lunes, 3 de marzo de 2014

11M. 10 AÑOS DESPUÉS



Cuando las bombas explotaron, yo aún dormía. No trabajaba aquel jueves. Mi pareja, que solía coger el tren de cercanías en Vicálvaro para desplazarse hasta el Paseo de la Castellana a esas horas, tampoco. Le habían cambiado la fecha de un examen. Lo mismo ocurrió con algunos amigos. Había huelga en la universidad y muchos no se levantaron de la cama. Detalles mínimos que permitieron a mucha gente seguir con vida.


Minutos después me despertó el teléfono. En Televisión Española decían que una bomba había explotado a quince metros de mi puerta. Me asomé y no vi nada. "Mienten" respondí. Era premonitorio. Aquello fue un error, pero luego mentirían mucho más. Una hora después, aparcaba mi coche en las calles de Santa Eugenia. Recuerdo el olor a hierro quemado, a medida que me acercaba a la casa de un familiar, junto a la mía antigua, a escasos metros de la estación. La Avenida de Santa Eugenia era una exposición de coches fúnebres y ambulancias. Después, busqué a mi amigo del que nada sabía. Estaba bien. Cogí un autobús, fui a Sol, donde las colas para donar sangre eran interminables, y luego a la calle Téllez. Fue un día angustioso, pero solo eso, porque no hubo fallecidos en mi entorno próximo. Callaré otros detalles, porque no proceden.


Han pasado 10 años, en los que de un modo u otro he tenido ocasión de repensar aquel día, de conocer testimonios de primera mano (no solo de víctimas) de acudir a clases sobre terrorismo islamista, de leer, de odiar a todos y cada uno de los que han hecho de aquel día un eslogan para obtener rentabilidad política o mediática. Detesto a los de la teoría de la conspiración porque no saben el daño que hacen. Aborrezco a los que han insinuado que había víctimas que no lo eran. La miseria moral. La mala memoria. La indolencia. 

Diez años después, tras las mentiras, tras la sorpresa de ver cómo algunos sectores de este país deseaban que los autores de los ataques fueran otros, tras contemplar las vulnerabilidades judiciales para procesar a parte de los autores, un experto en terrorismo, el profesor Fernando Reinares, cierra el círculo de la rumorología publicando un libro de portada hiriente y título doloroso. "¡Matadlos", por fin, explica con detalle, de forma exhaustiva y analítica, cómo se organizó aquel ataque. 

A pesar de que echo de menos un pequeño mapa de nombres y conexiones al que recurrir durante la lectura por la complejidad de siglas y apodos para quien no está habituado, confirma de un modo demoledor una serie de ideas que se dispersan entre el ruido de las mentiras y de los ataques malintencionados. Pondré algunos ejemplos, a los que incluyo mis propias valoraciones:
  • Que la red del 11M no conformaba una célula aislada, sino que tenía un conexión plena y constatada con la matriz de Al Qaeda; 
  • Que la decisión de atentar contra España se tomó en diciembre de 2001 en Karachi, Pakistán, por venganza a las operaciones policiales desarrolladas contra la primera célula vinculada a Al Qaeda; 
  • Que quien la toma es Amer Azizi, adjunto a Hamza Rabia, Jefe de Operaciones externas de Al Qaeda, quien había residido y huido de España, aunque se contempla la posibilidad de que regresase apenas dos meses antes para supervisar los preparativos del atentado. 
  • Que se hizo viable el ataque en febrero de 2002, cuando tras una reunión en Estambul en la que participaron miembros de los grupos GCT (Túnez), GICM (Marruecos) y GICL (Libia), se autorizó planificar atentados en suelo europeo.
  • Que Amer Azizi mandó organizar dos grupos, uno para atentar en Marruecos (atentados de Casablanca con 45 muertos en mayo de 2003) y otro en Madrid.  
  • Que hay constancia de que el día del atentado (11 de marzo) se conocía, al menos, desde el 19 de octubre de 2003, fecha en la que uno de los terroristas la utilizó al rellenar los datos administrativos para adquirir un teléfono móvil en Bruselas. 
  • Que, por tanto, el atentado no es consecuencia de la Guerra de Iraq, aunque este hecho favorece la narración de los terroristas tras la ejecución. 
  • Que, además, tampoco hubo una previsión electoral como se ha dicho, para influir en el resultado de las elecciones, porque incluso cuando se manejó la fecha, aún no habían sido convocados los comicios. 
  • Que es evidente que los atentados influyeron en el resultado electoral, y que los terroristas instrumentalizaron la retirada de tropas (anunciada en campaña) para apuntarse una victoria, en forma de cesión, que no era tal. 
  • Que ETA no aparece ni debajo de la mesa, por más que algunos, que deberían estar deseando que desapareciera para siempre, quieran hacerle promoción, bien por afán de venganza (comprensible en víctimas), bien por pérdida de negocio y/o rentabilidad electoral (que también).
  • Que se buscó un segundo 11M, en enero de 2008, que se iba a desarrollar en el metro de Barcelona mediante suicidas, y que fue abortado gracias a un topo de los servicios de inteligencia franceses (lección para patriotas paletos, por cierto). Para este segundo atentado se elegía el metro porque, al parecer, en el 11M aprendieron que los servicios médicos actuaron demasiado deprisa, salvando muchas vidas. Bajo tierra resultaría más complicado. 

