lunes, 10 de marzo de 2014

TU ESPALDA

Tu espalda.

Temblé al verla, mis dedos quisieron tocarla. Pero no te conocía de nada.

Vicálvaro. Estación de tren. Una mañana cualquiera. Subo las escaleras que conducen al andén para esperar mi tren, me siento en un banco y al levantar la cabeza encuentro tu espalda. Al aire, fresca, ardiente, sencilla, compleja y abstracta. El mapa de las constelaciones que uno busca mirando con su telescopio una madrugada de verano. Tus lunares son las estrellas; los tirantes de tu sujetador, las cuerdas para escalar hasta lo más alto; tu nuca, la cima de la montaña, que lleva del cuello a tu boca, como un viaje irremediable, como un rito de paso ancestral, como si simplemente eso, fuese la esencia de la vida.

Un hada coloreada silba una canción. De su boca sale un pentagrama. Notas simples pero llenas y un texto que le acompaña. Dice: "How I wish you were here". Siento envidia. Qué manos llenaron de tinta tu espalda para conocer de cerca su tacto, su olor, el vaivén de tu respiración.

El tren para. A él sube tu espalda, mis ojos se iluminan y el tren arranca. Lo pierdo por no seguir tu espalda. Prefiero seguir soñando.

Y sueño con algo poético. Yo, el marinero, navegando por tu cuello, queriendo ser el ancla donde amarren tus imperfecciones; anhelando ser Neptuno, azotando entre tus aguas; ansiando ser tu todo, siento tan solo nada.

Y sueño con algo cotidiano. Tú me miras, yo sonrío y hablamos de cualquier chorrada. Te invito a un café y me enseñas tu voz. Cuando suena nuestro alarma, me dirijo hacia tu boca y tú, me la regalas. Un guiño, un gesto, una despedida. Tal vez hasta mañana.

Y sueño con algo salvaje. No soy dueño de mis llamas, cabalgo por tus rincones, te meces entre mis brazos, me estremezco por momentos, te retuerces entre el sudor y el aliento, y tu pelo y mis manos, juegan a que esto nunca se acaba.

Pero mi banco tiembla. Un estruendo aterrador me devuelve con violencia a la realidad. Oigo gritos, veo humo, ha sido cerca, en la siguiente parada. Tu vagón ha explotado, ya no existes, ya no hay nada.

Hoy tu espalda sigue siendo mi musa, el tren de mis esperanzas, y al calor de la tristeza, de la injusticia y de la rabia, sueño que subo contigo, para sacarte de entre las llamas.

Para todos lo que lloraron ese día.

   

Boxing Day.
Ed. LCK15

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