jueves, 15 de noviembre de 2012

LA DESVALORIZACIÓN DE LOS DERECHOS

Da igual que digan que solo salimos a la calle 35.000 personas en Madrid. No importa que piensen que éramos cuatro gatos en todas las otras ciudades. Es lo mismo que saquen cifras que demuestren que la huelga fue poco secundada en base al consumo energético. Por cada mentira, les ponemos poner una foto de farolas encendidas en ciudades a plena luz del sol para incrementar ese consumo y falsear los datos. O, tal vez, panorámicas de otras manifestaciones contra el aborto en las que se quintuplicaban el número de asistentes viéndose los espacios más vacíos. Igual, incluso, podemos explicar que esta torpe manía de contar pocos asistentes es peligrosa, como sucedió en el Madrid Arena. 

Da igual. No podemos perder el tiempo con lo obvio. Los que caminamos las calles de todas las ciudades ayer sabemos que vivimos algo grande, muy multitudinario, más que en otras ocasiones. Y eso, a día de hoy, es un milagro. Porque hay héroes anónimos que deciden jugársela haciendo huelga, renunciando a una parte de un sueldo que todos cada vez necesitamos más, y exponiéndose a represalias de muchos empresarios (Otros no, que quede claro). Porque hay otros héroes anónimos que trabajaban ayer por la tarde siendo Servicios Mínimos y estuvieron en los piquetes informativos por la mañana. Porque hay otros para los que hacer Huelga era perder el empleo, y fueron a trabajar pero acudieron a las manifestaciones. Porque hay otros que viven en las afueras, o tenían a sus hijos malos, o alguien a quien cuidar, y no pudieron acompañarnos. Centenares, lograron acercar sus coches al centro y, tras conseguir aparcar en un perímetro amplísimo, cuando volvieron a sus casas encontraron multas, porque ya se encargó el Ayuntamiento de Madrid, por ejemplo, en declarar ayer el Día de la Recaudación. Porque, en definitiva, todos sabemos que, siendo muchísimos, somos en realidad muchos más de los que estuvimos. Muchos más. Y repito, digan lo que digan.

Pero no somos ciegos. Sabemos que faltaban otros muchos.

Nuestro enemigo, sin embargo, no es solo un Gobierno neoliberal que aprovecha las circunstancias para emprender una empresa mayor, tal y como explicaba de forma clarificadora el amigo @sebas__martin en este post http://criticademitiempo.blogspot.com.es/2012/11/la-gran-regresion.html. Tenemos otro mucho más feroz bajo mi criterio. Es la desvaloración de los derechos. Dicho de otro modo, la pérdida o devaluación del sentido de la importancia que tiene mantener y defender determinados logros sociales obtenidos históricamente. O, al menos, no perderlos tan baratos.

A no todos les interesa la política. A no todos les convence el discurso de que hay que pelear derechos colectivos. La solidaridad no es innata, no reina por encima de todo lo demás. La solidaridad se construye con ejemplo y con educación. Empatizar con los problemas ajenos es algo que necesita tiempo, que precisa de algo más que un formato televisivo.Y movilizar, una vez se ha empatizado, es un proceso difícil del que dependen muchas cosas. Es preciso poder disponer de la oportunidad de hacerlo. Y a menudo no es fácil. 

Vivimos en un mundo donde la explosión de información es abrumadora. Esto ya se decía hace una década, no pretendo descubrir nada. Tanta información a tu servicio te atonta. Uno no sabe discriminar lo que es información de lo que es ruido, y esa es la clave. Los medios, la publicidad, todo va encaminado hacia una visión individualista de las necesidades. Si a mí me va bien, perfecto. Si a otros les va mal, en todo caso me preocupará el rato que un programa de televisión de La Sexta me lo cuente. Después, cuando llegue Eva Hache para hacerme reír, se me habrá pasado todo. Y hasta que me cuenten otro problema mañana.

Bajo este punto de vista, en el que se encuentra un buen porcentaje de la población (no nos engañemos) los derechos se tienen, no se han conseguido, no se ha peleado por ellos. No hay memoria, porque si hay memoria hay discusión, hay debate. Y nadie quiere debatir. Prefieren que otros debatan por ellos para facilitarles las ideas que deben de defender. Es la sociedad de los tontulianos. Los derechos son invisibles, qué importa si los lograron obreros jugándose la vida. Perderlos, así, es muy sencillo. Abusar de una población, llamando democracia a unas elecciones con truco, para garantizar que los pequeños partidos vean limitado su margen de crecimiento, es pan comido. Porque la protesta va incorporada al Pack del ruido mediático. Porque la violencia también lo incluye. Cuando más se hable de porrazos, menos se habla de ideas, de esfuerzos, de injusticias sociales, de una masa social exigiendo cambios. 

