martes, 31 de diciembre de 2013

EL MIEDO

El barco atravesó el Río Gambia, a apenas 400 metros de su desembocadura en el Océano Atlántico. Cansada del largo viaje en furgoneta desde Dakar, me apoyé en la mochila contemplando aquel cielo oscuro y desconocido para mí.

Fatú, que nos acompañaba, me preguntó:
  •       ¿En qué piensas?
  •       No sé. Estoy lejos de casa. Supongo que tengo un poco de miedo.

Sorprendida, me miró a los ojos y me dijo:
  • ¿Miedo? ¿Qué es el miedo?
  • ¿De verdad no lo sabes?
  • En Gambia –Dijo- tenemos otras cosas, pero no miedo. Tenemos la basura por los suelos, niños enfermos por la malaria, andamos varios kilómetros para poder ir a la escuela, trabajamos en el campo el resto del día, tenemos un cielo bonito, un Dios que nos cuida y gente sabia en el pueblo. Y una radio y un televisor. Sacamos agua del pozo y la bebemos aunque vosotros decís que está contaminada. Algunos familiares han tratado de llegar a tu país y a veces no volvemos a saber nada de ellos. Un médico cubano nos atiende gratis en Brikama y… se me olvidaba, tenemos una fiesta tradicional, cuando somos más pequeñas. Viene toda la familia, la organizan las mujeres mayores y consiste en la ablación del clítoris.

Yo me quedé callada. No supe que responder.
Fatú siguió.
  • ¿Lo ves? En Gambia tenemos muchas cosas también. Pero miedo no. El miedo, como la ansiedad y la depresión, debe de ser cosa de ricos.

sábado, 21 de diciembre de 2013

PRÓXIMA PARADA: MEMORIA

Llovía aquella mañana en la que tres obreros removían tierra junto a una estación de metro, en la que se iba a instalar un ascensor que descendiera hasta el andén. Allí, como todos los días, sentado en un banco próximo, un abuelo leía el periódico. De cuando en cuando, se entretenía observando a los trabajadores acometer su faena, recordando la propia cuando apenas contaba con quince años de edad.

Eran otros tiempos.

Pero aquel día gris, entre escombros, apareció un trapo extraño, viejo y desgastado. Uno de los obreros dijo:
·                                                                           Parece una toalla”.

Otro lo desmintió:
·                                                                         “Es imposible. La tela es más fina. Tal vez un mantel”.

El último corrigió a los anteriores, diciéndoles:
·                                                                        Es una bandera. Pero no sé de dónde”.

El abuelo miraba la escena sin dar crédito. Se incorporó, fue hasta ellos y les dijo:
·        
     “Si vosotros supierais lo que significa esta bandera…; si vosotros comprendierais qué es esta franja morada…; si os hubieran enseñado a querer lo que ella representa, no consentiríais lo que os hacen, no permitiríais que jugaran con la educación de vuestros hijos; tampoco con la salud de vuestros padres. Creedme si os digo que no pararíais hasta recuperar la dignidad de vuestros abuelos. Porque ellos, los que os pagan, los que os mandan, ganaron el día que consiguieron que obreros como vosotros no reconocieran siquiera estos colores”.

Y se marchó.

En silencio, dos obreros retomaron la faena. Otro miró a su alrededor, tratando de digerir lo que acababa de escuchar. De la boca del metro salía una chica con una camiseta verde para defender la educación pública. Un hombre de mediana edad, que caminaba en dirección opuesta, dejaba ver una pegatina de “Stop Desahucios” sobre su pequeña maleta. En el cielo, un helicóptero de la policía vigilaba una manifestación cercana, en defensa de la sanidad para todos.


Arreció la lluvia. Aquella gente sacó sus paraguas. Todos llevaban uno diferente, pero todos buscaban lo mismo. Que el agua no borrara los valores de aquella bandera. Y muchos, como aquellos obreros, aún no se habían dado cuenta.

*Relato presentado a XI Certamen de Relato Breve "Un metro de 350 palabras" convocado por Solidaridad Obrera.

martes, 3 de diciembre de 2013

EL BRASERO QUE MATÓ A SARAH

Sarah. Así se llamaba. Tenía trece años. 

Vivía en Tesalónica, Grecia. Un país secuestrado por la Troika y en el que miles de familias soportan un crudísimo invierno. Las compañías eléctricas han cortado la luz y el gas a miles de familias que no pueden hacer frente a los costes, sin hablar siquiera de las indecentes subidas del servicio desde el inicio de la crisis. 

La madre de Sarah se hizo con un brasero para calentar la casa. Dicen los que saben que los braseros de carbón o derivados tienen elevados riesgos cuando hay escasa ventilación. Emiten gases. Puedes quedarte dormido. No despiertas jamás. Y tampoco vuelves a tener frío.

La policía griega detuvo a la madre, que resultó herida, acusándola de homicidio culposo por negligencia. Era la policía que ampara a un gobierno que debe casi 600.000€ de la factura de la luz de la sede de su partido. 