Y con las aclaraciones, surgen otras mil preguntas, porque a nivel 
policial a uno le queda la sensación de que el único que hacía bien su trabajo era el gobierno sirio, que detenía a buena parte de los terroristas que pasaban por su territorio en dirección a Iraq. Sí, Siria, repito. El mismo lugar en el que nuestra prensa banaliza a los terroristas denominándolos "rebeldes". No aprendemos.

El autor habla de "desajustes judiciales" porque nuestra legislación no estaba adaptada al terrorismo internacional. Tardaron seis años y medio desde que volaron las vidas de casi 200 personas en ponerle remedio. También cuenta cómo hasta dos meses después de los atentados, no se creó el Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista que permitía, como cosa básica, que las distintas unidades policiales utilizaran, al menos, la misma base de datos. En tercer lugar, habla de la insuficiente cooperación intergubernamental a este respecto. Y esto, que de nuevo es valoración mía, resulta sangrante. Acostumbramos a ver a nuestros gobiernos ponerse de acuerdo para participar en guerras, para distribuir territorios, incluso para entregar nuestra soberanía a grandes empresas, pero para proteger la vida de los ciudadanos no estaban preparados. O no tan bien si se trataba de tipos que no estaban tan escondidos en cuevas remotas o montañas lejanas, parafraseando a uno de los responsables de todo eso. Nuestros políticos miraban a Euskadi, como siguen haciendo diez años después, mientras se preparaba una sangría en nuestras calles. Así de simple. 

Se entiende que algo ha mejorado la cosa, que nuestros expertos en inteligencia están mejor preparados ahora; que los recursos entre el terrorismo de ETA y el internacional están más compensados; que no deberían suceder cosas ridículas como que la Guardia Civil pare el coche de los terroristas que traen explosivos a Madrid, estos le paguen la multa en el acto y sigan camino, por poner uno solo de los errores fatídicos que acontecieron en las fechas previas; que no debe de ser tan fácil que terroristas renombrados entren y salgan de España como les dé la gana porque, en este sentido, también tenemos responsabilidad previa en el 11S; que seguramente la policía hizo cuanto supo y pudo y que son otros, que no han pagado responsabilidad alguna, los que tenían que haber estado a la altura en vez de poniendo los pies encima de cualquier mesa. Tienen una responsabilidad, repito. Tienen que rendir cuentas de no haber puesto los medios para prevenir ese horror, que también afectó a la propia policía*. Porque hoy conocemos que mientras no sabíamos por dónde nos andábamos, apunto estuvo de volar un tren de alta velocidad solo unos cuantos días después. O que mientras nuestra prensa nacional se dedica a criticar a los franceses por cuestiones deportivas, fueron sus servicios de inteligencia los que nos avisaron de que el metro de Barcelona saltaría por los aires. 