Hay otra masa de españoles que se han convencido de que esto es un gran bache, que les afecta más o menos, pero que obedece a un plano personal. Sí, están mal las cosas, pero ni una Huelga ni nada va a lograr cambiar esto. No asumen el concepto de lucha de clase, porque les parece antiguo. No han auto-construido un concepto de solidaridad social porque nadie se lo ha enseñado, porque han crecido sin dificultades graves, porque poca gente, en su sano juicio, quiere complicarse la vida con lo ajeno cuando ya tiene suficiente con lo propio. Su ejercicio del voto es mecánico. Defienden el voto al Bipartido como defienden a los jugadores del Barcelona o del Madrid, es decir, en oposición al otro y desde el "tú más". Pero no son tontos, que nadie se confunda. Ni ellos son unos ignorantes, ni nosotros la élite consciente que debe de dirigir ningún rebaño. Tienen sus razones para actuar así, y son lógicas, entendibles. Pero también tienen, como todos nosotros, su parte de responsabilidad en esta gran injusticia en la que se ha convertido este país. Y hay que seguir trabajando.

No podemos cargar contra la mayoría. No somos más que nadie porque leamos más o menos, escribamos en un blog o en otro. No aprecio grandes diferencias entre ver La Noria y ver Salvados, sinceramente. Tenemos que dejar de bloquear, en nuestras redes sociales, a todo aquel que nos lleva la contraria (a no ser que lo haga faltando al respeto); tenemos que hacer un esfuerzo pedagógico que consiste en seguir explicando, argumentando, dando razones, motivos plausibles, causas y consecuencias de hechos, sin pedanterías, sin ánimo de infravalorar al resto, que no es menos por no haber leído a Gramsci, ni tampoco por no acudir a las asambleas del 15M.



Tenemos que ayudar a construir esa solidaridad social entre quienes aún, y a pesar de todo, no la han interiorizado. Hacer autocrítica sin miedo más que culpar al resto de nuestras limitaciones. Y todo eso sintiéndonos orgullosos de los que ayer tuvieron el mismo pálpito que yo: que cada vez somos más, que sabemos lo que queremos defender, y que somos conscientes del valor que tiene lo que nos quieren robar. No se lo vamos a poner fácil. 


