viernes, 10 de enero de 2014

EL MODELO "RIVAS"

Abrir la boca. Pedir. Tener. 


Así era la cosa. Recuerdo cuando tenía quince años y me dio por hacer ruido con un bajo eléctrico. Buscábamos un local de ensayo, charlábamos con unos amigos de otras bandas y nos reunimos con un concejal del ayuntamiento para solicitarle un local de ensayo. Lo tuvimos. Recuerdo que otros amigos querían montar temas relacionados con teatro. Buscaban sitio y, con idéntico proceso, también lo consiguieron. Creo que casi cualquier iniciativa cultural durante los años noventa se podía desarrollar en Rivas sin ningún tipo de problema. Bastaba pedir, mostrar interés y el ayuntamiento te lo facilitaba. Te pedía responsabilidad a cambio, pero eso no era difícil. Procurábamos cuidar las cosas como si fueran nuestras. Y en realidad, eran nuestras. En eso consistía. 

El problema principal es que no nos dábamos cuenta. Y después de mucho tiempo creo que esa ha sido la clave. No nos enterábamos de que lo que ocurría en Rivas no era lo normal. Que chicos como nosotros en cualquier otra zona de Madrid no podían aspirar a sentirse escuchados por los políticos que les gobernaban. Y cuando pasó el tiempo entendimos que aquello era "como tenía que ser" y nada más. Como niños consentidos, implicados en actividades culturales, inquietos, y con pocas preocupaciones materiales, nos volvimos exigentes y dejamos de entender cuando nos decían un NO razonado.

El idilio ripense solo era incómodo cuando te cruzabas con la Guardia Civil. Pero esa es otra historia.

Cuando llegó el cambio de década, todos los municipios decidieron ensanchar, liberar suelo, agrandarse desproporcionadamente. ¿Para qué? Por negocio, claro. El gran negocio que nos ha traído hasta aquí. ¿Qué hizo Rivas? Lo mismo pero con otra idea. Primero, la idea de unir la zona oeste con el casco antiguo era algo lógico, ya que distaban casi tres kilómetros entre una y otra. Lo segundo, la apuesta de la izquierda fue aprovechar esa circunstancia para ofrecer grandes bolsas de vivienda pública. Grandísimas. De repente, los jóvenes del barrio o las personas sin vivienda en propiedad tenían, en algunos cupos, hasta un cincuenta por ciento de posibilidades de acceder a una vivienda muy digna, incluso con garaje y piscina, a precios muy por debajo del mercado. En Madrid eso era inimaginable. Y ese proyecto estrella, junto con los sucesivos, movió muchísimo dinero y dio enormes alegrías. Hizo justicia a muchas familias sin recursos. El resto de parcelas, se las quedaron cooperativas creadas ad hoc para conseguir un suelo y acceder a ayudas. Las demás eran de vivienda libre.

¿Cuáles han sido los problemas? En mi opinión, estos:

  • Imaginad que un joven con sus primeros ingresos quería seguir viviendo en ese barrio. Si participaba en el sorteo y no le tocaba el piso, como acceder a la vivienda libre era imposible, trataba de comprar una vivienda en la zona antigua (de protección oficial). Allí, los primeros vecinos vendían sus casas por casi diez veces el valor por el que las compraron y se iban a chalets. Pero para comprar una vivienda de protección oficial (todas las antiguas) tenías que comerte una hipoteca basura, que te la daba una caja que, ilegalmente, tasaba su piso como su fuera libre. ¿Os suena? Pregunten a los jóvenes que viven en, por ejemplo, Covibar, quién les concedió sus hipotecas. Algunos jóvenes siguieron esa vía y ahora, si pierden el trabajo, andarán con el agua muy al cuello porque, además, esa casa sigue siendo de protección oficial. O la descalifican pagando cerca de diez mil euros, o allí se quedan. Eso, los que aún no lo han sufrido, tal vez lo sufran cuando suban de nuevo los tipos de interés.

  • La oferta pública fue tan grande, que muchos chavales que estudiaban aún fueron afortunados y les correspondió un piso. Eso tuvo un efecto perverso. Sí, ha habido chicos que, deseando ganar dinero para comenzar su vida independiente de forma precipitada, han dejado de estudiar para trabajar en lo más fácil (ladrillo) y marcharse a su nueva casa. Ahora pagan las consecuencias.

