jueves, 21 de marzo de 2013

Esquelas para Elenita




La realidad, tan fría, tan absurda, a menudo nos deja historias que nos hacen sonreír. Presento parcialmente una de ellas. Hoy, como cada 21 de marzo, entre las dolorosas esquelas de "El País" que conmemoran el fallecimiento de familiares, compañeros o amigos, se vuelve a colar una especial. Esta:

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El 21 de marzo de 1994, el mundo se paró para Elena Lupiáñez que, a sus cuarenta años de edad, falleció víctima de una enfermedad. Elena era conocida por el periódico "El País". Su marido, José Luis Casaus, decidió recordarla año tras años dejándole un mensaje, en forma de esquela, donde desde hace 19 años le ha ido narrando la evolución de sus hijos, de corta edad cuando ella falleció. 

He sonreído mucho conociendo esta prueba de humanidad del antiguo portavoz de Izquierda Unida en el Distrito Centro de Madrid, a su mujer, sindicalista y trabajadora del periódico El País, que así la describió en su momento: 


"Elena Lupiáñez, de 40 años, falleció el pasado día 21 de marzo, a consecuencia de un cáncer de pulmón, en el hospital Gregorio Marañón de Madrid. Lupiáñez, licenciada en Ciencias Políticas y Sociología, formó parte del equipo fundacional del diario EL PAÍS, en el que trabajó desde marzo de 1976. Era desde 1990 jefa de negociado de publicidad en Madrid, cargo que ostentó hasta el día de su fallecimiento. Tan sólo disfrutó de una excedencia a principio de la década de los ochenta, que dedicó a dar clases de filosofía, materia que le apasionaba, hasta el punto de ser un recalcitrante miembro de una tertulia que desde hace años mantienen varios interesados y expertos en filosofia.Mujer inteligente y de una extravagancia sutil, gran amante de los grandes viajes, de humor cáustico y poco espectacular, Lupiáñez era madre de dos hijos gemelos, Boris y Yuri, nombres que recibieron porque ella y su marido, el escritor y portavoz de Izquierda Unida de la zona centro Madrid en el Ayuntamiento de esta ciudad, José Luis Casaus, decidieron concebirlos en Leningrado.
En la actualidad era miembro del comité de empresa del diario EL PAÍS, al que ya había pertenecido en otras ocasiones y para el que en en las últimas elecciones encabezó la candidatura de Comisiones Obreras, sindicato en el que ni su marido recuerda cuándo ingresó, ya que cuando la conoció en Sidón (Líbano), hace una década, ya llevaba años en esta organización".

No he sido capaz de recopilar todas las esquelas, que no son sino telegramas de amor y de respeto al recuerdo de una mujer y de una madre. Las copio a continuación.

Mi más absoluto respeto. Gracias por poner algo de luz a este salto al vacío en el que nos encontramos. 

  

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Recopiladas gracias a los siguientes sitios web:
http://elblogdeenriqueortiz.blogspot.com.es/2009/03/mas-sobre-las-esquelas-de-elena.html
http://jabola.wordpress.com/tag/elena-lupianez-salanova/
http://elcajondepaula.blogspot.com.es/2009/03/21-de-marzo.html
http://elpais.com/diario/1994/03/23/agenda/764377204_850215.html

sábado, 16 de marzo de 2013

El amor, como secreto


Os dejo alguna muestra de mi último relato, "El amor, como secreto", que quien quiera puede descargar gratuitamente pulsando AQUÍ 



El enamoramiento es un estado de miseria mental en que la vida de nuestra conciencia se estrecha, empobrece y paraliza”
José Ortega y Gasset

¿Qué cómo me enamoré?
-No podrán con nosotros, le dije.
Y seguí mi paseo solitario.
Javier Egea


“Madrid, 10 de julio de 2012

Tengo un secreto. Tal vez no te lo cuente nunca, no lo sé. Soy un cobarde. Me acuso de no haber sido lo suficientemente sincero contigo. Y, mira, ya han pasado los años. No he cambiado para bien en este tiempo. La vida, tras años de oscuridad, se ha vuelto gris, monótona, árida, como un paisaje desértico en el que la arena te araña la garganta hasta dejarte sin voz. Eso he perdido yo, la voz, mi voz, mi forma de expresar los pensamientos, las emociones, lo que hacía latir esto de aquí. ¿Lo notas? Es mi corazón.

