martes, 25 de junio de 2013

CARTA DE UN MAL ALUMNO AL MINISTRO WERT

Ministro Wert.

Disculpe mi vocabulario. Tantas veces hemos escuchado eso de que los que protestamos somos unos maleducados antisistema, o incluso terroristas, que han dejado de preocuparme los formalismos según quién sea mi interlocutor. Además, así funciona mejor la teoría del etiquetamiento, esa a la que sus medios juegan tratando de criminalizar a determinados sectores sociales. 

Toda mi vida he estudiado con beca. Es lo que ocurre cuando una madre con un sueldo ligeramente por encima del salario mínimo tiene que sacar adelante a tres hijos, por muchas horas extras que haga. Beca de comedor y beca de libros durante el instituto. Créame, no era buen estudiante. Hacía cosas que no debía y estudiaba poco. Compaginaba a veces las clases con trabajos esporádicos en una obra. Ya ve Usted, cosas que uno tiene que hacer. La única satisfacción que llevé a casa fue haber ganado un premio literario. Le confesaré algo, además. Algunos de mis trabajos de recuperación en septiembre me los hizo un amigo, hoy profesor asociado, malpagado y con una enorme inestabilidad laboral, en una Universidad Pública. 

El caso es que llegué al curso PreUniversitario, el COU, y como por arte de magia aprobé matemáticas. Puedo jurarle que yo no superé aquel examen. Alguien decidió que aquello no podía ser impedimento para que me presentara a Selectividad. ¿Sabe quién me costeó las tasas de ese examen? Otro amigo, hoy policía, del que no olvidaré cómo me gastó una macabra broma en 2º de BUP durante un examen de Química. Yo copiaba y él se dejaba copiar. A una fórmula, él respondió de cachondeo que era "Ácido Folclórico". Y yo, más preocupado en copiar que en entender, hice lo propio. Me echaron una buena bronca.

Aprobé selectividad porque saqué un 9,6 en Historia, lo único que me gustaba. Me matriculé en Sociología porque otro amigo lo hizo. Para que vea, una vida sin rumbo, sin apenas medios e interés. Eso que usted considera que debe apartarse de la educación o no merece acudir a la Universidad. Porque sí, efectivamente, comencé la carrera con Beca y superé los dos primeros años con notas de esas que Usted considera mediocres, que deben hacerle pensar a uno en cambiar de carrera o abandonar los estudios. Según su teoría, según su propuesta de Becas, a mí se me debía haber retirado la ayuda, lo que me habría impedido seguir en la facultad. Esa es su fórmula pedagógica. Pero déjeme que le cuente algo. 

Resulta que mis calificaciones en tercero, cuarto y quinto, superaron el ocho de media. Resulta que los esfuerzos de mi madre, por supuesto, y de mis profesores del Instituto y de la Universidad pública dieron resultados. Usted, representando a un Gobierno, me habría tirado a la basura. Y resulta, además, que recibí la Beca de una Fundación para Doctorarme, y me Doctoré. Y resulta que publiqué algunos artículos, y que un par de años más tarde hice un Máster en otra Universidad en la que su esposa (ex-esposa creo) me impartió clase. Imagínese. Usted privando de alumnos a su pareja, esa tertuliana que todos los alumnos tienen claro que está allí por lo que está, y no por los méritos que dice Usted que debe de conseguir un estudiante. 

Señor Wert, la vida da muchas vueltas. Usted, leyendo esto, hubiera preferido dejarme en aquella cuneta. Pero no llegó a tiempo. Eso sí, ahora quiere hacerlo con centenares de estudiantes que lo tienen mucho más difícil que lo tuve yo. Pero sepa algo, esos niños que ahora van al colegio y a los que Usted quiere hacer pasar por un rasero clasista, ideológicamente retrógrado, no van a estudiar en la universidad que usted sueña. Esos niños a los que Usted quiere privar de Filosofía, van a pelear porque su futuro no sea el que Usted quiere que sea. Sus padres, sus profesores, nosotros, sabemos que la filosofía es el volante de la educación. Podemos circular más rápido o lento, pero siempre caminaremos adonde ustedes quieran. Vamos a recuperar el volante de la educación porque Usted y su gobierno nos van a tener enfrente en todo momento. Aunque hoy ganen, mañana perderán. Se lo puedo garantizar. 

viernes, 21 de junio de 2013

¿UN FRENTE DEMOCRÁTICO DE IZQUIERDAS?


Estos días oigo hablar a mucha gente de un Frente Democrático de Izquierdas que aglutine a muchos partidos de cara a las próximas elecciones europeas. En el fondo, quien lo escribe lo único que desea es cambiar las cosas, frenar el rodillo de poderosos y corruptos. El mensaje de quienes no somos militantes o formamos parte de algún partido político siempre ha sido el mismo: es mucho más lo que nos une que lo que nos separa y hay urgencias sociales que requieren el esfuerzo de todos para superar esta situación. No se trataría, por tanto, de seguir enredados en viejas batallas entre formaciones tradicionales con rencillas entre ellos, cuando no dentro de los mismos partidos, sino de unir fuerzas entorno a pilares fundamentales que la mayor parte pueden compartir y que la gente necesita, porque representan derechos que los ciudadanos han perdido y nada justifica que no se pongan todos los medios disponibles para que los recuperen de nuevo. 