  • Pero hubo otros, sin embargo, que decidieron seguir estudiando. ¿Cómo pagaban el piso? Lo pagaban sus padres. Lo habitaban parcialmente. Y la consecuencia era que un piso para ayudar a los que no tienen casa quedaba deshabitado durante años. Era no debió ser nunca su utilidad.

  • Otra posibilidad. Una pareja que participaba en el sorteo independientemente, para incrementar sus opciones. Y tenían suerte ambos. ¿Creen que digo un disparate? Pregunten. O al revés, se hacían parejas en el propio vecindario (repleto de jóvenes). De repente, chicos de entre 25 y 30 años pagaban dos casas por el precio de lo que costaba una en cualquier otro sitio. ¿Qué hacer? Fácil. Alquilar una en B, como hay decenas, o vendérsela a quien fuera capaz de pagar aún en dinero negro. Resultado: chavales que se han aprovechado de la oferta de vivienda pública para montarse una vida maravillosa, sacando a un piso de protección cerca de veinte millones de pesetas.
Sí. Tenemos derecho a vivir bien, dignamente. Pero todos. Tenemos la obligación de ser solidarios. 

Por supuesto, hay otras posibilidades. Hay quienes no se han aprovechado de lo público. Hay quien trabaja y paga como puede. Hay quien no se creyó nunca ese limbo que tomó como un derecho algo que, fuera de Rivas era solo una quimera. El resultado fue que, con todas sus virtudes, esto dejó muchos monstruos en el camino. El primero, que ha generado un grupo de vecinos exigentes y consentidos que son capaces de protestar de forma airada si en la construcción salen goteras, por ejemplo. Lo que no harían con una promotora privada, se lo echan en cara a su ayuntamiento. El segundo, que ha movido tanto dinero, tantos intereses, tantos constructores y tantos proveedores de váteres o de ventanas, por poner un ejemplo, que a nadie puede sorprenderle que la Cámara de Cuentas descubra ahora un pufo multimillonario. Y nadie puede sorprenderse de que, ahora, haya quien no quiera que se investigue en profundidad. Y nadie puede sorprenderse de que haya gente que exija esa responsabilidad a su alcalde. Pero, sinceramente, nadie puede sorprenderse de que esto pasara. La Cámara de Cuentas no ha descubierto el Mediterráneo. Y ha sobrado ingenuidad por parte de quienes dicen no haberse enterado de nada. En política, la ingenuidad también exige la asunción de responsabilidades. A todos. 

Además, por terminar, Rivas se ha tratado como una Suiza progresista. Una Suiza en la que uno asumía como natural disfrutar de ayudas y vivienda pública con dos mil euros de sueldo, mientras que a doscientos metros de distancia, en La Cañada, se acumulaban las chabolas. A mucha gente le ha faltado valor y valores (las dos cosas) para asumir que lo justo era renunciar a esas ayudas. ¿Cómo? Pagando. Sin más. Devolviendo las ayudas. Dándose cuenta de que el Tercer Mundo no está lejos. Aplicando en su vida lo que reclama para la vida de los demás cuando sale a manifestarse por las calles de Madrid. Dando ejemplo. Y hablo de pisos con ayudas, con independencia de que se hayan obtenido a través de concursos, o mediante cooperativas que optaron, legítimamente, al suelo. 

Me dicen que estoy loco cuando digo que Rivas es un barrio sociológicamente de derechas. Yo les respondo que miren los resultados electorales a la Comunidad de Madrid o al Gobierno del Estado en el municipio y que vean dónde queda la mayoría absoluta de IU. Un amigo, antiguo vecino de Rivas, del grupo de los que optó por marcharse del barrio directamente, no como huida sino como aprendizaje, y que vive ahora fuera de Madrid, no se sorprendía al leer la prensa estos días. Y ese es el verdadero problema. Que nada es una sorpresa.

Por supuesto, las mecánicas perversas son difíciles de revertir. Exigen trabajo, rigor y esfuerzo. Hay gente muy capaz de ello. 

*** Los amigos del PCE Rivas han respondido a lo que en este post he querido contar. Podéis leer su interesante respuesta pinchando aquí, así como seguir aportando ideas y experiencias al debate.