miércoles, 27 de febrero de 2013

61 PERSONAS SE SUICIDAN CADA SEMANA EN ESPAÑA

Tras meses esperando a que el Instituto Nacional de Estadística se dignara a publicar las estadísticas de suicidio en el año 2011 (que ya estamos en el 2013), el día 27 de febrero por fin han decidido hacerlas oficiales, englobadas en un informe relativo a las "Defunciones según la causa de Muerte". 

En la Nota de Prensa, de ocho páginas, han decidido dedicarle línea y media a este trama que se cobra la vida de 61 personas por semana en nuestro país. Lo copio literal: 


"El número de suicidios se situó en niveles muy similares a 2010, con 3.180 fallecidos. El suicidio continúa siendo la primera causa externa de defunción".  

Eso es todo. Así son las estadísticas. No solo no recogen deficientemente los supuestos, sino que además resultan fríos, desoladores, por todo lo que arrastran a su alrededor. 

Digo lo primero porque, al igual que existe una cifra oscura en el mundo del crimen (más en el de cuello alto parece ser), también se hace evidente en este tema. A menudo, los intentos de suicidio que culminan en muerte no inminente no acaban contabilizándose como tales, apareciendo como consecuencia de las enfermedades que acarrean el intento. En otras, sigue existiendo la cultura del miedo, esa que lleva a las familias a tratar de silenciar los hechos, por vergüenza a menudo. 

Hablamos de algo menos de 9 suicidios consumados al día.
Hablamos de casi 61 suicidios consumados a la semana.
Hablamos de 3.180 en 2011, frente a los 3.145 del año 2010.
Hablamos de 1.000 personas más que los que mueren en accidentes de tráfico, de los que tanto nos tratan de sensibilizar los organismos oficiales (bien hecho, por otra parte).

Vale. Los damos por buenos. Ya dan miedo de por sí. La pregunta incierta y terrorífica sobre la que se publican datos aproximados en algunas comunidades es: Si lo consiguen 60 personas a la semana, ¿Cuántos lo intentan? ¿Lo multiplicamos por tres? ¿Por cinco? ¿Por diez? ¿Podríamos hablar que semanalmente hay unas trescientas personas que intentan quitarse la vida en España? Pónganlas en fila. ¿Puede pensar alguien en su sano juicio que esto solo afecta a personas con trastornos mentales? ¿Y esto merece línea y media de análisis en un informe del INE?

Las causas son complejas. En dos post anteriores de este Blog se trataban de analizar:

El primero, "La sangría del suicidio en España", hablaba de los datos de 2010 y apuntaba al dolor de las familias y a aspectos vinculados a la crisis, directa o indirectamente. Un horrible camino que puede partir de la pérdida de un trabajo, del incremento de la tensión familiar, del deterioro de las relaciones, de la pérdida de ayudas (Ahora agravadas por los recortes en la sanidad), etc.

El segundo, "Sobre Suicidios y Desahucios", para el que conté con la colaboración del periodista Antonio Maestre, trataba de dar respuesta a la asociación que se ha establecido en los últimos meses con esa ignonimia consentida que es privar a las familias de su alojamiento, por vivir en una sociedad sostenida por un modelo económico que les elimina del mercado de trabajo y de la obtención de ingresos. Es la trampa perfecta de un sistema que excluye pero que, como vemos a diario, también mata. No es cuestión de ricos y pobres, sino de vivos y muertos. 

Así, se explicaba cómo debían de tratarse estas noticias en los medios, ahondando en la ética periodística, pero dejando claras las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud al respecto, que en nada se parecen al mito ridículo y venenoso que dice que de los suicidios no se puede hablar. Hablen, sí, háganlo, para denunciar el silencio y el dolor de los familiares, la falta de ayudas, etc. Pero no den detalles de los métodos que emplean los suicidas. No amarilleen un problema que solo huele a sangre y a llanto. 

Muchos, en sus comentarios, me atacaron por querer decir que el silencio y la percepción de vergüenza en la que se sumían los familiares, tenía relación directa con los valores del catolicismo, tan arraigados en nuestra sociedad. En este segundo artículo pueden leer una noticia de hace más de un siglo, donde ya se da cuenta del "suicidio" como una "vergüenza" a ocultar. Para ello, me explicaron que las tasas en países nórdicos eran mayores. Pues bien. A mí nunca me sirvió el consuelo de los tontos. Las cifras son infumables, requieren un plan de actuación (algo se avanzó tímidamente en el Congreso a finales de 2012) y que alguien se tome en serio esto de una vez.

Seguiremos denunciando. Aunque se nos sigan maquillando los datos. 



lunes, 25 de febrero de 2013

HAY QUE CAMBIAR NUESTRA FORMA DE MOVILIZARNOS




Balance y autocrítica. Eso toca. 