Por ejemplo ¿Sería mucho pedir que un país "soberano" como España estimase oportuno decirle a los Estados Unidos que no practique asesinatos extrajudiciales de ideólogos y autores materiales del 11M, para que este estado democrático pueda juzgarlos tal y como dice la Ley? Hoy sabemos que Amer Azizi fue asesinado junto a Hamza Rabia en FATA en diciembre de 2005. Son muchas las preguntas a las que debía haber respondido antes de irse a su paraíso. Algunos dirán que mejor está muerto. Tal vez. No lo sé. Lo que sí sé es que los muertos del 11M y sus familiares no merecen que su gobierno, el que sea, no trate de garantizar que todos y cada uno de los involucrados se sienten frente a un tribunal legítimo. Eso es, sorprendentemente, la democracia.



*Una de las víctimas de aquella secuencia fue un miembro de los Grupos de Operaciones Especiales, que murió como consecuencia de la explosión provocada por los suicidas del piso de Leganés.

5 comentarios:

  1. Me parece muy bien lo que has descrito pero tienes una falta de delicadeza a la hora de expresarte que se nota que no tenías a nadie conocido... que fácil es expresarse con cierto vocabulario, cuando no te ha tocado tan de cerca y poder opinar (que no digo que no tengas razón porque estoy de acuerdo y al menos tú defiendes que no fue ETA y se agradece)
    Que falta de delicadeza también con la foto de la portada de ese libro que ha sido verla y temblar de dolor...Han pasado 10 años pero las heridas siguen abiertas para nosotros es como si no hubiera pasado tantos años. No debería haberte leído (culpa mía).

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    1. Lamento que lo hayas interpretado así. El libro del que hablo hace un análisis del entramado terrorista. Eso implica hablar de un modo frío de lo que no lo es, o de lo que no lo es en sus consecuencias. Si en algún momento he sido duro en el lenguaje o irónico, ha sido, precisamente, para denunciar a los que no hicieron nada por evitar ese sufrimiento. Comparto contigo que no puedo sentirme como tú, y comparto contigo que la portada de ese libro es dura, a pesar de que elude imágenes personales. Un abrazo.

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  2. Incluyo unos datos significativos que vienen recogidos en el libro:

    Allekema Lamari (1965 Argel) Murió tras participar en los atentados. Se inmoló en Leganés. Perteneció a la rama del GIA argelino que se formó en Valencia en 1996. La policía la desarticuló en 1997. En 2001 fueron condenados por la Audiencia Nacional por pertenencia a banda armada. A Lamari le cayeron 14 años de cárcel. Sin embargo, recurrió la sentencia al Supremo, que no contestó a tiempo. Como superaba el tiempo máximo de permanencia en prisión preventiva, salió de la cárcel en junio de 2002. Así, se incorporó a la red del 11M. Hizo llamadas para despedirse días antes. Nadie le hizo el seguimiento a pesar de un informe del CNI de 6 de Noviembre de 2003, donde se decía que había realizado 5 giros postales a presos en cárceles españolas, algo que se considera una despedida "bien porque va a abandonar España o bien porque sería inminente una acción violenta por su parte". Asimismo, el informe da datos de localización y dice que fuentes hablan de un atentado en España, siendo Lamari uno de los autores. El CNI hizo, en esto, su trabajo. Otros no.

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  3. Se dice: "Hay constancia de que el día del atentado (11 de marzo) se conocía, al menos, desde el 19 de octubre de 2003, fecha en la que uno de los terroristas la utilizó al rellenar los datos administrativos para adquirir un teléfono móvil en Bruselas (...) por tanto, el atentado no es consecuencia de la Guerra de Iraq".

    No entiendo muy bien esa deducción. Que el día del atentado ya se conociera en octubre de 2003 no invalida que fuera consecuencia de la invasión de Irak, pues esta se produjo en marzo de 2003. Es decir: invasión en marzo, 7 meses después se conoce la fecha en que se atentará, y un año después de la invasión se comete la masacre, ¿no?

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    1. Hablas de dos puntos distintos. El segundo es consecuencia de todo lo anterior. Es decir, que los atentados se piensan y se planifican antes de la Guerra de Iraq, por razones distintas. Y, por supuesto, la Guerra de Iraq es un frente más al que sumarse, como aparece en las reivindicaciones.

      Al Qaeda había amenazado a España mucho antes de Iraq, sus amenazas eran creíbles mucho antes que Iraq (donde ni siquiera existía Al Qaeda hasta que llegaron los superhéroes a destrozar el país).

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