viernes, 9 de noviembre de 2012

SOBRE SUICIDIOS Y DESAHUCIOS de @AntonioMaestre y @Raskolnistan


El pasado mes de julio se publicó en este Blog “La sangría del suicidio en España” (http://elblogderaskolnikov.blogspot.com.es/2012/07/la-sangria-del-suicidio-en-espana.html) un post que fue aceptado y criticado a partes iguales, y que ha recibido, hasta la fecha, más de 55.000 visitas. Con el agravamiento de la crisis, llevamos un par de meses donde los medios, tímidamente, empiezan a llevar a sus titulares noticias vinculadas al suicidio. Pero existe un claro riesgo de “amarillear” el problema, algo que no resuelve nada, que puede hacer más daño aún a las víctimas, y que incluso puede tener un efecto contraproducente sobre futuros casos. La finalidad de este post no es otra que reflexionar sobre aspectos clave que permitan que la información que se ofrece sobre estos casos no agrave el daño a los perjudicados. Por tanto, que pueda servir también para todo aquel espectro de la izquierda que airado, como no puede ser de otra manera, por casos de suicidios vinculados a desahucios, puedan realizar su función de denuncia y rechazo social sin caer en los errores apuntados. La postura, pues, es clara: Hay que denunciar las causas, pero cuidando algunos aspectos.
SOBRE LOS DATOS ESTADÍSTICOS RELACIONADOS CON EL SUICIDIO Y LA CRISIS
En primer lugar, los últimos datos que ofrece el INE son de 2010 (http://www.ine.es/prensa/np703.pdf). Se habla de 3.145 muertes, una media de 9,3 suicidios diarios en España. Es, porcentualmente, una de las tasas más bajas de Europa, a pesar de ser terriblemente inquietante. Pero la comparativa no define nada. Tener más o menos agravado un problema no resuelve nada. España, por ejemplo, tiene una de las tasas de delincuencia más bajas de Europa y, sin embargo, la mayor población penitenciaria. Lo trascendente es a qué obedece que algunos consideren que más de sesenta muertes semanales tenga que ser algo normal o inevitable.
Los instrumentos de medición son lo que son. No hay otros. Por cada suicidio consumado, hay muchos intentos. Hay métodos más efectivos que otros, de eso no hablaremos, pero cada día en este país intentan acabar con su vida, como mínimo, treinta personas. En algunos casos, los expertos los definen como una llamada de atención. En otros, el enfermo queda hospitalizado, a menudo en situación irreversible. La muerte no es inmediata, pueden pasar días o meses hasta que se produce y, entonces, la causa de defunción no tiene por qué reflejar el suicidio. Cualquier médico que atiende casos en los hospitales podría contarlo. Las estadísticas, siendo demoledoras, reflejan una realidad light, porque es mucho peor.
La vinculación entre crisis y suicidio tampoco está probada estadísticamente. Se observan tendencias. En Grecia han aumentado mucho, hay líneas que se cruzan significativamente cuando vemos grupos de edad laboral e incremento de paro, como reflejaba Javier de Rivera en eldiario.es (http://www.eldiario.es/zonacritica/Aumentan-suicidios-crisis_6_63053703.html). Pero otras donde se observa un descenso, como ocurre con la Tercera Edad. Tendremos que esperar a que INE hable de la incidencia del suicidio en 2011 y 2012, años en los que han cristalizado verdaderamente los efectos de las crisis, para salir de dudas.
Pero hay que hacer un matiz importante. Hablar de suicidio no puede ir únicamente asociado a un determinado hecho concreto. Cuando un ciudadano desesperado se quita la vida cuando se va a proceder al desahucio de su casa, el procedimiento que inicia un banco no es el único factor que promueve la fatalidad. Es solo un ejercicio de insensibilidad macabra, un juego absurdo pero aún legal con el que se divierte el sistema financiero. Es la gota que colma un vaso, lo que en psicología clínica se considera el detonante, una más de las causas de esta complejísima realidad social. Porque si se produce un desahucio, antes ha habido impagos. Y si no se ha podido pagar, es porque no se ha tenido con qué pagar. Entonces viajamos a la situación del mercado laboral (tal vez un despido, el paro de larga duración, la pérdida de ayudas), y al agravamiento de las situaciones familiares (tensiones, rupturas, soledad, sentimientos de culpa, deterioro de la salud mental). Y si, cuando todo esto se produce, no hay detrás un estado de bienestar que facilita la atención, que muestre solidaridad, que ayude y prevenga estas situaciones, la desesperación es creciente, el deterioro progresivo y las probabilidades de un final no deseado mucho mayores.
Que no se rasguen las vestiduras los políticos en esto. La izquierda no puede limitarse a acusar a los bancos de estos hechos. En los recortes sociales está el caldo de cultivo de este problema. Y decimos recortes, cuando ya la inversión era baja de por sí. Porque si alguien precisa ayuda, si alguien accede al horrible mundo de las enfermedades mentales a través de una depresión de verdad (no lo que coloquialmente decimos que es una depresión cuando alguien está triste), o si no se tienen 60 euros semanales para recibir apoyo de un terapeuta privado, en el sistema de Salud Público a uno le pueden dar cita para varios meses más adelante. Triste, horrible, a pesar de los esfuerzos de nuestros médicos públicos, a pesar de su elevada cualificación. Ni los Servicios Sociales ni los de Salud Mental están capacitados hoy para atender una avalancha de situaciones deterioradas. Y la tijera que agrava la situación psicosocial de los ciudadanos ya sabemos quién la pasa. Aunque el que dispare en el pelotón de fusilamiento sea Bankia o cualquier otra. No conviene olvidarlo.
SOBRE LA RESPUESTA POLÍTICA
Los suicidios son una constante, sí. Lo son en todas las sociedades, especialmente las modernas, es lo que Emile Durkheim en su obra “El Suicidio” consideraba el suicidio anómico, provocado por la imposibilidad de las sociedades modernas de dotar al individuo de los elementos necesarios para lograr sus metas en la sociedad, es la ruptura del equilibrio social, en la coyuntura actual, la anomía no solo se produce por la imposibilidad de dotar a los ciudadanos de esos elementos, sino de arrebatar mediante los desahucios de los que el mismo individuo se ha dotado con su trabajo.Tradicionalmente se asociaban al clima, que puede tener su parte de influencia. También se hablaba de una línea hereditaria. La vinculación con la enfermedad mental es real, pero abarata mucho los costes y la responsabilidad del Estado, porque acaba metiéndolos en el saco de lo “inevitable”. Pero si en esta lista de la infamia que suponen 9,3 suicidios diarios, somos capaces de reducir tan solo uno, fomentando la solidaridad y los servicios públicos, estamos evitando 365 pérdidas al año, losas enormes para familias que no se van a recuperar sin un apoyo que no existe. Esa degradación también tiene efectos perversos en las líneas de continuidad del suicidio dentro de determinadas familias.
Recientemente, una proposición no de Ley en el Congreso ha contado con un apoyo unánime. El objetivo es redefinir los objetivos y acciones de prevención del suicidio. Es un paso. El texto, redactado por Beatriz Becerra (UPyD), autora de un libro muy necesario titulado “La estirpe de los niños infelices”, hace hincapié en tomar en serio las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud al respecto (http://www.upyd.es/contenidos/noticias/318/89253-Historica_iniciativa_del_Congreso_para_la_prevencion_del_suicidio_a_propuesta_de_UPyD). ¿Cuáles? Aquí:  http://www.who.int/mental_health/media/en/63.pdf y aquí, por ejemplo: http://www.who.int/mental_health/prevention/suicide/suicideprevent/es/index.html. Sería un verdadero logro que así fuera y que además viniera acompañado de inversión, de dotar de herramientas a los profesionales de lo público para poder trabajar en condiciones que les permitieran detectar e intervenir sobre los casos.
Olviden los colores políticos. Nuestro sistema es el neoliberalismo y sus efectos perniciosos siempre recaen sobre las clases más desfavorecidas. Es injusto en sí mismo. La crisis es solo la exposición del sistema a sus consecuencias naturales. Es importante llegar a consensos en este aspecto pero sin olvidar que, siendo necesario y además urgente, es contradictorio apoyar las medidas económicas que favorecen la desesperación de las familias cuando quedan excluidas de la rueda, con crisis o sin ella. Podemos poner las vendas, pero siempre que seamos conscientes de que somos quienes originamos las heridas.