El 23F. Una convocatoria más. Multitudinaria, en la que se buscaba unidad, con independencia de detalles previos que no vienen al caso. ¿De qué nos quejábamos? De todo. Estaban los mineros, estaban las camisetas verdes, las blancas, los bomberos, la gente que defiende, en general, todos los servicios públicos, los de Iberia, los de los tambores. ¿Qué pedíamos en concreto? No lo tengo claro. Tal vez que se vayan los que gobiernan, pero no sé si para que vengan otros iguales. O que se abra un proceso constituyente, "verdaderamente" democrático. ¿Qué conseguimos? Saber que somos muchos, pero que faltan muchos más. 

El problema, bajo mi punto de vista que es solo el de uno más, es que nuestras convocatorias no son lesivas para el poder. Hace escasas semanas, uno de los colectivos convocantes criticaba a los de un partido de izquierdas por "no estar en la calle". Error grave el de creerse propietario de lo de todos, máxime cuando se le reprocha a gente que lleva toda su vida precisamente allí, donde están los problemas. Al día siguiente del 23F, debatimos si no debemos mostrar un ambiente festivo y musical porque frivoliza los mensajes que se quieren hacer llegar, o si, más allá de infiltrados, esos tipos que usan la violencia no desvirtúan esos mensajes variados que se quieren lanzar. 

Bajo mi punto de vista el debate sobre si usar la violencia o no, no es el núcleo central del problema. Hay otros, y más graves. Ayer ganaron los poderosos. No pasa nada por reconocerlo. Ganaron porque solo hablaron de disturbios, pero que nadie se confunda. También hubieran ganado sin ellos. Nuestra aparición en los medios hubiese sido la misma, igual de insignificante. Ellos los manejan y ellos deciden cuándo rellenar un espacio a costa de la gente que pasa frío en la calle. Es así de duro y así de simple. O cambiamos nuestra forma de manifestarnos, o pasaremos a la historia como la farándula de la crisis, ese colorido modo de protesta que gritó aquí y allá mientras se repartían lo de todos. 

El objetivo tampoco es conseguir prensa, así porque sí. Eso sería sencillo. En la próxima macroconvocatoria nos ponemos todos a bailar el "Gangnam Style" y somos portada en todo el mundo. Pero no se trata de eso, espero. 

Me refiero, por aclarar, a las grandes movilizaciones. Hay acciones directas, concretas, que están resultado muy efectivas y que están funcionando. Es el caso de la PAH, una plataforma con un elevadísimo apoyo social. Son valientes, admirables, y están haciendo frente a un problema de una forma que sí merece pasar a la historia de la dignidad y la solidaridad de este país. 


Vamos a seguir teniendo oportunidades de gritar bien fuerte y de plantar cara a esta estafa mayúscula. Cada uno tiene su horizonte, su línea de meta. Ahí, justo ahí, interviene algo muy denostado, sobre todo por quien no la tiene o no la encuentra, que es la IDEOLOGÍA. Los principios básicos que marcan hacia dónde queremos dirigirnos, con qué nos conformamos, qué es lo que estamos dispuestos a aceptar y qué es lo que no es negociable. Los valores, la solidaridad, la dignidad, lo de todos, aquí y en cualquier parte del mundo.

El poder está fuerte, bien fuerte. Pero tiene grietas. Nuestro trabajo es ir agrandándolas para que no caiga tanta gente por la borda del barco ese que Rajoy dijo que "no se había hundido". No, Mariano. Las ratas no huyeron del barco, están al timón y tú das buena cuenta de ello.

Hay otro aspecto que molesta mucho a los poderosos. Es el modelo de Estado. Hace tres años era impensable constatar una opinión tan desfavorable con la Monarquía por la mayor parte de los ciudadanos. Tanto es así, que les da igual que uno de ellos vaya a prisión para salvar al resto. Tanto es así, que se plantean que el Rey abdique para hacerse un lavado de cara. Lograr un referéndum sobre monarquía o república no solucionará los problemas de los parados, ni de los desahuciados. Hay gente que piensa que da lo mismo que este el Rey o un Presidente de la República neoconservador. A mí no, porque mi obligación como ciudadano es exigir mi participación en todas las decisiones de quien nos gobierna. Y hay que recordar que la monarquía actual es el hilo conductor de esa mentira llamada transición, que enlazó la dictadura de Franco con el inmovilismo actual. 

No se trata de enarbolar las banderas del 31. No se trata de dar lecciones de historia desde una pretendida superioridad. Tal y como están las cosas, el debate sobre el modelo de Estado es, bajo mi punto de vista, fundamental, porque tiene ahora más apoyo popular que nunca, y porque resta argumentos al modelo de estafa democrática que está instaurado. Tanto es así, que cada vez que sienten peligrar la figura del Rey, recurren a cosas que sucedieron hace treinta años para tratar de levantar una figura herida de muerte. 

Tenemos una fecha: 14 de abril. Domingo.
Tenemos una oportunidad: A los poderosos no les gusta en absoluto abrir este debate.
Tenemos un objetivo concreto: No hay democracia si no nos dejan elegir cuál es nuestro modelo de Estado.
Y tenemos una idea común: Bajo la bandera de la República, caben todas y cada una de las demandas que se realizan en las grandes movilizaciones.

