miércoles, 7 de agosto de 2013

LA CRISIS COMO CATÁSTROFE NATURAL

El gran empresario llevó de su mano a políticos y agentes sociales, hasta las afueras de la ciudad. Allí, les invitó a mirad un gigantesco descampado y, solemne, les dijo:
- "¿Lo veis? Él nos sacará de la crisis."

Ocurre con las catástrofes naturales. Los que sobreviven siempre deben de darse por satisfechos. Están vivos. Tal vez perdieron una pierna, quizás un brazo, igual arrastren secuelas para el resto de sus vidas pero, eso sí, pueden darse por satisfechos porque se podían haber quedado en el camino, como tantos otros. 

No hablo de Balí, porque esta estafa monumental nada tiene que ver con un tsunami. Tampoco hablo de las consecuencias de un atentado terrorista. Ni siquiera me refiero a un accidente negligente como el del tren de No-Alta Velocidad de Santiago, aunque seguramente sea el que más se le parezca. 

Baja el paro, sí. Otros dicen que es estacionalidad. Unos manipulan las cifras, otros las subrayan con verde fosforito o las decoran. Si el papel de la izquierda es esta opción B, si todo lo que podemos decir es que mienten con sus datos, asumamos entonces que estamos perdidos, que los poderosos nos han comprado un futbolín (por ejemplo, Twitter) y que ahí estamos, jugando entre los escombros de nuestros derechos, muy entretenidos eso sí. Porque el truco no es complejo, aunque a veces cuesta aplicarlo. Debatimos sobre lo que ellos quieren y no somos peligrosos. Si nos pusieran un espejo delante, acabaríamos pareciéndonos mucho más a los tertulianos de un programa del corazón (que si la portada de este periódico, que si el nieto del Rey, etc.) que a esos tipos que llevamos en algunas de nuestras camisetas. 

Porque este embudo parece estar consiguiendo que la única expectativa que tengamos sea la de "recuperar" lo que ya teníamos, o parte de lo que ya teníamos antes de todo esto. Que haya poco paro, que podamos consumir, que vuelvan a fluir las insuficientes ayudas que hubo toda la vida, etc. ¿Volver a una situación de no-recortes, con dos millones de parados calmaría a la gente? ¿En serio? ¿Quién nos ha convencido de que veníamos de una sociedad sin injusticias? ¿Por qué siempre se elude hablar de que lo que está enfermo es la estructura del edificio y que por mucho que pasemos el aspirador las cañerías rebosan mierda?

Volvemos al descampado. Nos llevan de la mano. Cuando baje el paro, haber perdido derechos laborales no importará tanto. Cuando dejen de demoler la educación pública o la sanidad para que les cuadren sus cuentas, con un par de guiños nos pondrán la mordaza. Y el mundo seguirá siendo la misma mierda: Monarquía, Bipartidismo, poder político al servicio de los grandes empresarios, guerras en nuestro nombre, y campañas de abstencionismo. Pero con la nevera más llena. Eso sí, la portada del ABC es una vergüenza, no lo olviden.

Y si no queremos que sea así, entonces espabilemos, porque reclamamos demasiadas veces que llegue el Día de San Martín para ajusticiarles a todos, sin darnos cuenta de que, a día de hoy, somos nosotros los que seguimos encerrados en el corral. 






1 comentario:

  1. Hace poco que estoy en twitter. Entre porque era la única manera de conectar con un amigo. No quería quedarne, pero sigo. Gracias a esto te he descubierto. Gracias por las reflexiones que haces. María coira.

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