A continuación, la dejaron libre. Eso sí, le aguardaba una sorpresa. Como no era griega (su origen es serbio) y tampoco estaba "regularizada" (patética palabra que me niego a mencionar sin entrecomillar) la han dado un mes para abandonar el país.

En España, esta es la lista que publicaba hace unos días el periódico 20 Minutos. Son aquellos Ministros o ExPresidentes que se han ido recolocando en empresas energéticas con sueldos millonarios. Es su jubilación y, también, la forma de agradecer un vasallaje. 
Exministros que trabajan para grandes empresas
http://www.20minutos.es/noticia/1653786/0/ministros/sueldos/empresas/
Corrupción pública, legal e inmoral, que exhiben a diario los miembros más destacados del PP y del PSOE en ese engranaje turnista que protege la Constitución y su sistema electoral. Hasta aquí, nada nuevo. Pero como en Grecia, las empresas que pagan la jubilación a los expolíticos del PPSOE han subido los precios de los servicios básicos de cada casa un 50% desde el inicio de la crisis. Una locura si tenemos en cuenta el progresivo empobrecimiento de la gente. La consecuencia es la misma. Como en Grecia, las empresas amigas del PP y del PSOE han cortado la luz a más de medio millón de familias en los dos últimos años, justo cuando más dura era la crisis y cuando más dificultades pasaba la gente que les legitima con su voto. Solo hay una cosa que no ha cambiado. Siguen manteniendo beneficios estratosféricos.

Esto da para muchas falacias, como la de esa portavoz regional de Castilla La-Mancha del PSOE que le dice a Cospedal eso de "hoy está helando y a 70.000 personas le han cortado la luz". Sí, señora, pregúntele a Cospedal, pero también a Solbes, Solana, Felipe González, Borrel, Boyer, a la mujer de alguna futura estrella del PSOE, etc. O son tontos, o lo parecen, o nos toman por ello. 

Es el PSOE. Es el PP. Son los dos los que están consintiendo, además de todo lo demás, que miles de niños estén refugiados en mantas y durmiendo a ocho, diez o doce grados de temperatura porque sus padres no pueden pagar el recibo y las empresas que les pagan les han dejado a oscuras y al rigor del invierno.

Tal vez alguna familia española esté encendiendo el brasero cualquier noche, tarde o mañana como esta. Tal vez suceda algo malo. Ojalá no. Que no ocurra no reduce la responsabilidad de los dos partidos mayoritarios. Son el brazo ejecutor. Son cómplices del frío, del hambre y de la desesperación de la gente. Y, por supuesto, de la muerte cuando esta sucede como consecuencia de lo anterior. Y quien no quiera ver esto, no tiene alma. Se la habrán comido las bestias del neoliberalismo. Pensarán que no hay que exagerar. Volverán a votarles, porque les han dicho que van a cambiar. Actúan como el maltratador, frente a su víctima. Ahora corren a pedir una nueva oportunidad de demostrar su amor por la gente. Lloran detrás de arbustos por las cuchillas que instalan en las vallas de Melilla. Lamentan congelar las pensiones de nuestros mayores. Prometen no volver a recortar nada. Quieren volver a casa, o no salir de ella. Y volverán a golpear. De eso no hay duda. Ya lo hicieron antes. 

Sarah es un nombre más. Aquí tiene su espacio. Para no olvidar qué la mató y, sobre todo, quién lo consintió. En Grecia, en España, en toda Europa. 

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lunes, 11 de noviembre de 2013

QUIÉN FUERA PERRO

Se sentó sobre la cama. Abrió una vieja carpeta que guardaba bajo el colchón. Allí encontró centenares de manuscritos escritos con letra de mujer. Siempre la misma, Tatiana, la inmejorable compañera que tomaba los apuntes en clase, y que luego él pedía para fotocopiar.

Tardó seis años en terminar la carrera de Historia. Sacó buenas notas, estudió con beca, y trabajó al mismo tiempo. Repartió publicidad, sirvió copas, realizó estudios de mercado y fue dependiente en una tienda de ropa. Al finalizar la carrera, aupado por el impulso de quien quiere comerse el mundo, se independizó. Desde entonces, compartía piso con un par de amigos por el centro de Madrid.

Tan solo tres años después, las cosas habían cambiado demasiado. Sin trabajo y agotado el paro, renunciaba a regresar a casa de su madre. Pero no solo eso. Renunciaba también a darle el disgusto de saber que el primer universitario de la familia no tenía ni con qué comprarse la ropa. Decidió prescindir del teléfono y explicó que se trataba de una opción personal, de llevar la contraria a este estúpido sistema de esclavitud moderna. Fue, progresivamente, cerrando sus contactos, saliendo menos, esquivando a sus propias amistades. Se encerró. A nadie quería decir que no tenía forma de tomarse una cerveza.

