viernes, 28 de marzo de 2014

EN LA CAFETERÍA DE UN IMPROVISADO TANATORIO

En la cafetería de un improvisado tanatorio, varios poderosos que en público se declaran enemigos, toman ginebra y acuerdan cómo dejar todo atado y bien atado. Primero han besado a los hijos; después han lamentado que la memoria y la mala salud se hayan cebado con una familia ejemplar; a continuación han lanzado loas al difunto; y, por último, se han retirado a aquel reservado para tomar posiciones. 

Un ejército de hombres de corbata y gafas de sol, neutros, aspirantes a grandezas ridículas, rodean la pequeña mesa en la que los jefes de los partidos políticos mayoritarios, en representación de sus clientes y de otros poderes del Estado, llegan a puntos en común para que la Transición siga siendo sacra, para que todo lo que emana de ella sea vestido con el traje de luces, y para que nada, absolutamente nada, pueda interrumpir el rugido de los dos leones que aguardan en la escalinata exterior.

Solo queda uno por morir. Es el Rey y lo saben. Les preocupa porque está viejo y dice necedades. Cualquier cosa que se publique de él y del resto les puede entorpecer. Por eso han apartado a su hijo, para que salga indemne de todos y cada uno de los disparates que se van conociendo. La monarquía es fundamental para conservar sus privilegios. Saben que no es discutible, que la República se asocia a la izquierda, que nadie en su sano juicio saldría a reclamarla con la bandera rojigualda, porque eso sí les generaría problemas. Saben que la rojigualda genera recelos en la izquierda, y que sus estómagos están bien alimentados. Son escrupulosos con los colores, anteponen sus egos, se pierden en batallas internas, antes de formar un bloque unitario. Todo son divisiones y así es muy fácil obviarlos. 

Además, saben que mientras haya monarquía, la iglesia mantendrá su posición. Que mientras haya Ley Electoral, será muy difícil que otros escalen para ponerles en riesgo. Que nadie se pregunta por qué ningún español menor de 50 y pico años pudo votar la Constitución. Que el desafío catalán refuerza la postura que mantienen en el resto de España, que mientras que se hablan de patrias, la gente descuida la comida de su nevera. Saben que la desaparición de ETA es un inconveniente que la burguesía catalana ha venido a suplir de un modo eficiente, y que eso nada tiene que ver con legítimos sentimientos identitarios. Saben que tienen que agotar el ciclo. Porque son conscientes que son ellos, y solo ellos los que llevan copando los puestos de responsabilidad de este país en los últimos 40 años. Han repartido una gran tarta durante casi cuatro décadas y ahora quieren dejar todo el pescado vendido.

Lo llaman convergencia, concordia, reconciliación, lo que quieran. Lo dicen una vez y todos los medios de comunicación lo repiten. Saben cómo hacerlo. Si salen un millón de personas a la calle, hablaremos de violencia. Si no hay violencia, generaremos violencia. No es difícil. Nada nuevo. Tenemos experiencia suficiente. Hay coincidencias caprichosas. Marchas de la Dignidad el día de la muerte del hacedor de la gran mentira. Pero solo conviene hablar del cambio de nombre de un aeropuerto y de policías. 

No han olvidado invitar a comer a los grandes representantes de los sindicatos mayoritarios. Ellos saben estar siempre que se les necesita. Sentido de Estado, lo llaman. 

En la cafetería de un improvisado tanatorio entierran a un muerto, pero acuerdan cómo seguir maniatando los derechos de todos los demás. No por maldad, ni tan siquiera por ideología. Solo por mantener lo que creen que les pertenece. Los niños de España son ya los segundos más pobres de Europa, pero no importa porque no son sus hijos, y porque han quemado un contenedor de basura en algún lugar.

Se levanta la sesión, dice un poderoso entre bromas. Salen del congreso y el muerto se queda dentro. Desde la ventanilla del coche oficial, el poderoso observa cómo a las puertas, centenares de ciudadanos aguardan cola para rendir su pequeño tributo, para presentar sus respetos al difunto. 

