lunes, 27 de mayo de 2013

JUGANDO A BUSCAR COMIDA EN LA BASURA

El terrorismo (financiero) no está ni en desiertos lejanos, ni en montañas remotas. En eso tenía razón Aznar.

No he podido viajar mucho. He visto rebuscar en la basura a niños de Estados Unidos, Senegal y Gambia, nada más. En España, en Madrid, en mi barrio, había visto a gente normal, adultos, incluso a ancianos, pero no a niños. El domingo 26 de mayo bajé a un mercadillo en el que mis pequeños colaboraban comprando y vendiendo productos para una Asociación que trata de ayudar a una niña enferma. Antes de acercarme, pasé a echar gasolina. Junto a unos contenedores que había frente a un McDonald´s, estaban dos niños de unos seis y cuatro años, jugando y riendo. Me fijé en la niña porque me recordaba a la mía. Dos coletas, una sudadera atada a la cintura y camiseta blanca que publicitaba no se qué marca comercial. Después, me di cuenta que el juego consistía en a ver quién encontraba antes algo que comer dentro de las bolsas de basura que su padre había sacado del contenedor. Tenían otra bolsa negra y grande, donde iban guardando lo que podían.

No soy fotógrafo y tampoco soy quien para robarles la intimidad retratando aquella desvergüenza. Parecían felices, y seguramente lo eran. Simplemente hacían lo que tenían que hacer y todos los niños encuentran diversión en cualquier parte, a cada cosa horrible saben sacarle un lado positivo. Pocas, muy pocas cosas, alteran la felicidad y la alegría de un niño. Aunque esas sonrisas duelan. Y mucho.

De vuelta a casa, leo en Twitter que siguen las disputas entre la izquierda, de las que sacan tanto partido esos terroristas financieros. Unos no quieren votar, porque quienes lo hacen legitiman el sistema o porque todos les parecen lo mismo. Otros piden el voto pero se enredan en batallas intestinas que tienen más que ver, a veces, con el propio ego, que con las propuestas que publicitan. Algunos, más despistados, confunden la justicia social con la caridad, cayendo en la eterna trampa del Estado Neoliberal.

Seré claro. Ningún partido político de izquierdas, ningún movimiento social de la calle, más o menos alineado con la política, merece el menor respeto mientras no tengan como único objetivo que esa niña no tenga que ser feliz rebuscando en la basura. Aquí no hay debates. No se trata de ser una cosa o la otra, de abrir unos frentes u otros. La izquierda no puede tener más programa que poner fin a lo que representa esa imagen que yo vi ese domingo y que otros muchos habrán visto otras tantas veces.

Esto no tiene nada de manifiesto antipolítico sino, más bien, todo lo contrario. Esto es solo un recordatorio de que lo que nos une es realmente eso: la justicia y la igualdad social, sin peros, sin nombres, sin caretas. Y no me cabe duda de que hay gente, tanto en los partidos como en los movimientos sociales, que opinan como yo.

Pues, amigos, dejémonos de gilipolleces. 

domingo, 12 de mayo de 2013

CRECER ENTRE TUS ENEMIGOS

Formamos parte de una eterna minoría. Siempre fuimos pocos, dicen. Insolentes, radicalizados, extremistas, trasnochados y demás.

Somos una eterna minoría que antepone la resolución urgente de los problemas de quien más lo necesita, a las disputas políticas, que de nada sirven. No creemos en la antipolítica de la que hacen gala de un modo absurdo tanto los políticos del PP como algunos sectores del abstencionismo. La política lo es todo. Es la calle, es el asociacionismo, es hacer frente en las instituciones, tomarlas para cambiarlas. Dicen que el poder corrompe y, como asumimos que tal vez ocurriera eso, tendemos a renunciar a ser mayoritarios cometiendo una grave injusticia con los ciudadanos que, de verdad, están necesitando que políticas de izquierda palíen su sufrimiento. Porque hablamos de eso, de sufrimiento.

Miremos las encuestas con escepticismo. Dicen los que saben que IU está creciendo de una forma constante, progresiva, y que se acerca peligrosamente a la segunda franquicia del modelo que nos ha traído hasta aquí (el PSOE). Creo que tras las encuestas de Demoscopia o de Sigma 2, para El País o El Mundo respectivamente, lo que hay es miedo. El miedo de unos a que la izquierda ponga en jaque sus privilegios, y el miedo de parte de la propia izquierda a seguir creciendo.

No es momento de conformarse con que algunos Concejales o Diputados de IU sean las moscas cojoneras de todos los Parlamentos. Eso no ayuda a los parados, eso no frena la privatización de la sanidad, eso no soluciona el asesinato del senegalés de Mallorca, tampoco para de raíz los desahucios, ni erradica esa reforma de la educación que quiere convertir a nuestros hijos en vehículos sin dirección, para que se encaminen siempre hacia donde ellos quieran.

Creo sinceramente que tras los datos del PP en las encuestas, hay un voto oculto que les apoyará, que les volvería a votar, pero que ahora no lo dice. Con el PSOE tengo más dudas. Lo único real es que, a pesar de ese discurso de la radicalidad, de la seducción del poder, de los malos ejemplos, de las comparaciones odiosas y de las malas gestiones pasadas, hay algo que une a poderosos y a quienes rechazan de plano dar su voto a un partido como IU a pesar de ser de izquierdas. Y es muy grave, porque entre unos y otros, sí que hay una diferencia fundamental: para los poderosos la solidaridad no es nada; para la izquierda lo es todo.

Los votos deben de ser ideológicos, pero no por ello deben dejar de tener un sentido pragmático. El crecimiento de IU asusta a los poderosos, eso ya se puede constatar. Pero los sustos no frenan los recortes. Se debe de tener una inequívoca voluntad mayoritaria. Es hora de seguir creciendo entre todos esos enemigos, de dejar de mirar unas siglas o la historia de un partido que igual en algún momento nos pudo defraudar o enfadar, y mirar a nuestro alrededor. Sobre todo, porque la situación es insostenible. Y las preguntas son sencillas: ¿Qué política es capaz de paliar el sufrimiento de la gente? La izquierda. ¿Quién está en condiciones de aplicarla, dando un histórico revés a "la izquierda que nunca lo fue" (PSOE)? Izquierda Unida.

Bien. Adelante entonces. Sigamos creciendo. Dentro y fuera de las instituciones.