La primera vez que pensó en salir a pedir por la calle lo hizo por hacerse daño a sí mismo. Fue muerto de rabia, tras no haber sido seleccionado en una oferta de empleo eventual. Nunca se lo hubiera imaginado. Pero aquella tarde, a espaldas de su familia, sin decir ni mú a sus compañeros de piso, la cuenta en la que guardaba los ahorros restantes se había quedado a cero. Nada, a partir de ese momento, podría costearse. Nada. Absolutamente nada.

Eligió la calle Fuencarral de Madrid. La frecuentaba tiempo atrás, cuando salía de noche o tomaba un café con su antigua novia a la salida de su trabajo, en un estudio de arquitectura cercano. En Madrid comenzaba una huelga de basuras y las temperaturas habían descendido. Por fin noviembre. Noche cerrada a las siete de la tarde.

Escogió un rincón. Se sentó. Sacó unos folios en blanco que había rescatado de la carpeta de los apuntes de la universidad. Cogió el bolígrafo y paró un instante. No sabía qué poner, cómo transmitir a la persona que pasara indiferente por su lado cuál era la situación en la que se encontraba. Miró a su izquierda. A varios metros, en una bocacalle, una mujer pedía de rodillas. Temblaba de frío. 

Justo enfrente de ella, una pareja salía de una tienda cercana. Reían a carcajadas. Llevaban un regalo envuelto dentro de una bolsa. Se trataba de una tienda de ropa de diseño para perros. Cazadoras, jerseys, camisetas, chubasqueros, gorros, minipantalones, calcetines, calzoncillos, incluso bikinis, a precios módicos que oscilaban entre los 15 y los 100 euros.

Desde su rincón, con el papel aún en blanco, rompió a llorar. Después, como por instinto, escribió: “Quién fuera perro”. Arrugó el papel y lo tiró. Se levantó y se acercó hasta aquella mujer. Quiso abrazarla, pero no se atrevió. Quiso darle dinero, que no tenía. Quiso pedirle perdón por atreverse a sentarse cerca. Él estaba bien abrigado y aún tenía un techo.

Se marchó.


Aquella noche, cuando sonó el timbre de la puerta, su madre le recibió con una enorme sonrisa. No le esperaba para cenar. 

Ni para dormir. 
Ni para desayunar. 

jueves, 3 de octubre de 2013

UN NIÑO EN LAMPEDUSA

No tiene precio esta tumba. No lo tiene, porque no dice nada. Nada dice sobre cómo te llamabas, dónde naciste, para qué viniste al mundo, o qué esperaba tu madre cuando quiso que le acompañaras, a pesar de tu corta edad, por montañas y valles, por desiertos de hambre y sed, camino de un mar, de una barca, de una vida.

Yo creo que te llamabas Javier. O Firás. O Alou. O yo qué sé.

El caso es que hubieras ido a un colegio. De eso se trataba. También de cama, de techo y de pan. No querías cambiar nada de lo que te rodeaba. No deseabas faltar al respeto a un país. No pretendías convertir a nadie a la religión que nunca tuviste. Solo comer, vivir, aprender, sentar las bases para poder soñar, para que un buen día descubrieras por ti mismo que ni Libia, ni Siria, ni Mali, ni Guinea, ni Somalia, ni ningún país merecía lo que estaba viviendo, que todo era mucho más complejo que aceptar las reglas del juego, que para que mi familia estuviera bien, con el calor del gas, con la luz, con la nevera llena de cosas innecesarias, tu familia tendría que pasar hambre, sufrir ataques de extremistas religiosos amaestrados con mis impuestos, o pagar las deudas de una extorsión colonial de siglos de antigüedad.

Ya no recuerdas tu viaje y me alegro. Todo fue rápido. No culpes a aquellos barcos pesqueros que vieron a los adultos de la barca pedir ayuda. Temían ser denunciados por dar soporte a inmigrantes ilegales. Temían ser personas en una sociedad que les deshumaniza. Temían volver a tener corazón, porque aquel con el que crecieron ya se lo habían comido las bestias, como decía Baudelaire.

No te prometo que nada vaya a cambiar. Tu muerte, la de los cientos que te acompañaban, mañana pasarán a un segundo plano, tras un titular deportivo o una noticia sobre corrupción. Aquí pasa igual. Tras cada patera, tras cada asalto a la valla de Melilla, cientos de noticias irrelevantes, patrias por conquistar, banderas para dividir, detenciones para prolongar guerras, policías armados para desahuciar niños, y cuántas cosas más.

Mira, tal vez mejor así. No merecemos tu compañía. No somos dignos ni de tu sonrisa, ni de tus ojos despiertos. No estamos a la altura de tus sueños. Olvídanos, hasta que cambiemos algo. Hasta que podamos poner un nombre a la tumba que ocupas. Hasta que podamos decir que luchamos para que tu vida fuera distinta.




Hasta entonces.


martes, 27 de agosto de 2013

¿QUÉ HACEMOS CON SIRIA?

Hay un razonamiento recurrente que circula por las redes sociales estos días. Es el que pregunta "¿Qué hacemos ante el uso de armas químicas contra la población siria?. Pregunta que, por otra parte, que es una trampa en sí misma. Me explico.