"¿Lo ves? Todo sigue en su sitio" comenta a su asesor.  

lunes, 10 de marzo de 2014

TU ESPALDA

Tu espalda.

Temblé al verla, mis dedos quisieron tocarla. Pero no te conocía de nada.

Vicálvaro. Estación de tren. Una mañana cualquiera. Subo las escaleras que conducen al andén para esperar mi tren, me siento en un banco y al levantar la cabeza encuentro tu espalda. Al aire, fresca, ardiente, sencilla, compleja y abstracta. El mapa de las constelaciones que uno busca mirando con su telescopio una madrugada de verano. Tus lunares son las estrellas; los tirantes de tu sujetador, las cuerdas para escalar hasta lo más alto; tu nuca, la cima de la montaña, que lleva del cuello a tu boca, como un viaje irremediable, como un rito de paso ancestral, como si simplemente eso, fuese la esencia de la vida.

Un hada coloreada silba una canción. De su boca sale un pentagrama. Notas simples pero llenas y un texto que le acompaña. Dice: "How I wish you were here". Siento envidia. Qué manos llenaron de tinta tu espalda para conocer de cerca su tacto, su olor, el vaivén de tu respiración.

El tren para. A él sube tu espalda, mis ojos se iluminan y el tren arranca. Lo pierdo por no seguir tu espalda. Prefiero seguir soñando.

Y sueño con algo poético. Yo, el marinero, navegando por tu cuello, queriendo ser el ancla donde amarren tus imperfecciones; anhelando ser Neptuno, azotando entre tus aguas; ansiando ser tu todo, siento tan solo nada.

Y sueño con algo cotidiano. Tú me miras, yo sonrío y hablamos de cualquier chorrada. Te invito a un café y me enseñas tu voz. Cuando suena nuestro alarma, me dirijo hacia tu boca y tú, me la regalas. Un guiño, un gesto, una despedida. Tal vez hasta mañana.

Y sueño con algo salvaje. No soy dueño de mis llamas, cabalgo por tus rincones, te meces entre mis brazos, me estremezco por momentos, te retuerces entre el sudor y el aliento, y tu pelo y mis manos, juegan a que esto nunca se acaba.

Pero mi banco tiembla. Un estruendo aterrador me devuelve con violencia a la realidad. Oigo gritos, veo humo, ha sido cerca, en la siguiente parada. Tu vagón ha explotado, ya no existes, ya no hay nada.

Hoy tu espalda sigue siendo mi musa, el tren de mis esperanzas, y al calor de la tristeza, de la injusticia y de la rabia, sueño que subo contigo, para sacarte de entre las llamas.

Para todos lo que lloraron ese día.

   

Boxing Day.
Ed. LCK15

lunes, 3 de marzo de 2014

11M. 10 AÑOS DESPUÉS



Cuando las bombas explotaron, yo aún dormía. No trabajaba aquel jueves. Mi pareja, que solía coger el tren de cercanías en Vicálvaro para desplazarse hasta el Paseo de la Castellana a esas horas, tampoco. Le habían cambiado la fecha de un examen. Lo mismo ocurrió con algunos amigos. Había huelga en la universidad y muchos no se levantaron de la cama. Detalles mínimos que permitieron a mucha gente seguir con vida.


Minutos después me despertó el teléfono. En Televisión Española decían que una bomba había explotado a quince metros de mi puerta. Me asomé y no vi nada. "Mienten" respondí. Era premonitorio. Aquello fue un error, pero luego mentirían mucho más. Una hora después, aparcaba mi coche en las calles de Santa Eugenia. Recuerdo el olor a hierro quemado, a medida que me acercaba a la casa de un familiar, junto a la mía antigua, a escasos metros de la estación. La Avenida de Santa Eugenia era una exposición de coches fúnebres y ambulancias. Después, busqué a mi amigo del que nada sabía. Estaba bien. Cogí un autobús, fui a Sol, donde las colas para donar sangre eran interminables, y luego a la calle Téllez. Fue un día angustioso, pero solo eso, porque no hubo fallecidos en mi entorno próximo. Callaré otros detalles, porque no proceden.


