martes, 31 de diciembre de 2013

EL MIEDO

El barco atravesó el Río Gambia, a apenas 400 metros de su desembocadura en el Océano Atlántico. Cansada del largo viaje en furgoneta desde Dakar, me apoyé en la mochila contemplando aquel cielo oscuro y desconocido para mí.

Fatú, que nos acompañaba, me preguntó:
  •       ¿En qué piensas?
  •       No sé. Estoy lejos de casa. Supongo que tengo un poco de miedo.

Sorprendida, me miró a los ojos y me dijo:
  • ¿Miedo? ¿Qué es el miedo?
  • ¿De verdad no lo sabes?
  • En Gambia –Dijo- tenemos otras cosas, pero no miedo. Tenemos la basura por los suelos, niños enfermos por la malaria, andamos varios kilómetros para poder ir a la escuela, trabajamos en el campo el resto del día, tenemos un cielo bonito, un Dios que nos cuida y gente sabia en el pueblo. Y una radio y un televisor. Sacamos agua del pozo y la bebemos aunque vosotros decís que está contaminada. Algunos familiares han tratado de llegar a tu país y a veces no volvemos a saber nada de ellos. Un médico cubano nos atiende gratis en Brikama y… se me olvidaba, tenemos una fiesta tradicional, cuando somos más pequeñas. Viene toda la familia, la organizan las mujeres mayores y consiste en la ablación del clítoris.

Yo me quedé callada. No supe que responder.
Fatú siguió.
  • ¿Lo ves? En Gambia tenemos muchas cosas también. Pero miedo no. El miedo, como la ansiedad y la depresión, debe de ser cosa de ricos.

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