Pero tengo que ajustar cuentas con mi vida. Nadie se conforma con sentirse un fracasado. Tengo miedo a la muerte, por eso no estoy allí, con ella, en este momento. Mis pensamientos son acelerados, se tropiezan y agolpan por los rincones de mi alma. Me acuesto y miro al techo. Esos pequeños cuadrados luminosos que lo decoran, reflejo de las luces de las farolas que penetran a través de mi persiana, son como pequeñas cajas que envuelven mis recuerdos. Y si cierro los ojos, pensando en que así tal vez pueda evadirme de todo, entonces sobrevienen imágenes dinámicas, veloces, fulgurantes, que me retrotraen a los momentos más amargos, aquellos en los que empecé a notar su pérdida para, después, asumir tu ausencia. No consigo dormir. No quiero soñar. Me levanto como un robot que afronta su cotidianeidad de forma sistemática, irreflexiva. Me pongo esa camisa odiosa y mal planchada, los pantalones de siempre, la colonia de turno, me siento en mi oficina y veo pasar la gente. No encuentro diferencias. No hay hombres amables, no hay mujeres bellas. Solo papeles. Desayuno con un compañero, hablando de nada. Él piensa en móviles, en coches, en fútbol, en las tetas de una de las jefas. Escucho, río, asiento, respondo con monosílabos y vuelvo a mi trabajo sin haber conseguido terminar la tostada y el café. Cuando llega la hora de marcharse, me arrastro hasta el coche. No hay día que no piense que mi falta de valor se vería bien compensada con un fortuito accidente de coche cuando circulo por la carretera. Pero soy prudente, como uno de esos ancianos que circulan por el carril de la izquierda a setenta kilómetros por hora. Así me veo.

Hubo un tiempo en que me dio por aprender a cocinar. Mi ímpetu duró lo que tardó la luna en menguar después de unos esperanzadores días de cielo estrellado y descubierto. ¡Qué belleza! Ahora, hay muchos días en que ni como. Llego y me acuesto. En invierno, cuando despierto, ya es de noche. Fumo y leo, fumo y leo. Tal vez pico algo. Me suena el teléfono, alguien quiere verme pero a mí, realmente, no me apetece. Y a veces voy, pero para que la gente no se ofenda conmigo, para que entiendan que no tengo nada en contra de ellos. Solo ocurre que no tengo fuerzas, que la luz de mi lámpara ya parpadea, amenazando con apagarse. Y, aunque me estorba, no pienso hacer nada por evitarlo.

Escribo, por aferrarme a la realidad. Soy un imbécil. Te escribo a ti, que nunca me leerás. Te escribo a ti, que nunca sabrás nada de esto. Y aún así, me enfado porque detesto los ordenadores, pero mi caligrafía resulta casi ilegible. Así que lo hago a disgusto. Me ocurre igual con todo. Nada me contenta, nada me llena. Nada.

Llevo semanas sin abrir el buzón. A veces, algunas cartas aún llevan su nombre.

Te dejo. No te molesto. Siento entristecerte. Siento ser así y no mirar al frente. Ya se pasará. No he cumplido los treinta y seis años aún. Tengo toda la vida por delante. O eso dicen.

Guárdame el secreto, aunque nunca te lo cuente.

Adiós.

Unai”.

http://t.co/IBUnIRdq1f

lunes, 11 de marzo de 2013

LA REPÚBLICA, AHORA


Artículo de apoyo al Manifiesto “Por la República. Por la ciudadanía, el futuro y el derecho a decidir” publicado en http://14deabril.es
 
Tras la publicación del manifiesto referenciado arriba, y su eco en distintas redes sociales y foros, he tenido ocasión de participar en debates en los que los más críticos han planteado dudas como estas: ¿Por qué la República ahora? ¿Soluciona nuestros problemas? ¿No será cambiar de dueño sin más? ¿Pagarle el sueldo a otro? ¿Qué más nos da que el Jefe de Estado sea el Rey o Aznar? ¿Es necesario reivindicar la República desde la bandera tricolor?
 
La apisonadora que nos está pasando por encima literalmente durante esta crisis, nos está dejando un nivel preocupante de confusión a todos. Pienso que si alguien, de verdad, tirara del hilo del caso Gürtel, saldría con los pies por delante toda la plana mayor que gestó esta idílica Transición que nos vendieron. Pienso también que cada vez que insinuamos que da igual pagarle el sueldo a un Rey o a un Presidente en una hipotética República, alguien, desde su cómodo sofá, con los pies encima sobre la mesa, se enciende un puro y sonríe. El discurso de la antipolítica es, para el poder, no solo útil porque nada dice, sino porque además desmoviliza y fragmenta a quienes quieren hacer frente a todo esto.
 