Han pasado 10 años, en los que de un modo u otro he tenido ocasión de repensar aquel día, de conocer testimonios de primera mano (no solo de víctimas) de acudir a clases sobre terrorismo islamista, de leer, de odiar a todos y cada uno de los que han hecho de aquel día un eslogan para obtener rentabilidad política o mediática. Detesto a los de la teoría de la conspiración porque no saben el daño que hacen. Aborrezco a los que han insinuado que había víctimas que no lo eran. La miseria moral. La mala memoria. La indolencia. 

Diez años después, tras las mentiras, tras la sorpresa de ver cómo algunos sectores de este país deseaban que los autores de los ataques fueran otros, tras contemplar las vulnerabilidades judiciales para procesar a parte de los autores, un experto en terrorismo, el profesor Fernando Reinares, cierra el círculo de la rumorología publicando un libro de portada hiriente y título doloroso. "¡Matadlos", por fin, explica con detalle, de forma exhaustiva y analítica, cómo se organizó aquel ataque. 

A pesar de que echo de menos un pequeño mapa de nombres y conexiones al que recurrir durante la lectura por la complejidad de siglas y apodos para quien no está habituado, confirma de un modo demoledor una serie de ideas que se dispersan entre el ruido de las mentiras y de los ataques malintencionados. Pondré algunos ejemplos, a los que incluyo mis propias valoraciones:
  • Que la red del 11M no conformaba una célula aislada, sino que tenía un conexión plena y constatada con la matriz de Al Qaeda; 
  • Que la decisión de atentar contra España se tomó en diciembre de 2001 en Karachi, Pakistán, por venganza a las operaciones policiales desarrolladas contra la primera célula vinculada a Al Qaeda; 
  • Que quien la toma es Amer Azizi, adjunto a Hamza Rabia, Jefe de Operaciones externas de Al Qaeda, quien había residido y huido de España, aunque se contempla la posibilidad de que regresase apenas dos meses antes para supervisar los preparativos del atentado. 
  • Que se hizo viable el ataque en febrero de 2002, cuando tras una reunión en Estambul en la que participaron miembros de los grupos GCT (Túnez), GICM (Marruecos) y GICL (Libia), se autorizó planificar atentados en suelo europeo.
  • Que Amer Azizi mandó organizar dos grupos, uno para atentar en Marruecos (atentados de Casablanca con 45 muertos en mayo de 2003) y otro en Madrid.  
  • Que hay constancia de que el día del atentado (11 de marzo) se conocía, al menos, desde el 19 de octubre de 2003, fecha en la que uno de los terroristas la utilizó al rellenar los datos administrativos para adquirir un teléfono móvil en Bruselas. 
  • Que, por tanto, el atentado no es consecuencia de la Guerra de Iraq, aunque este hecho favorece la narración de los terroristas tras la ejecución. 
  • Que, además, tampoco hubo una previsión electoral como se ha dicho, para influir en el resultado de las elecciones, porque incluso cuando se manejó la fecha, aún no habían sido convocados los comicios. 
  • Que es evidente que los atentados influyeron en el resultado electoral, y que los terroristas instrumentalizaron la retirada de tropas (anunciada en campaña) para apuntarse una victoria, en forma de cesión, que no era tal. 
  • Que ETA no aparece ni debajo de la mesa, por más que algunos, que deberían estar deseando que desapareciera para siempre, quieran hacerle promoción, bien por afán de venganza (comprensible en víctimas), bien por pérdida de negocio y/o rentabilidad electoral (que también).
  • Que se buscó un segundo 11M, en enero de 2008, que se iba a desarrollar en el metro de Barcelona mediante suicidas, y que fue abortado gracias a un topo de los servicios de inteligencia franceses (lección para patriotas paletos, por cierto). Para este segundo atentado se elegía el metro porque, al parecer, en el 11M aprendieron que los servicios médicos actuaron demasiado deprisa, salvando muchas vidas. Bajo tierra resultaría más complicado. 