No tengo intención de hacer muchos amigos con este post. Creo que el gobierno de Al Asad es perfectamente capaz de arrojar armas químicas contra su pueblo. Creo que su régimen está amortizado después de 43 años de gobierno entre padre e hijo, y creo que ha caído en la violencia sectaria y que cuando tuvo manifestantes pacíficos delante, al principio de todo esto, no debió usar tanques. Creo que la tolerancia religiosa, el laicismo y el contrapeso a Israel han sido algunas de las virtudes del régimen. Pero la guerra lo está enfangando todo.

Hay otras cosas de las que estoy convencido. La primera, que tras aquellas ingenuas manifestaciones de estudiantes de hace un par de años estaba todo un conglomerado bien organizado, con sede en Londres, para llevar a Siria a una guerra civil, sectaria igualmente. 

La segunda, que esa oposición siria amable con los europeos y norteamericanos, se ha dejado acompañar y ha promovido a grupos extremistas (que los mismos gobiernos que les han financiado y armado han tenido que reconocer que formaban parte de Al Qaeda). Sí, los aliados de Estados Unidos han entregado armas a Al Qaeda en Siria, para debilitar al régimen a costa de la vida de muchos inocentes. Así de simple. 

La tercera, que tanto Israel como Turquía cobran en esto un papel protagonista, por distintas razones, igual que Francia, Inglaterra, Arabia Saudí o Catar, que más que un país parece una oficina de comercialización de actividades terroristas en los países próximos. Eso sí, estos bien que reprimen al primer manifestante que se mueve. Para ellos no caben en los medios internacionales palabras de rechazo o crítica formal. Son amigos. 

La cuarta, que Obama parece no haber querido intervenir en este polvorín sirio hasta no encontrar la justificación adecuada, y que se la han puesto en bandeja. No sé si las armas las arrojó Al Asad o los terroristas sirios. No puedo saberlo. Lo que sí sé es que han matado inocentes y que tiene que haber consecuencias. Y, por supuesto, que de repente ha aparecido la oportunidad, como caída del cielo, para desarrollar un plan que se llevaba trabajando desde hace años.

Y justamente aquí aparece el ciudadano, situado a la izquierda o a la derecha, y asustado por las imágenes de niños asfixiados, y que pregunta "¿Qué hacemos?".  Llega tarde, porque después de 80.000 muertos en esta guerra, se hace esta pregunta justo cuando les interesa a unos, esos que, precisamente, no pueden dar ni una sola lección de respeto a los derechos humanos, tampoco en el uso de armas químicas. El imperio, como se suele decir, no tiene credibilidad alguna. Si, como dicen, Al Asad tiene a su pueblo en un auténtico campo de concentración, entenderá el ciudadano de a pie que esa pobre gente no va a ser liberada a base de bombas que caigan del cielo. Tampoco a base de armar a fanáticos religiosos como ha hecho Turquía o Catar, y que presumen de comer corazones, matar cristianos, o decapitar sospechosos. De nuevo, han coincidido los intereses occidentales con los de Al Zawahiri, líder de Al Qaeda. Como en Libia. 

La intervención militar extranjera, sabiendo que no busca proteger a la población, sabiendo que no es ejemplo de nada, sabiendo que tiene otras metas e intereses en la zona, no solucionará nada. ¿Los niños asesinados por drones estadounidenses en Waziristan son menos víctimas que estos pobres críos? Ni siquiera hablo de geoestrategia, de los intereses comerciales de China, o del "imperialismo a su estilo" de Rusia, un país que tampoco tiene el menor interés en los derechos humanos, y que solo quiere salvaguardar su presencia en el Mediterráneo, entre otras cosas. 

Solo cabe la negociación, la exigencia de responsabilidades a ambas partes, responsables del asesinato de civiles. Solo cabe el cese de las armas en ambos bandos, y que los proveedores de las mismas dejen de abastecer la sangre de los niños para luego llevarla a las portadas de la prensa de sus países acusando al enemigo de salvaje. Solo cabe dar una oportunidad a Siria de elegir qué opciones prefiere. Exigir todo eso, es lo que tenemos que hacer. ¿Que soñar es gratis? Sí. ¿Que es muy difícil? También. Lo fácil, es lo otro. Lo fácil es ver esto como una película de buenos y malos (elijan al suyo, da lo mismo) y mirar a otro lado mientras se desangra esa población. Negociar con los terroristas es lo que en mi opinión se debe pedir al régimen sirio, igual que se ha pedido a todos los gobiernos en todas partes, para que cese la violencia sectaria. Y, también, negociar con esa infame oposición que sin mancharse la ropa, se lleva reuniendo dos años para tomar el té en algún lugar de Londres y, desde allí, presionar al mundo con los desmanes de un régimen y las desgracias de su pueblo, tratando de rentabilizar a cada víctima.