La pregunta es: ¿Queremos? 

lunes, 18 de febrero de 2013

10 AÑOS CON COUSO



Hace diez años, los amigos David y Javier Couso iniciaron una batalla contra el Estado más poderoso del mundo. Esa pelea, que parte del dolor por la pérdida de un hermano, es también la lucha contra las mentiras, contra las malditas guerras y contra los gobiernos encubridores (como el nuestro). Es una pelea por la dignidad de todos.

Se cumplen diez años del asesinato de José. Yo no le conocí, pero esta lucha es mía también. Y debería ser tuya, porque es de todos y para todos. Y en este camino se han conseguido logros inimaginables, que no se habían visto anteriormente. Siguen deseando echar hormigón a un asesinato que representa a muchos otros. Y nosotros nos vamos a defender con uñas y dientes para que no puedan esconder la realidad. 

Os pido que el día 15 de Marzo, arropemos todos la dignidad a través de esta batalla abierta. En la Sala Arena de Madrid (c/ Princesa nº 1) se hará un concierto, coincidiendo por el décimo aniversario del asesinato. Actuarán Manolo García, Celtas Cortos, Leiva, Quique González, Marwan y Andrés Suaréz.


Podéis comprar las entradas anticipadas en: http://www.ticketea.com/10-anos-con-couso

Y si no podéis ir, como tal vez me ocurra a mí, colaborad. La difusión es fundamental. La memoria es imprescindible. La dignidad es cosa de todos. 

Y la batalla sigue abierta. Que nadie lo olvide.
www.josecouso.info"


sábado, 2 de febrero de 2013

¿QUÉ ESCONDE PEDRO JOTA?

De repente, tras aburrirnos durante años con teorías risibles sobre la autoria intelectual del 11M, el periódico "El Mundo" y su divertido director han decidido cargar, con todas sus fuerzas, contra el gobierno de Rajoy. Este hecho no es baladí. No se han vuelto buenos. No han dejado de manipular nunca. 

Que "El País" publique cosas no es raro. No hablo de ética periodística en absoluto. Sabemos a quién quiere hacerle la campaña y sabemos por qué tiene interés en participar en esta demolición de la cúpula del PP. Buscan una oportunidad no a través de la autocrítica, sino del mal ajeno. Son carne de poder. Pero que Pedro Jota se dedique a estas cosas debe de ponernos alerta. Entre grafólogos, sobres, fiestas de cumpleaños, listas de beneficiarios y demás, entre tanto y tanto ruido, los asesinos silenciosos suelen ejecutar impune y eficazmente su trabajo.

Tal vez los dueños de "El Mundo" hayan decidido que Pedro Jota se eche la manta a la cabeza y se líe a dar "exclusivas". Pero su beligerancia con algunos miembros del Gobierno, como hace pocos días con Salvador Vitoria (mano derecha de Ignacio González) o después con Ana Mato (Ministra del Gobierno) refleja que, más allá de la corrupción, Pedro Jota está interesado en promover un estallido de esa cúpula del PP. La teoría de la "demolición controlada" asociada a Bárcenas.

Hace tiempo que uno no sabe si "El Mundo" circula hacia los campos de UPyD o hacia los de Esperanza Aguirre. El sentido común explica que es esta segunda opción. Esperanza se batió en retirada a tiempo en lo que parece un ejercicio adivinatorio que los que no tenemos fe no estamos dispuestos a asumir. Después, la hemos escuchado decir claramente que había que  pedir responsabilidades. Y a falta de dimisiones, los datos de esta delincuencia organizada se siguen publicando. Los sacan a la luz los que quieren recomponer la patética imagen de PSOE, o los que pretenden refundar un partido en un momento político que, más allá de la crisis, tiene exigencias de las que la extrema derecha no está dispuesta a asumir de ningún modo, como ocurre con la propuesta soberanista catalana.

Hay que tener cuidado. Mientras unos sueñan con la caída del sistema, otros solo buscan un nuevo reparto del poder. Los del PSOE por su tendencia innata a estar aferrado a estas estructuras. Dentro del PP, porque la extrema derecha no está dispuesta a consentir las tibiezas de Rajoy. Algunos piensan que caminamos hacia una Tecnocracia a la italiana. Otros que la siguiente parada es un escenario griego, con una  fuerte subida de una izquierda agrupada. No se fíen. Aquí está apareciendo en escena la extrema derecha, de la mano de Pedro Jota, con el apoyo de toda una ciudadanía que, como es lógico, quiere desenmascarar a los corruptos y es más proclive a los discursos populistas en estos tiempos. 

La izquierda deje de dejarse de matices y diferencias. Urge, porque la cabra está allí arriba, en lo alto del campanario, divirtiéndose mientras en la plaza todos tratamos de arrojar al pilón al tonto del pueblo, ese que nos gobierna.