sábado, 7 de junio de 2014

LA REPÚBLICA Y LA BANDERA

Han marcado los tiempos, pero saben que esta vez no lo han hecho con la libertad que acostumbraban. El Rey se va por la puerta de atrás, de forma precipitada, después de ver cómo su anacrónica figura está en decadencia desde hace años, y tras comprobar que sale "más rentable" desaparecer cuanto antes para que los negocios sigan funcionando. 

Algo se ha hecho muy bien, a pesar de la baja participación, cuando la Casa Real ha optado por correr tras los malos resultados de su salvaguarda, el bipartidismo, en las elecciones europeas, y antes de que el PSOE fuera a un Congreso que, aunque parece bien atado, podía generar sorpresas. Con un mundial en medio, el fervor de la Roja puede taponar casi cualquier debate ruidoso. ¿Cuál? Obvio. La creciente movilización social vinculada a la izquierda (en sus diez mil modalidades) montaría "el pollo" pidiendo un referéndum y habría que agruparse para evitarlo. Para ello, llamaron a filas a Rubalcaba, en su último servicio al desprecio a sus siglas, e incluso a aquellos que reivindican patrias propias y consultas democráticas, cuando niegan la posibilidad de que otros puedan decidir nada. Sí, hablo de los naCIUs, es decir, los nacionalistas de CIU, pioneros en recortes y represión de esta tanda de injusticias.

No me hablen de banderas. Si te ponen una en la tele, y te quedas absorto, alguien estará entrando por tu ventana para robar tu comida. Pero cuando me habláis de la morada se me pone la carne de gallina. Cuando me cruzo con la tricolor, me palpita el corazón. ¿Por qué? Es algo más complejo que creer en los valores de la Segunda República. Porque los símbolos son solo símbolos. Pueden cambiar. Pueden mejorar. He publicado recientemente una novela llamada "Los amantes de la Alcarama" que recoge en cierto modo los sentimientos que tengo hacia esa bandera. Es el profundo respeto por querer sacar a la luz, contar, recuperar, poner nombre y alma a las decenas de miles de personas que siguen enterradas en las cunetas gracias al tipo que, por cierto, nombró como sucesor al Rey saliente. Sí, es amor republicano, es tratar de que esas vidas robadas puedan descansar en paz. La memoria es el futuro. No hay ni habrá conciliación en España mientras siga llena de símbolos fascistas en sus ayuntamientos y calles, y de luchadores por la libertad, de chicos jóvenes, de adolescentes, de niños, de hombres, de mujeres, en las cunetas de centenares de carreteras de este país, o junto a las tapias de cientos de cementerios. Es la bandera con la que se liberó París. Es la bandera que colgaba del campo de concentración de Mathausen. 

Así que camino con los pies por encima del suelo cuando en una manifestación en la que se reclama un referéndum para decidir qué modelo de Estado queremos, en la que se recuerda que nadie menor de 53 años ha podido votar la Constitución, a mi alrededor ondea la tricolor. Pero nos toca reflexionar. A todos. 

Me explico. Sé que no me educaron para saber qué había en esas cunetas. Sé que mi educación obvió los esfuerzos de la Segunda República por construir un país más digno. Hay centenares de miles de personas en este país que ven la bandera tricolor como un símbolo político, y no lo es. La lucha contra el fascismo, el honor y la memoria a los asesinados, no es política. Es sentido común. Es dignidad. Son los derechos humanos. Están por encima de cualquier sigla política. Pero hay centenares de miles de personas en este país que, como yo, han estudiado una historia falsificada. Hay centenares de miles de personas que han normalizado pasear por la Avenida del Generalísimo de cualquier puto pueblo. No sienten la repugnancia que siento yo, y no son peores por eso. Hay centenares de miles de personas que están hartas del Rey, de la Monarquía, del PP y del PSOE y de todo lo que representan. Pero, sin embargo, no acudirían a una manifestación porque les cuesta movilizarse, porque no tienen cultura de ello y, también, porque no se sienten tan cómodos rodeados de banderas y símbolos que no saben interpretar.

https://twitter.com/fanetin/status/475350520769814528
Prefieren la rojigualda. Y nos ocurre justo lo contrario. Nosotros la vemos con un prejuicio político. Ellos no. Ellos la asocian a lo que les gusta. Al fútbol si quieren. Repito, no somos mejores que ellos. No lo hemos demostrado porque no hemos sabido crecer. Pero lo cierto es que en España hay una mayoría social que rechaza la Monarquía, que está harta de sus chorradas y chorreos, que estaría dispuesta a mandarla bien lejos. Pero no presionan porque su apuesta republicana no incluye un cambio de bandera. Son muy pocos los que se atreven a ir a una manifestación de estas características con la rojigualda. Ese es el problema.

Hace un tiempo, un tipo nos contó a @TwistedPalo y a mí que el día que en una manifestación por la República hubiera tantas tricolores como rojigualdas, los poderosos se preocuparían mucho más. Y creo que tenía razón. Que debemos abrir ese debate. Que debemos ser inclusivos. Que tenemos que saber integrar a toda esa gente que quiere cambiar pero que no siente como nosotros porque nunca se lo permitieron. Que no apuesto ni por una, ni por otra. Que lo único innegociable es que la memoria y la dignidad de los represaliados van a estar detrás de cada una de nuestras acciones. Y que una República no garantiza la justicia social, pero que es la primera letra de su abecedario. No conseguiremos democracia con una monarquía. No conseguiremos justicia social sin una vocación integradora. No creceremos si no somos generosos. Y que a nadie se le puede olvidar es que, de lo que aquí se trata, es de que los que piensan en arrancarse de cuajo la vida cada día, tengan menos motivos para hacerlo. Que nos sientan cerca. Que el Estado sepa arropar sus necesidades. Solidaridad, sin más. 




1 comentario:

  1. A mi me gustaría que, en caso de triunfar un referéndum a favor de la opción republicana, se abriera otro para decidir los símbolos de esa nueva República. Se podría abrir un concurso para presentar diseños de banderas y después q la ciudadanía votase su preferida.

    Yo por mi parte propondría una tricolor roja-amarilla-azul claro (xa q se diferenciase bien del morado de la tricolor de la Segunda República). El rojo y el amarillo son colores q se remontan a los escudos y estandartes de los reinos de Castilla, Aragón y Navarra y que han estado en todas las banderas españolas desde que se sustituyó la cruz de Borgoña como emblema nacional hará unos 300 años. Por su parte el azul simbolizaría Europa y el Océano Atlántico q nos separa de/nos une a América, haciendo referencia a nuestra pertenencia a ambas.

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