En esto los partidos se juegan mucho. La gente de la calle va cayendo en el discurso de la antipolítica y si los partidos de izquierda no son capaces de mostrar que pueden cambiar las cosas, pasarán a la historia por no haber estado a la altura de las personas que dicen defender. Es decir, no es suficiente poner voz en debates televisivos, en el Congreso o en los distintos Parlamentos. Porque una persona, dos, cinco, tal vez abran los ojos viendo a X o a Y machacar argumentalmente a otro. Sobran razones, eso es evidente. Pero no se sostiene si después nos pasamos el día discutiendo y remarcando las diferencias internas.

Hace unos días Diego González e Iria Meléndez publicaron un artículo muy interesante que ahondaba en esta idea, y del que me permito extraer el siguiente cuadro.
TablaPartidos

Como se puede ver, efectivamente hay muchas más cosas que nos unen. Sin embargo, el problema de algunos de los principales partidos de esta tabla son las prioridades. Dicho de otro modo, ¿Bildu dejaría, provisionalmente, al margen el debate por la independencia o el de los presos para afrontar de forma urgente la problemática social que viven los ciudadanos de su país? ¿Esquerra Republicana, al que hemos visto danzar con el nacionalismo de derechas antes que con las políticas de izquierda, pospondría sus legítimos sueños nacionalistas para hacer frente común con y para los más desfavorecidos, ahora que las encuestas les sonríen tanto? ¿Qué coste electoral tendría para ambos? ¿Alguien piensa que estos partidos aparcarán sus aspiraciones nacionalistas legítimas para atender las dificultades reales de la población? Algunos me dirán enseguida que ambas reivindicaciones son complementarias. Por supuesto, por eso en esta tabla los autores recogieron el "derecho a decidir" como uno de los puntos básicos de unión. Pero ¿Será suficiente?

El segundo problema surge en la otra parte, que además es la fundamental. Todos convenimos que la izquierda no son los políticos, sino los movimientos sociales, y que estos son los que, con sus movilizaciones y demandas, tienen que promover cambios en los partidos. Si algún partido político considera que es, en sí mismo, la voz de la calle, cometerá un error profundo. El mismo que cometerían algunas asambleas si se consideraran representantes de la calle. Son, en todo caso, voces válidas que atienden a alguna de las demandas de de la población. Y aquí viene, bajo mi punto de vista, el segundo problema. Muchos de estos movimientos han sido capaces de ejercer una presión enorme sobre el gobierno con reivindicaciones legítimas que han sido apoyadas por muchos de estos partidos. Pero los problemas de la izquierda son globales. No se circunscriben a los desahucios, al paro o a la necesidad de frenar los recortes en sanidad o educación. Si un movimiento exige que a la gente no sea expulsada de su casa en España, no puede ignorar, por poner un ejemplo, su rechazo a la permanencia en la OTAN, que no los expulsa, sino que las derriba con sus aviones con los niños dentro. Eso también debe ser una prioridad, porque movimientos que solo mantienen reivindicaciones nacionales, pero que muestran una despreocupación absoluta hacia los problemas de otros países, que además suceden con nuestra colaboración y silencio, son movimientos que tienen el corazón encerrado en unas fronteras. Y eso no es la izquierda. 

Sabemos que algunos movimientos luchan hacia una sola causa por cuestión de oportunidad, de encontrar más apoyos lejos de la dualidad izquierda o derecha. Tal vez la PAH tendría menos simpatías si se posicionara sobre la OTAN. Quizás dentro del totum revolutum del 15M se caerían unos cuantos iluminados que creen que es posible construir cosas desde la desideología. Pero hay que tomar decisiones. Y ya.

Algunos partidos deben pasar la aspiradora dentro urgentemente, otros deben aclarar qué es lo prioritario, si convertirse en Estado o ayudar a la ciudadanía expropiada y estafada para después proseguir con su camino legítimo. Y los movimientos sociales deben ampliar sus miras porque también necesitan a la política, y porque tienen que mostrar idéntica sensibilidad ante los problemas del vecino que los de los niños de Afganistán, Mali o Palestina. A no ser que estemos hablando de otras cosas. 

Y, claro, si estamos hablando de otras cosas, si el nacionalismo es más importante que los derechos de todos; o si nuestros problemas en sanidad, educación o vivienda van por delante de una visión global contra el sistema que genera todos y cada uno de ellos, aquí y fuera de las fronteras, entonces disculpen, pero conmigo no cuenten.