SOBRE EL MALDITO SILENCIO
Efectivamente, el suicidio se da en todos los países, en todos los modelos económicos. De acuerdo. Pero, ¿En todos los modelos económicos se condena al silencio a las víctimas y familiares? ¿Qué tiene que ver la moral católica en ese aspecto feroz? Mucho. Vamos sacando con esfuerzo del ámbito de la intimidad algo que ahora denominamos violencia de género, y que existió siempre. En la violencia de género, además, se confunde claramente lo que es la denuncia y la repulsa, con la exhibición continua de los métodos del agresor que, curiosamente, repiten otros a continuación Para la violencia de género no hay códigos éticos y, de haberlos, se incumplen reiteradamente.
Pero el suicidio sigue formando parte de esa esfera de lo íntimo, en el que la culpa católica tiene un efecto pernicioso. Cada religión valora el hecho de quitarse la vida de un determinado modo. La que está anclada a nuestra sociedad, siempre lo valoró negativamente, condenando al silencio a los familiares, que a menudo niegan el hecho e incluso solicitan a los médicos que pongan otras causas de defunción que no sea el suicidio. Acudan a los pequeños pueblos. Existe aún mucho silencio al respecto entre familias, incluso dentro de ellas. Pero no pierdan de vista las ciudades, donde al drama de la pérdida se añade un sentimiento de vergüenza, incluso vecinal, que debemos denunciar. Porque no puede ser tal, porque la solidaridad debe de romper con el silencio para que esas familias salgan adelante, si el hecho está consumado. Y, sobre todo, para que si alguna familia tiene en su entorno a un ser querido que está en grave riesgo, pueda decirlo sin miedo, sin que nadie les juzgue, y encuentren los puntos de apoyo necesarios para intentar sacarlo adelante. Cualquier psicólogo podría explicar, mil veces mejor que nosotros, los efectos devastadores que tiene en la vida de una persona, no elaborar los duelos adecuadamente.