Pero la oportunidad ha llegado. Alguien la ha servido en bandeja. Pobre pueblo. 

miércoles, 21 de agosto de 2013

MENORES CONDENADOS A CADENA PERPETUA

Imaginad una noche oscura, y un chico sediento de sangre. Después, un asesinato.

Nos estamos acostumbrando a creer que la violencia sucede de este modo, que uno llega y satisface sus instintos de esta manera. Y aunque tal vez yo sea el menos indicado para hablar de esto (por el nombre del Blog) dejadme que ponga en duda que todo acontezca así, que sea tan sencillo y que nuestra manía de simplificar los problemas de la delincuencia no se basen en una ingenua forma de entender la vida, que necesita que para creernos buenos tengan que existir los malos "por naturaleza".

Ningún endurecimiento de ningún código penal previno la delincuencia o hizo descender las estadísticas de criminalidad. Ninguno. Más efectiva fue, en algún caso, la imposición de fuertes multas al entorno del agresor. Cuando en España se debate sobre la Ley del Menor, y se estima que la inimputabilidad de los menores de 14 años es lesiva, y que las penas para delitos graves en menores de entre 14 y 18 años son irrisorias e insultantes para las víctimas, tal vez se inicie un camino cuyo final es ciertamente complejo. En Irlanda, un menores de 7 años es responsable penalmente de lo que haga. Otros países manejan los 10 o 12 años. Mi opinión al respecto y las tablas de edades ya las publiqué hace tiempo.

http://www.cuantarazon.com/824133/paul-gingerich
Vuelvo al asesinato del principio. 

En 1953 nacieron Pierce Brosnan, Nanni Moretti y José María Aznar. Es un ejemplo. Ray Bradbury publicó Fahrenheit 451 y a Hemingway le dieron el Pulitzer por su obra El viejo y el mar. Se coronó por primera vez el Everest y se lanzó el primer número de la revista Play Boy. La URSS probaba bombas de hidrógeno en Kazakstán y Estados Unidos hacía lo propio en Nevada. Y terminó la Guerra de Corea, por supuesto. Piensen en cómo era la vida en aquella época. Piensen en las escenas clásicas de las películas norteamericanas. Ocurrió algo más. En 1953 un chico de quince años de edad cometió un asesinato. 

Han pasado sesenta años y ese chico de 15 aún sigue preso. Ha cumplido 75 años. No saldrá hasta que se muera. 

En julio de 2013, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó a Argentina por imponer cadena perpetua a cinco menores de edad. Sin embargo, esto es algo casi habitual en Estados Unidos. De los 41.000 presos que tienen impuesta la cadena perpetua, 2.300 son menores, siendo 79 de ellos menores de 14 años. Recientemente, el cineasta Joshua Rofe ha  dirigido "Lost for Life", un documental donde se adentra en algunas de las cárceles de Estados Unidos para conocer a hombres que en su día, de niños, cometieron algún tipo de homicidio o asesinato. Os lo recomiendo a todos. 

La Convención de Derechos del Niño ha sido ratificada por todos los países del mundo salvo dos: Estados Unidos y Somalia. Y prohíbe expresamente la aplicación de la cadena perpetua sin opción de revisión sobre menores de edad. En 2011, Amnistía Internacional denunció este hecho en un informe con el terrorífico título de "Aquí es donde voy a estar cuando muera", que podéis leer aquí traducido al español. Este Blog se une en la denuncia de esta situación inconcebible de quienes dicen defender los derechos humanos a golpe de bombas por cualquier rincón del mundo, y siguen estas y otras políticas internas que vulneran de forma permanente y consciente los derechos básicos de los sectores más frágiles de su propia población.

viernes, 16 de agosto de 2013

CAMINAR SOBRE LAS AGUAS


Fue hace más de diez años. Una viñeta de El Roto, que no he sido capaz de encontrar, lo decía bien claro: El día que los muertos del estrecho salgan a flote, podremos llegar a África caminando sobre las aguas. Así de duro y así de doloroso.

En algunas playas españolas estos días se recuerda esta masacre silenciosa. Algunos colectivos han puesto cruces en recuerdo a unas personas que, además de no tener nombres y apellidos en la mayor parte de los casos, tampoco se sentirían representadas por ese símbolo. La mayor parte son musulmanes o animistas y (¿Quién sabe?) tal vez si fueran católicos y apostólicos, algunos medios españoles les prestarían más atención. Igual las cosas podrían haber sido distintas.

España es un país con muchos problemas y muchos ruidos. En la corrupción, en Gibraltar, en desafecciones políticas, en cantos al abstencionismo, en posmaterialismo de ese que explicaba Inglehart hace algunas décadas. Somos ricos en gastronomía y en fútbol. Tenemos una política exterior vergonzante, en la que vamos de la mano de los malos del mundo. Estamos en países donde no se nos espera, avalando con nuestro ridículo potencial militar acciones que nos traerán consecuencias, pero de las que ya culparemos al partido de la oposición o a quien haga falta.

