miércoles, 24 de abril de 2013

¿QUIÉN COMPRA Y QUIÉN MUERE?

El último ha sido el Rana Plaza, un edificio de ocho plantas que se ha desplomado en la ciudad de Savar, al noroeste de la capital de Bangladesh. 110 trabajadores muertos y más de 600 heridos. 

Nada nuevo. Este país vive tragedias similares desde hace tiempo. En el año 2000, por ejemplo, murieron 60 trabajadores. Un año más tarde, otros 24. En  2006, otros 69. La sangría es brutal y no se produce porque sí. Son más de 600 trabajadores muertos en los últimos 6 años.

En el Rana Plaza había 4 fábricas textiles. Miles de mujeres en este país amanecen este chabolas para desplazarse a trabajar jornadas infinitas por sueldos irrisorios, día sí y día también. ¿Cuánto ganan? Aproximadamente unos 16 Euros al mes. Así es fácil comprender por qué las grandes empresas europeas y norteamericanas se deslocalizan para irse a producir a esos paraísos del capitalismo, en los que no existen derechos sindicales y en los que los costes de producción bajan al mínimo para incrementar el beneficio. A costa de la vida de otros, por supuesto. 

En enero de 2013, un incendio en otra fábrica textil mató a 7 trabajadoras, algunas menores de edad. Fabricaban para Wonnover Bangladesh, proveedor habitual de Inditex. Aunque la empresa negó su vinculación, entre los restos aparecieron etiquetas de Bershka y Lefties, franquicias del grupo. En el Rana Plaza, se fabricaban prendas para Primark, la italiana Benneton o la española Mango. 





Todas estas empresas correrán a desvincularse de la muerte de estos trabajadores. Dirán que no sabían que el edificio no cumplía la legislación reglamentaria, como ha afirmado el Ministro del Interior. Dirán que ningún responsable advirtió las grietas, cada vez mayores, dentro del edificio. Y, tal vez, luego vengan a lavar su imagen con donaciones multimillonarias a Cáritas, como hace Amancio Ortega, un hombre que, por otra parte, si quisiera, por sí mismo terminaría con todo el paro de Galicia contratando a sus paisanos. Su patriotismo debe de ser solo futbolero.

Y ¿Sabéis cuál es el problema? Que el dueño de Zara, como los otros, son ricos porque producen de este modo, porque someten a la gente a estas condiciones infrahumanas, porque ponen en riesgo la salud y la vida de muchos trabajadores en los países más empobrecidos. El dinero que donan está manchado de sangre. Y, también, porque nosotros seguimos comprándoles. 

Va siendo hora que cada uno sepa lo que hay: en este modelo, cuando unos saltan, otros sirven de colchoneta. Ni funciona ni funcionará nunca de otro modo. Así que, o nos decidimos a combatir el modelo, o podemos ir eligiendo sobre el cuerpo de qué cadáver de trabajador del tercer mundo queremos saltar.

Recomiendo este artículo de Josefina Martínez, donde podréis leerlo todo con más detalle.
http://www.clasecontraclase.org/Las-trabajadoras-detras-de-la-Marca-Espana