La tradición católica que definía el suicidio como un crimen horrendo contra dios en un artículo de 1897 en el diario la Victoria sigue enraizado de forma subconsciente en nuestra sociedad

http://prensahistorica.mcu.es/es/catalogo_imagenes/grupo.cmd?interno=S&posicion=1&path=5022943&presentacion=pagina



SOBRE LOS MÉTODOS Y LOS PERIODISTAS
En 1909, un sociólogo y criminólogo español, Constancio Bernaldo de Quirós, escribió un libro llamado “El doble suicidio por amor”. En él recogía las enseñanzas de Durkheim sobre el tema y añadía una investigación propia en la que dejaba en evidencia un hecho: la exposición no tiene, en sí, un efecto imitación. La publicación del método sí. Y lo demostraba valorando la incidencia y repetición continua de un determinado método que se popularizó por un tiempo a lo largo del país.



Las personas que tienen pensamientos suicidas buscan y piensan durante meses, a veces años, cuál es la mejor manera para suicidarse, el miedo a fracasar en el intento y no solo a no conseguir el objetivo sino el miedo al fracasar de hacer evidente su dolencia ante familiares y amigos impide que muchas personas lleven a cabo su suicidio.



No es casualidad que existan por ello lugares propensos a los suicidios, el puente de los franceses en Madrid fue un lugar en el que muchos decidían acabar con su vida, así como en el Golden Gate, el lugar donde más personas se suicidan cada año. El hecho de que decenas de personas elijan un mismo lugar reiteradamente se debe al efecto Werther, un efecto de imitación ampliamente documentado.



El Efecto Werther, debe su nombre al Joven Werther, protagonista de la novela “las penas del jóven Werther” de Goethe, en la que el protagonista se suicida y llegó a provocar una oleada de suicidios tras su publicación entre los lectores más jóvenes. Este efecto contagio llevó a la organización mundial de la salud a realizar unas recomendaciones para informar sobre los suicidios.



Es completamente necesario informar sobre esta realidad social, los suicidios en los que el detonante son las causas económicas son una evidencia, y es una obligación moral hacer evidente lo que hasta hace poco siempre ha permanecido oculto. Pero para no causar más daño del que se propone mitigar es necesario ser muy cuidadoso con la información que se aporta sobre los suicidios.



La Organización mundial de la Salud recomienda a la hora de informar sobre los suicidios.



1- Deben evitarse las descripciones de los métodos usados por los suicidios. Se ha constatado que la información referida a los métodos aumenta el efecto imitación en esos métodos de suicidio. Evitar dar publicidad a escenarios habituales de suicidios, puentes, edificios etc...



2- Evitar informar del suicidio como consecuencia de un solo elemento, el suicidio es un proceso muy complejo que lleva asociados diferentes elementos, muchos de ellos imposibles de evidenciar.



3- Nunca debe presentarse el suicidio como solución para enfrentarse a los problemas.



4- Nunca tratar a las víctimas de suicidios como héroes o mártires ni objetos de adulación pública, como ocurrió con el caso del jubilado griego que se suicidó en la Plaza de Syntagma, en Grecia. Este modo de informar puede sugerir a las personas con vulnerabilidad que el comportamiento suicida tiene prestigio social.



Es necesario por lo tanto a la hora de informar sobre suicidios hacer hincapié en las causas conocidas, no en la persona y el caso particular, obviar el cómo y fijar la noticia en el detonante, en las causas, en el porqué. Definir el elemento que hizo a la persona acabar con su vida para encontrar soluciones y evitar que ese elemento sea el detonante de suicidios futuros. Si se consigue discriminar el motivo que hizo a una persona dejar de luchar por la vida, hacerlo público.



Es evidente que la crisis económica y los desahucios actúan como detonante en los suicidios de muchas personas, por ello es necesario informar sobre ese detonante, quién ejecutó el desahucio, si esa persona tuvo opciones para evitar ese desahucio y la sociedad anómica se las negó, es decir, identificar a los responsables, entidades bancarias e instituciones que hicieron a esa persona no ver otra salida que el suicidio.

Datos de suicidios 2011:
http://elblogderaskolnikov.blogspot.com.es/2013/02/61-personas-se-suicidan-cada-semana-en.html