Pero España es algo más. España es un país rodeado de vallas y muros, visibles o invisibles. Nuestras preciosas playas no están infectadas de tiburones, sino de cadáveres de pobres. Así de simple. Aquello que el amigo Montxo Armendáriz denunció en su maravillosa y pionera película "Las Cartas de Alou", y que entretuvo a los medios durante algún tiempo, sigue ocurriendo y deja un balance desolador. Hace unos días Mohamed Dahiri, de la Universidad de Córdoba, daba la horrible cifra de 20.000 muertos desde 1988. A sumar todos los desaparecidos, que seguramente sean muchos más.  Igual hemos perdido el norte y nos parecen cifras irrelevantes. Casi tres muertos al día que se sepa, durante 25 años. La sangría de la desigualdad. Un mar plagado de cadáveres de personas que querían vivir mejor, soñar con poder ayudar a sus familias. ¿Desde cuándo los pobres tienen permitido soñar?

Así que sigamos adelante con nuestras batallas, desahucios, desaparecidos del franquismo, políticas insolidarias, corrupciones y demás batallas necesarias y justas, pero no olvidemos nunca que tras cada patera, tras cada intento de salto de la valla de Melilla, está la desvergüenza que supone ser colaboradores necesarios de un sistema económico que permite todas y cada una de estas atrocidades, mientras nosotros discutimos si merece la pena votar o no, o si estos son mejores o peores.

He decorado este post con unos comentarios en una noticia donde se informaba de los 20.000 muertos. Esto es lo que hay, amigos. 

http://ecodiario.eleconomista.es/interstitial/volver/unirago13/inmigracion/noticias/3893098/04/12/Mas-de-20000-inmigrantes-muertos-en-el-Estrecho-desde-1988.html
Eso sí. conozco y leo a periodistas (pocos) que no se olvidan de esto y que lo denuncian permanentemente. Gracias a todos ellos. 

miércoles, 7 de agosto de 2013

LA CRISIS COMO CATÁSTROFE NATURAL

El gran empresario llevó de su mano a políticos y agentes sociales, hasta las afueras de la ciudad. Allí, les invitó a mirad un gigantesco descampado y, solemne, les dijo:
- "¿Lo veis? Él nos sacará de la crisis."

Ocurre con las catástrofes naturales. Los que sobreviven siempre deben de darse por satisfechos. Están vivos. Tal vez perdieron una pierna, quizás un brazo, igual arrastren secuelas para el resto de sus vidas pero, eso sí, pueden darse por satisfechos porque se podían haber quedado en el camino, como tantos otros. 

No hablo de Balí, porque esta estafa monumental nada tiene que ver con un tsunami. Tampoco hablo de las consecuencias de un atentado terrorista. Ni siquiera me refiero a un accidente negligente como el del tren de No-Alta Velocidad de Santiago, aunque seguramente sea el que más se le parezca. 

Baja el paro, sí. Otros dicen que es estacionalidad. Unos manipulan las cifras, otros las subrayan con verde fosforito o las decoran. Si el papel de la izquierda es esta opción B, si todo lo que podemos decir es que mienten con sus datos, asumamos entonces que estamos perdidos, que los poderosos nos han comprado un futbolín (por ejemplo, Twitter) y que ahí estamos, jugando entre los escombros de nuestros derechos, muy entretenidos eso sí. Porque el truco no es complejo, aunque a veces cuesta aplicarlo. Debatimos sobre lo que ellos quieren y no somos peligrosos. Si nos pusieran un espejo delante, acabaríamos pareciéndonos mucho más a los tertulianos de un programa del corazón (que si la portada de este periódico, que si el nieto del Rey, etc.) que a esos tipos que llevamos en algunas de nuestras camisetas. 

Porque este embudo parece estar consiguiendo que la única expectativa que tengamos sea la de "recuperar" lo que ya teníamos, o parte de lo que ya teníamos antes de todo esto. Que haya poco paro, que podamos consumir, que vuelvan a fluir las insuficientes ayudas que hubo toda la vida, etc. ¿Volver a una situación de no-recortes, con dos millones de parados calmaría a la gente? ¿En serio? ¿Quién nos ha convencido de que veníamos de una sociedad sin injusticias? ¿Por qué siempre se elude hablar de que lo que está enfermo es la estructura del edificio y que por mucho que pasemos el aspirador las cañerías rebosan mierda?

Volvemos al descampado. Nos llevan de la mano. Cuando baje el paro, haber perdido derechos laborales no importará tanto. Cuando dejen de demoler la educación pública o la sanidad para que les cuadren sus cuentas, con un par de guiños nos pondrán la mordaza. Y el mundo seguirá siendo la misma mierda: Monarquía, Bipartidismo, poder político al servicio de los grandes empresarios, guerras en nuestro nombre, y campañas de abstencionismo. Pero con la nevera más llena. Eso sí, la portada del ABC es una vergüenza, no lo olviden.