Hace unos días, una persona nos comentaba a @twistedpalo y a mí que nunca el país estuvo peor, que nunca fue tan evidente el deterioro de la política, el sistema basado en la corrupción, que nunca las consecuencias de todo ese abuso fueron tan directas sobre la ciudadanía. Que nunca, incluso, estuvo tan cuestionada la Monarquía a nivel social como ahora (hablamos desde la muerte del Dictador). La situación es lamentable, dura, difícil. Pero hay una oportunidad. Y esa oportunidad solo pasa por estar todos juntos, por remar a la vez. Y, para hacerlo, es necesario aceptar unos mínimos que permitan trabajar a todos los colectivos de la izquierda codo con codo, dejándose, por una vez, de peleas internas. Es un suicidio a día de hoy mantener los conflictos internos, entre colectivos y partidos. Todos cumplen una función necesaria. Seguramente mejorable, pero necesaria. No tenemos que estar de acuerdo en todo, pero tenemos mucho que perder y, lo que es peor, hay urgencias sociales en este país que necesitan resolución urgente, que precisan de apoyo mutuo, que no pueden depender de las batallitas sobre si esto o lo otro es apropiado. La gente está sufriendo mucho. Si, con la que está cayendo, la izquierda no es capaz de hacer frente común, tenemos lo que nos merecemos por un lado, y por otro, nos haremos merecedores de la desconfianza y la desesperanza de los más necesitados. La lucha contra la injusticia social está por encima de símbolos, partidos y monopolios del activismo callejero.
 
Dicho esto, quiero dejar claro que mis referencias a estos colectivos las hago únicamente a quienes, de un modo inequívoco, han mostrado un discurso ideológico claro. Nada puedo esperar de quienes les da igual bailar a la derecha que a la izquierda. De hecho no espero compromiso social por su parte. Espero impulsos, espero efectismo, farándula, yo que sé. Pero compromiso social no. Cambiarán cuando el viento reme hacia otra parte. Y es hora de posicionarse, de una vez por todas.
 
¿Por qué República? Porque es el único camino hacia la democracia. Llámenlo como quieran, regeneración, segunda Transición, nueva transición, a mí me da lo mismo. Lo único cierto es que con una Monarquía, la igualdad nunca será posible. También que una República no garantiza la igualdad. Pero, sin República, será inalcanzable, porque tenemos derecho a elegir en qué modelo de Estado queremos vivir. Así que, por supuesto, no puede dar igual un Presidente o un Monarca de sangre azul, no podemos regalarles la derrota tan fácilmente.
 
Vemos, sabemos, somos conscientes de que nuestra Monarquía forma parte del expolio social al que venimos asistiendo. Está débil, lo dice todo el mundo. Pero su cabeza visible es inviolable, es decir, que puede hacer lo que le dé la gana. ¿No es suficiente motivo para empezar por la base, por la raíz del problema? En una República nada cambiará al primer día. En una República habrá que seguir peleando. Pero, entonces, todos (TODOS) pasaran por las urnas. Y tendremos que ser consecuentes con nuestro voto. Y si el sistema electoral es fraudulento, entonces tendremos que pelear por el siguiente paso. El debate sobre el modelo de Estado les incomoda, les molesta, y mucho. Ellos prefieren bailar al son de políticas de austeridad o crecimiento, de ejercicios de lifting democrático. Ya conocemos cómo funciona toda esa basura del “y tú más”, en la que siempre queda claro quiénes son los que tienen menos.
 
¿Y por qué la tricolor? ¿Por qué os ancláis en el pasado? ¿No os dais cuenta de que eso no suma sino divide? ¿Qué el malestar también es notorio entre la población que se siente identificado con la bandera rojigualda? ¿Os imagináis un 14 de abril donde se junten banderas rojigualdas y tricolores para mostrar este rechazo al modelo de Estado y a todo el sistema que emana de él? Bien. Este es mi pero. No soy de símbolos, aunque a algunos les guardo respeto y cariño. Olvídense de Segunda República y Franquismo. Olvídense, porque la historia de los colores de la bandera de España es tan trivial como la configuración del propio Estado. Porque la 1ª República tuvo la rojigualda, por ejemplo. Porque mucha gente no sabe que la franja morada representa a Castilla, nada más. Ojalá en poco tiempo se pueda defender la República también desde una bandera rojigualda, aunque desafortunadamente esté asociada al conservadurismo rancio, al nacionalcatolicismo, aunque fuese hurtada por el fascismo, haciendo que mucha parte de la ciudadanía rechace sus propios símbolos, los mismos que hacen sentir orgullosos a muchos latinoamericanos. Ojalá ese debate resulte innecesario y puedan convivir ambas. Pero, para que eso ocurra, este país debe de cerrar sus agujeros. Es necesario y urgente que España reconozca a las víctimas del fascismo. Es improrrogable que se pongan los medios y se dé sepultura a las decenas de miles de desaparecidos. Son ciudadanos de este país, fueron masacrados y esa herida solo se cierra con justicia y reparación. Y eso es memoria. Y no hay futuro sin memoria. Por eso, mi bandera es la tricolor. Y cuando eso suceda, tal vez, deje de resultar tan importante enarbolarla y podamos mirar juntos hacia adelante.
 
Este es el manifiesto. Es de todos. Es para todos. Úsenlo. Súmense. http://14deabril.es