Y con las aclaraciones, surgen otras mil preguntas, porque a nivel 
policial a uno le queda la sensación de que el único que hacía bien su trabajo era el gobierno sirio, que detenía a buena parte de los terroristas que pasaban por su territorio en dirección a Iraq. Sí, Siria, repito. El mismo lugar en el que nuestra prensa banaliza a los terroristas denominándolos "rebeldes". No aprendemos.

El autor habla de "desajustes judiciales" porque nuestra legislación no estaba adaptada al terrorismo internacional. Tardaron seis años y medio desde que volaron las vidas de casi 200 personas en ponerle remedio. También cuenta cómo hasta dos meses después de los atentados, no se creó el Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista que permitía, como cosa básica, que las distintas unidades policiales utilizaran, al menos, la misma base de datos. En tercer lugar, habla de la insuficiente cooperación intergubernamental a este respecto. Y esto, que de nuevo es valoración mía, resulta sangrante. Acostumbramos a ver a nuestros gobiernos ponerse de acuerdo para participar en guerras, para distribuir territorios, incluso para entregar nuestra soberanía a grandes empresas, pero para proteger la vida de los ciudadanos no estaban preparados. O no tan bien si se trataba de tipos que no estaban tan escondidos en cuevas remotas o montañas lejanas, parafraseando a uno de los responsables de todo eso. Nuestros políticos miraban a Euskadi, como siguen haciendo diez años después, mientras se preparaba una sangría en nuestras calles. Así de simple. 

Se entiende que algo ha mejorado la cosa, que nuestros expertos en inteligencia están mejor preparados ahora; que los recursos entre el terrorismo de ETA y el internacional están más compensados; que no deberían suceder cosas ridículas como que la Guardia Civil pare el coche de los terroristas que traen explosivos a Madrid, estos le paguen la multa en el acto y sigan camino, por poner uno solo de los errores fatídicos que acontecieron en las fechas previas; que no debe de ser tan fácil que terroristas renombrados entren y salgan de España como les dé la gana porque, en este sentido, también tenemos responsabilidad previa en el 11S; que seguramente la policía hizo cuanto supo y pudo y que son otros, que no han pagado responsabilidad alguna, los que tenían que haber estado a la altura en vez de poniendo los pies encima de cualquier mesa. Tienen una responsabilidad, repito. Tienen que rendir cuentas de no haber puesto los medios para prevenir ese horror, que también afectó a la propia policía*. Porque hoy conocemos que mientras no sabíamos por dónde nos andábamos, apunto estuvo de volar un tren de alta velocidad solo unos cuantos días después. O que mientras nuestra prensa nacional se dedica a criticar a los franceses por cuestiones deportivas, fueron sus servicios de inteligencia los que nos avisaron de que el metro de Barcelona saltaría por los aires. 


Por ejemplo ¿Sería mucho pedir que un país "soberano" como España estimase oportuno decirle a los Estados Unidos que no practique asesinatos extrajudiciales de ideólogos y autores materiales del 11M, para que este estado democrático pueda juzgarlos tal y como dice la Ley? Hoy sabemos que Amer Azizi fue asesinado junto a Hamza Rabia en FATA en diciembre de 2005. Son muchas las preguntas a las que debía haber respondido antes de irse a su paraíso. Algunos dirán que mejor está muerto. Tal vez. No lo sé. Lo que sí sé es que los muertos del 11M y sus familiares no merecen que su gobierno, el que sea, no trate de garantizar que todos y cada uno de los involucrados se sienten frente a un tribunal legítimo. Eso es, sorprendentemente, la democracia.



*Una de las víctimas de aquella secuencia fue un miembro de los Grupos de Operaciones Especiales, que murió como consecuencia de la explosión provocada por los suicidas del piso de Leganés.