Y si no queremos que sea así, entonces espabilemos, porque reclamamos demasiadas veces que llegue el Día de San Martín para ajusticiarles a todos, sin darnos cuenta de que, a día de hoy, somos nosotros los que seguimos encerrados en el corral. 






martes, 25 de junio de 2013

CARTA DE UN MAL ALUMNO AL MINISTRO WERT

Ministro Wert.

Disculpe mi vocabulario. Tantas veces hemos escuchado eso de que los que protestamos somos unos maleducados antisistema, o incluso terroristas, que han dejado de preocuparme los formalismos según quién sea mi interlocutor. Además, así funciona mejor la teoría del etiquetamiento, esa a la que sus medios juegan tratando de criminalizar a determinados sectores sociales. 

Toda mi vida he estudiado con beca. Es lo que ocurre cuando una madre con un sueldo ligeramente por encima del salario mínimo tiene que sacar adelante a tres hijos, por muchas horas extras que haga. Beca de comedor y beca de libros durante el instituto. Créame, no era buen estudiante. Hacía cosas que no debía y estudiaba poco. Compaginaba a veces las clases con trabajos esporádicos en una obra. Ya ve Usted, cosas que uno tiene que hacer. La única satisfacción que llevé a casa fue haber ganado un premio literario. Le confesaré algo, además. Algunos de mis trabajos de recuperación en septiembre me los hizo un amigo, hoy profesor asociado, malpagado y con una enorme inestabilidad laboral, en una Universidad Pública. 

El caso es que llegué al curso PreUniversitario, el COU, y como por arte de magia aprobé matemáticas. Puedo jurarle que yo no superé aquel examen. Alguien decidió que aquello no podía ser impedimento para que me presentara a Selectividad. ¿Sabe quién me costeó las tasas de ese examen? Otro amigo, hoy policía, del que no olvidaré cómo me gastó una macabra broma en 2º de BUP durante un examen de Química. Yo copiaba y él se dejaba copiar. A una fórmula, él respondió de cachondeo que era "Ácido Folclórico". Y yo, más preocupado en copiar que en entender, hice lo propio. Me echaron una buena bronca.

Aprobé selectividad porque saqué un 9,6 en Historia, lo único que me gustaba. Me matriculé en Sociología porque otro amigo lo hizo. Para que vea, una vida sin rumbo, sin apenas medios e interés. Eso que usted considera que debe apartarse de la educación o no merece acudir a la Universidad. Porque sí, efectivamente, comencé la carrera con Beca y superé los dos primeros años con notas de esas que Usted considera mediocres, que deben hacerle pensar a uno en cambiar de carrera o abandonar los estudios. Según su teoría, según su propuesta de Becas, a mí se me debía haber retirado la ayuda, lo que me habría impedido seguir en la facultad. Esa es su fórmula pedagógica. Pero déjeme que le cuente algo. 

Resulta que mis calificaciones en tercero, cuarto y quinto, superaron el ocho de media. Resulta que los esfuerzos de mi madre, por supuesto, y de mis profesores del Instituto y de la Universidad pública dieron resultados. Usted, representando a un Gobierno, me habría tirado a la basura. Y resulta, además, que recibí la Beca de una Fundación para Doctorarme, y me Doctoré. Y resulta que publiqué algunos artículos, y que un par de años más tarde hice un Máster en otra Universidad en la que su esposa (ex-esposa creo) me impartió clase. Imagínese. Usted privando de alumnos a su pareja, esa tertuliana que todos los alumnos tienen claro que está allí por lo que está, y no por los méritos que dice Usted que debe de conseguir un estudiante. 

Señor Wert, la vida da muchas vueltas. Usted, leyendo esto, hubiera preferido dejarme en aquella cuneta. Pero no llegó a tiempo. Eso sí, ahora quiere hacerlo con centenares de estudiantes que lo tienen mucho más difícil que lo tuve yo. Pero sepa algo, esos niños que ahora van al colegio y a los que Usted quiere hacer pasar por un rasero clasista, ideológicamente retrógrado, no van a estudiar en la universidad que usted sueña. Esos niños a los que Usted quiere privar de Filosofía, van a pelear porque su futuro no sea el que Usted quiere que sea. Sus padres, sus profesores, nosotros, sabemos que la filosofía es el volante de la educación. Podemos circular más rápido o lento, pero siempre caminaremos adonde ustedes quieran. Vamos a recuperar el volante de la educación porque Usted y su gobierno nos van a tener enfrente en todo momento. Aunque hoy ganen, mañana perderán. Se lo puedo garantizar. 

viernes, 21 de junio de 2013

¿UN FRENTE DEMOCRÁTICO DE IZQUIERDAS?


