparates comparándolo con el 23F y, con todo ello, preparar un auténtico Show mediático con un despliegue policial desproporcionado e injustificado. 1.350 policías convirtieron a Madrid en algo parecido a los Génova o Davos de las manifestaciones Anti-Globalización. Pero a falta de Black Bocs, habían previsto los suyos propios. Tenían el Timing bien acordado y a las nueve de la noche, momento en que empezaban la mayor parte de noticiarios en Televisión, arrancaron la provocación que derivó en la violencia infame que todos hemos presenciado. Una auténtica obra de teatro que, en algunas cosas, les ha salido mal y, en otras, perfecta. Días después, hablamos más de represión policial (un debate que saben por experiencia que se diluye con el tiempo) que de la aprobación de los presupuestos más anti-sociales de la "democracia", asumiendo el cargo de un 30% del mismo a los intereses de la Troika.

Seamos sensatos. No nos pondremos de acuerdo en medios, en formas de convocar, en quién va o participa y quién no. Discutiremos, pelearemos y nos pareceremos a los del Frente Judaico Popular y el Frente Popular de Judea de "La Vida de Brian". Así es la izquierda. Pero tenemos enfrente a demasiados hijos de puta como para que nuestras diferencias no nos dejen avanzar. Tenemos demasiadas razones y compartimos la mayor parte de ellas. Lo que nos une es mucho más que lo que nos divide. 

Como dice una canción, "somos hojas en el viento. Juntos, más alto subimos". 

Pues eso. Adelante. 

martes, 25 de septiembre de 2012

MAS MENTIRAS: ELECCIONES EN CATALUÑA










Tengo un Mapamundi en casa. No se me da mal la geografía política y creo conocer el nombre de todos los países que aparecen en él. Sin embargo, por más que miro, no encuentro el mío. Ninguno se llama Solidaridad. Ninguno se llama Derechos Humanos. Ninguno se llama Cultura. Y hasta que no lo encuentre, mi ubicación en el Mapamundi es puramente circunstancial. Yo no la he decidido. 

Sin embargo, respeto mucho el lugar donde he nacido. Respeto parte de sus costumbres y adoro a su gente. Eso me lleva a preocuparme por la situación de los que me rodean, a tratar de garantizar la igualdad para todos y la solidaridad con quienes menos tienen o sufren situaciones vitales complicadas. Con un Pero en mayúsculas: la situación de los que me rodean no es mejor, ni más importante que la de cualquier otra persona del resto del mundo. Y eso es difícil, porque a menudo no tenemos información fiable de lo que acontece en cada lugar, y porque el mundo es tal disparate de desigualdades que nadie es capaz de dar abasto. 

En fin, que no soy nacionalista, aunque respeto el nacionalismo siempre que reúna dos condiciones: que ese sentimiento no suponga una supremacía o una desigualdad hacia otros, y siempre que no anteponga los intereses de un determinado lugar en sí mismo por encima de los de su propia población. 

Tras la manifestación de la Diada catalana el pasado 11 de septiembre de 2012, donde cientos de miles de ciudadanos con un sentimiento catalanista salieron a manifestarse pacíficamente por las calles de Barcelona, el Gobierno de la Generalitat ha encontrado una perfecta excusa para adoptar un papel protagonista en medio de una brutal crisis económica, generada por los excesos del propio sistema, entre los que se incluyen en lugar preponderante los que lideran Cataluña, es decir, Convergencia i Unió, un partido de derechas que ha sido pionero en la reducción de derechos sociales y democráticos a sus ciudadanos, y que ha demostrado sus filiaciones políticas claras llegando a acuerdos con el Gobierno central que representa exactamente el mismo espectro político.

Días después de esta masiva manifestación de sentimientos nacionales, en una red social escribí una frase muy comentada y rebatida, que venía a decir que no entendía cómo la gente salía más a la calle para pedir patrias que para pedir pan. Las respuestas no se hicieron esperar. Los insultos tampoco. Pero casi todas coincidían en un hecho preocupante: me explicaban que su pan también dependía de su patria, es decir, que en un hipotético Estado Catalán esas desigualdades no existirían, esos recortes no resultarían necesarios. Un error, bajo mi punto de vista, a medio camino entre la ingenuidad (viendo quien gobierna en Cataluña) y la insolidaridad, porque en mi frase no me refería al pan de los catalanes, ni siquiera al de todos los españoles. Me refería al pan de todos. Y ellos solo pensaban, lamentablemente, en sí mismos.


CIU puede representar una alternativa soberanista. No niego el Derecho de Autodeterminación de ningún pueblo. No hay exclusiones. Pero el cuento de la Derecha rancia catalana sumándose al carro de la movilización colectiva para hacer caer en la trampa a su propia población me enfada bastante. Amigos catalanes, si se creen el cuento de CIU, tal vez así puedan justificar por qué se hacen recortes en Cataluña. Tal vez lleguen a la conclusión de que el lastre de Cataluña es España. Pero hablemos de "Peppa Puig", de sus palos, de sus listas de chivatos, de sus detenciones preventivas. Hablemos de la derecha, sea de donde sea, a la que le estorban los derechos sociales, a la que le enfadan las movilizaciones, y la que, a la menor oportunidad, recurre a la violencia desproporcionada contra sus ciudadanos. Si deciden elegir patria antes de ideas políticas, eligen a Puig como Ministro de Interior. El modelo está meridianamente claro.

Artur Mas ha dado la vuelta a la tortilla, ha puesto todo del revés con su sorprendente declaración de intenciones. Una monumental cortina de humo que esconde las consecuencias brutales de esta estafa, y que decide valerse de legítimos sentimientos nacionalistas para abanderar un modelo de país exactamente igual de infame que el que aglutina en la actualidad a todo el Estado español. 

Barcelona: multitudinaria marcha por la independencia de CataluñaY aquí viene la segunda mentira. Vender las elecciones del 25 de Noviembre de 2012 como un plebiscito, para que la ciudadanía catalana dé su apoyo a un proyecto u otro, es sencillamente mentir. En unas elecciones uno no vota con los sentimientos. Las emociones no llenan las urnas. En las elecciones se debate un proyecto político, unas ideas que se transforman en votos y que un determinado sistema electoral, generalmente desigualitario, da forma en base a una serie de representantes. Si lo que de verdad quiere saber la población catalana (y española) es si el sentimiento catalanista es mayoritario, entonces solo cabe un Referéndum. Allí, ante la sencilla pregunta de si desearían un Estado propio para Cataluña, los ciudadanos, con independencia de si son de derechas o de izquierdas, podrían plasmar sus siempre respetables sentimientos. Lo que Artur Mas propone a sus ciudadanos es, de nuevo, una mentira más.

Sé de sobra que la palabra "más" lleva tilde cuando nos referimos al aumento de algo, y que no lo lleva si lo utilizamos como sinónimo de "pero". En el título de este Post lo empleo como un juego de palabras, utilizando el apellido del Presidente de la Generalitat. No tardarán en criticarme, quienes solo lean el titular de este Post, por no saber acentuar adecuadamente las palabras. 

Con todo el respeto, me vuelvo a mi Mapamundi. A ver si me encuentro.