miércoles, 21 de agosto de 2013

MENORES CONDENADOS A CADENA PERPETUA

Imaginad una noche oscura, y un chico sediento de sangre. Después, un asesinato.

Nos estamos acostumbrando a creer que la violencia sucede de este modo, que uno llega y satisface sus instintos de esta manera. Y aunque tal vez yo sea el menos indicado para hablar de esto (por el nombre del Blog) dejadme que ponga en duda que todo acontezca así, que sea tan sencillo y que nuestra manía de simplificar los problemas de la delincuencia no se basen en una ingenua forma de entender la vida, que necesita que para creernos buenos tengan que existir los malos "por naturaleza".

Ningún endurecimiento de ningún código penal previno la delincuencia o hizo descender las estadísticas de criminalidad. Ninguno. Más efectiva fue, en algún caso, la imposición de fuertes multas al entorno del agresor. Cuando en España se debate sobre la Ley del Menor, y se estima que la inimputabilidad de los menores de 14 años es lesiva, y que las penas para delitos graves en menores de entre 14 y 18 años son irrisorias e insultantes para las víctimas, tal vez se inicie un camino cuyo final es ciertamente complejo. En Irlanda, un menores de 7 años es responsable penalmente de lo que haga. Otros países manejan los 10 o 12 años. Mi opinión al respecto y las tablas de edades ya las publiqué hace tiempo.

http://www.cuantarazon.com/824133/paul-gingerich
Vuelvo al asesinato del principio. 

En 1953 nacieron Pierce Brosnan, Nanni Moretti y José María Aznar. Es un ejemplo. Ray Bradbury publicó Fahrenheit 451 y a Hemingway le dieron el Pulitzer por su obra El viejo y el mar. Se coronó por primera vez el Everest y se lanzó el primer número de la revista Play Boy. La URSS probaba bombas de hidrógeno en Kazakstán y Estados Unidos hacía lo propio en Nevada. Y terminó la Guerra de Corea, por supuesto. Piensen en cómo era la vida en aquella época. Piensen en las escenas clásicas de las películas norteamericanas. Ocurrió algo más. En 1953 un chico de quince años de edad cometió un asesinato. 

Han pasado sesenta años y ese chico de 15 aún sigue preso. Ha cumplido 75 años. No saldrá hasta que se muera. 

En julio de 2013, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó a Argentina por imponer cadena perpetua a cinco menores de edad. Sin embargo, esto es algo casi habitual en Estados Unidos. De los 41.000 presos que tienen impuesta la cadena perpetua, 2.300 son menores, siendo 79 de ellos menores de 14 años. Recientemente, el cineasta Joshua Rofe ha  dirigido "Lost for Life", un documental donde se adentra en algunas de las cárceles de Estados Unidos para conocer a hombres que en su día, de niños, cometieron algún tipo de homicidio o asesinato. Os lo recomiendo a todos. 

La Convención de Derechos del Niño ha sido ratificada por todos los países del mundo salvo dos: Estados Unidos y Somalia. Y prohíbe expresamente la aplicación de la cadena perpetua sin opción de revisión sobre menores de edad. En 2011, Amnistía Internacional denunció este hecho en un informe con el terrorífico título de "Aquí es donde voy a estar cuando muera", que podéis leer aquí traducido al español. Este Blog se une en la denuncia de esta situación inconcebible de quienes dicen defender los derechos humanos a golpe de bombas por cualquier rincón del mundo, y siguen estas y otras políticas internas que vulneran de forma permanente y consciente los derechos básicos de los sectores más frágiles de su propia población.

5 comentarios:

  1. Muchas veces me averguenzo de pertenecer a la raza humana, a estos monos evolucinados a medio camino entre la lucidez y la locura. No tengo palabras para rechazar una barbarie de este tamaño. Condenar a los niños a la cárcel sin ninguna redención es un crimen muy superior a cualquiera que ellos hayan podido ejecutar.

    ResponderEliminar
  2. A los que hablan de la necesidad de cambiar la ley del menor,para endurecerla, yo les pediría que me explicarán, para qué creen ellos que sirve la cárcel. Es evidente, que si ese petición de cambio no es únicamente una propuesta populista, lo que ellos piensan es que la pena de privación de libertad es una venganza. Tú has hecho y debes pagar con tu vida el delito.
    En España, se priva de libertad a un individuo, primero para separarlo de la sociedad y conseguir que no siga delinquiendo y, segundo, para poder reinsertarlo. Mucho más, si hablamos de niños. En la infancia, un año es una vida. Estoy de acuerdo con Lisis en que una sociedad que condena a niños a una vida privada de libertad, no es la sociedad que yo quiero. Los niños son moldeables, merecen que creamos en la posibilidad de cambio, quizás lo que deberíamos plantearnos es si son suficientes los medios de que disponemos y si los que tenemos han de cambiar o seguir cómo están. Gracias por tu post, una buena ocasión para debatir sobre un tema que de tanto en tanto, salta a la palestra y del que nunca se habla con claridad y decisión.

    ResponderEliminar
  3. Existe un gran problema de fondo, de ideología, de creer (o no) en la reinserción . No se cree en ella y no se ponen medios para que esto suceda. Aquel o aquella que toma éstas decisiones, aprueba las leyes, recorta o sentencia tal, solo sabe de odio y venganza, es un monstruo.
    Y aún así, ese monstruo, también se merecería una segunda oportunidad (una vez solucionados sus conflictos).

    ResponderEliminar
  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  5. Soy de la opinión de que la cárcel actualmente no es concebida como mecanismo de reinserción sino como venganza. No hay más que ver la que se está liando ahora con la doctrina Parot. Y desde luego esto lo ratifica. Buen blog :)

    ResponderEliminar