Estos días oigo hablar a mucha gente de un Frente Democrático de Izquierdas que aglutine a muchos partidos de cara a las próximas elecciones europeas. En el fondo, quien lo escribe lo único que desea es cambiar las cosas, frenar el rodillo de poderosos y corruptos. El mensaje de quienes no somos militantes o formamos parte de algún partido político siempre ha sido el mismo: es mucho más lo que nos une que lo que nos separa y hay urgencias sociales que requieren el esfuerzo de todos para superar esta situación. No se trataría, por tanto, de seguir enredados en viejas batallas entre formaciones tradicionales con rencillas entre ellos, cuando no dentro de los mismos partidos, sino de unir fuerzas entorno a pilares fundamentales que la mayor parte pueden compartir y que la gente necesita, porque representan derechos que los ciudadanos han perdido y nada justifica que no se pongan todos los medios disponibles para que los recuperen de nuevo. 

En esto los partidos se juegan mucho. La gente de la calle va cayendo en el discurso de la antipolítica y si los partidos de izquierda no son capaces de mostrar que pueden cambiar las cosas, pasarán a la historia por no haber estado a la altura de las personas que dicen defender. Es decir, no es suficiente poner voz en debates televisivos, en el Congreso o en los distintos Parlamentos. Porque una persona, dos, cinco, tal vez abran los ojos viendo a X o a Y machacar argumentalmente a otro. Sobran razones, eso es evidente. Pero no se sostiene si después nos pasamos el día discutiendo y remarcando las diferencias internas.

Hace unos días Diego González e Iria Meléndez publicaron un artículo muy interesante que ahondaba en esta idea, y del que me permito extraer el siguiente cuadro.
TablaPartidos

Como se puede ver, efectivamente hay muchas más cosas que nos unen. Sin embargo, el problema de algunos de los principales partidos de esta tabla son las prioridades. Dicho de otro modo, ¿Bildu dejaría, provisionalmente, al margen el debate por la independencia o el de los presos para afrontar de forma urgente la problemática social que viven los ciudadanos de su país? ¿Esquerra Republicana, al que hemos visto danzar con el nacionalismo de derechas antes que con las políticas de izquierda, pospondría sus legítimos sueños nacionalistas para hacer frente común con y para los más desfavorecidos, ahora que las encuestas les sonríen tanto? ¿Qué coste electoral tendría para ambos? ¿Alguien piensa que estos partidos aparcarán sus aspiraciones nacionalistas legítimas para atender las dificultades reales de la población? Algunos me dirán enseguida que ambas reivindicaciones son complementarias. Por supuesto, por eso en esta tabla los autores recogieron el "derecho a decidir" como uno de los puntos básicos de unión. Pero ¿Será suficiente?

El segundo problema surge en la otra parte, que además es la fundamental. Todos convenimos que la izquierda no son los políticos, sino los movimientos sociales, y que estos son los que, con sus movilizaciones y demandas, tienen que promover cambios en los partidos. Si algún partido político considera que es, en sí mismo, la voz de la calle, cometerá un error profundo. El mismo que cometerían algunas asambleas si se consideraran representantes de la calle. Son, en todo caso, voces válidas que atienden a alguna de las demandas de de la población. Y aquí viene, bajo mi punto de vista, el segundo problema. Muchos de estos movimientos han sido capaces de ejercer una presión enorme sobre el gobierno con reivindicaciones legítimas que han sido apoyadas por muchos de estos partidos. Pero los problemas de la izquierda son globales. No se circunscriben a los desahucios, al paro o a la necesidad de frenar los recortes en sanidad o educación. Si un movimiento exige que a la gente no sea expulsada de su casa en España, no puede ignorar, por poner un ejemplo, su rechazo a la permanencia en la OTAN, que no los expulsa, sino que las derriba con sus aviones con los niños dentro. Eso también debe ser una prioridad, porque movimientos que solo mantienen reivindicaciones nacionales, pero que muestran una despreocupación absoluta hacia los problemas de otros países, que además suceden con nuestra colaboración y silencio, son movimientos que tienen el corazón encerrado en unas fronteras. Y eso no es la izquierda. 

Sabemos que algunos movimientos luchan hacia una sola causa por cuestión de oportunidad, de encontrar más apoyos lejos de la dualidad izquierda o derecha. Tal vez la PAH tendría menos simpatías si se posicionara sobre la OTAN. Quizás dentro del totum revolutum del 15M se caerían unos cuantos iluminados que creen que es posible construir cosas desde la desideología. Pero hay que tomar decisiones. Y ya.

Algunos partidos deben pasar la aspiradora dentro urgentemente, otros deben aclarar qué es lo prioritario, si convertirse en Estado o ayudar a la ciudadanía expropiada y estafada para después proseguir con su camino legítimo. Y los movimientos sociales deben ampliar sus miras porque también necesitan a la política, y porque tienen que mostrar idéntica sensibilidad ante los problemas del vecino que los de los niños de Afganistán, Mali o Palestina. A no ser que estemos hablando de otras cosas. 

Y, claro, si estamos hablando de otras cosas, si el nacionalismo es más importante que los derechos de todos; o si nuestros problemas en sanidad, educación o vivienda van por delante de una visión global contra el sistema que genera todos y cada uno de ellos, aquí y fuera de las fronteras, entonces disculpen, pero conmigo no cuenten.